Tregua en Navidad

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Tregua de Navidad

25 de diciembre de 1914

 Ypres, Bélgica

 

La nieve cae llenando los campos de Bélgica, el escarlata se vislumbra con claridad, no sé si es de ellos o nuestra, pero en la muerte eso no tiene relevancia.

Somos dos bandos luchando por sobrevivir y llevar el triunfo, no importa el frío, el dolor, la podredumbre, el vacío que sientas en el pecho ni el continuo miedo a que una bala te alcance.

En estas fechas la tristeza es generalizada, el anhelo de que todo acabe, de poder ir a casa, disfrutar con nuestras familias, ver a los niños corretear frente al árbol navideño, estar secos, saciados y no temer más.

Hacía unas horas no se sentía ningún disparo de las trincheras alemanas y todos estábamos esperando el eminente ataque, que sorpresa nos llevamos al verlos colocar árboles con velas, entontando el celebre villancico Noche de paz y algunos gritando con un fuerte acento “tregua”. La guerra nos enseñó a desconfiar hasta de nuestra sombra, por lo cual las ordenes fueron permanecer alerta.

Las horas pasaron y la noche se cernía sobre nuestras cabezas, se escuchaban cantos, celebraciones, un calor a hogar que todos queríamos. En medio de la desolación en la que estábamos, escuche nuevamente gritos que decían “Tú no disparar, nosotros no disparar” y tres soldados alemanes caminar hacía nuestras trincheras, no lo dude, tome los cigarrillos que tenía, los puse en una gorra y salí con las manos en alto.

Nunca estuve tan feliz y tan emocionado como cuando estreché las manos con Edwin, ver la cara del que se suponía era mi enemigo, sin embargo, aquí estábamos compartiendo un cigarrillo y un poco de licor, que pasaba de mano en mano.

El teniente alemán Zehmisch y el nuestro Williams, llegaron al acuerdo de una tregua de 48hrs. El entusiasmo al saberse la noticia, lleno el lugar de júbilo, intercambios de regalos y saludos, de pronto la fría noche ya no lo parecía más.

Por la mañana de Navidad, decidimos enterrar los cuerpos de los caídos, codo a codo sin importar bando, las lagrimas caían y ambos ofrecíamos respeto a los otros. Un capellán escoces precedió la ceremonia, de forma bilingüe, todos entonamos un fragmento del Salmo 23 y guardamos silencio.

Al caer la tarde, un alemán apareció con una pelota de fútbol, de pronto todos nos encontrábamos jugando, el piso era bastante irregular y la nieve no facilitaba las cosas, debo admitir que caí un par de veces, pero el hecho de estar haciendo algo tan cotidiano, me hacía sentir más próximo a casa. No importo que ganaran 3-2.

Ya no le encontraba el sentido a la guerra, no después de ver el rostro del enemigo tan de cerca, pero las consecuencias serían demasiado negativas sino cumplíamos las órdenes.

Se resolvió que haríamos lo mismo para Año Nuevo, ya que los alemanes querían ver las fotos que tomamos, aunque todos en el fondo, sabíamos que la realidad es que queríamos paz, volver a nuestros hogares y olvidar los horrores de la guerra. No pude evitar pensar si estaré vivo para ese día, por lo pronto siento que viví un milagro de Navidad.

Dedicado a la memoria,

de los soldados que participaron

en este hecho sin predecentes.



PriscilaMartínez2014

Editado: 14.12.2018

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