Tres Días de Verano

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ANNA

No sentí el verano, había algo frío y distante en la forma en que caían las gotas, en el color oscuro de mi abrigo y en la solides del teléfono en mi bolsillo. Los años evidentemente habían pasado. Recuerdo la imagen que el espejo me regreso aquella mañana; mi cabello estaba más oscuro, ya no tenía el azul que tanto me esforzaba en mantener, había tinta en mi piel y un tono más brillante de labial.

El teléfono vibro y mis dedos se aferraron al rectángulo frío. La ansiedad subió por mi garganta; sí, era un mensaje, pero no el mensaje de la persona que esperaba. Decía algo sobre tener que terminar un diseño importante pero no alcance a responder, otro mensaje había entrado y ahora si era de la persona que esperaba.

No decía mucho solo dos palabras, “estoy cerca”, dos palabras que solo había escuchado otras tres veces. No era muy común tenerla cerca.

Levante el rostro. La cortina de lluvia impedía que viera bien a través del cristal empañado, pero las sombras de los autos que pasaban por la avenida aún eran apreciables. Y el brillante amarillo de un taxi de aeropuerto fue inconfundible. Tan inconfundible como la mujer que bajo de él.

No fui a ayudarla con su maleta, estaba en una especie de shock, no era fácil ver a un amor cuidado, apreciado y luego perdido después de tres años.

Ella corrió con su pequeña maleta hacia donde estaba y me apresure a abrir las puertas del edifico para que pasara. Primero me llego su olor, dulce y húmedo, y luego tuve que respirar más profundo para llenarme de ella. Para llenarme de valor y mirar su rostro.

_Parece que el cielo se va a caer_ dijo.

Su voz tampoco había cambiado, fina, femenina como las cuerdas bien afinadas de una guitarra.

_Creo que es temporada de lluvia_ dije mientras la guiaba hacia el ascensor y ya no pude mantener la mirada en la alfombra a cuadros de la recepción.

Aún tenía ese mentón fuerte y afilado, los labios finos y los hoyuelos ligeramente marcándose con cualquier expresión, sus ojos seguían siendo de ese gris pálido y extrañamente cálido, pero había una cautela en su forma de mirar que no recordaba que había tenido.

Su cabello oscuro estaba empapado, igual que su ropa, sabía que necesitaba un baño y algo caliente para beber. La temporada de lluvia de la ciudad solían ser crudos para aquellos que no estaban acostumbrados a la humedad fría. No había visto a la mujer que tenía al lado en tres años, y el revoltijo de mi estomago me impidió abrazarla. Había repasado este momento tantas veces en mi mente y jamás lo imagine así de simple y distante.

_ ¿Qué tal el viaje?_ le pregunte; el silencio se había vuelto extraño, era la primera vez que sentía algo extraño cerca de ella.

_ ¡Largo! Por un momento pensé que no llegaría.

_ ¡Bueno! Ya estás aquí_ dije en el tono más animado posible, pero lo escuche muy forzado.

Ella me miro de reojo, como solía hacerlo cuando trataba de buscar algo; algo que no quería decirle. Lo único capaz de salvarme fue el ascensor llegando a mi apartamento. Aún no era el momento para decirle las cosas que debo, aún no podía decirle que mis nervios eran completamente suyos y que me había enamorado, tenía que estar cómoda primero.

Aunque mejor dicho no quería decirle aún.

_Si quieres date un baño mientras preparo la cena.

Ella simplemente se recargo en la barra de la cocina, su chaqueta y cabellos goteaban y tenía lodo en la suela de sus zapatos; había tratado de limpiar lo más que podía esa mañana. Le sonreí, siempre había sido un placer tenerla frente a mí, sin importar nada.

Miro hacia la cocina y sonrió, era extraña la forma en la que me conocía.

_ ¿Crees que con el diluvio de afuera habrá entrega a domicilio?_ inquirió, ella sabía que la cocina jamás había sido mi fuerte.

_La pizza llego antes de que comenzara la lluvia._ dije y sentí los labios subir en una sonrisa fácil _Te ensañare tu cuarto.

No tome su maleta, ella no me dejo, siempre tan independiente. El cuarto de invitados estaba al final del corredor justo frente a mi cuarto.

Abrí la puerta y ella dejo caer la maleta sobre la cama.

_ ¿Piensas mantenerme alimentada a base de pizza por estos tres días?_ bufo.

_Estoy segura que te gustaría la idea.

_Me gusta más la compañía.        

Y así de simple podía dejarme con las palabras atoradas en mi garganta. Tosí. Tenía que decir algo con un mínimo de coherencia.

_Voy a calentar la pizza…_ y simplemente salí. Ella debía de intuir que la puerta dentro de su habitación era un baño.

Me apresure a limpiar el piso, sabía que no le gustaría verlo con manchas de sus pisadas y seguramente intentaría limpiarlo ella. Luego entre a la cocina y recordé que aún tenía la chaqueta sobre mi ropa, corrí a mi cuarto y la lance sobre la cama, debajo tenía la ropa que había escogido durante toda la mañana, suficientemente cómoda para estar en mi hogar sin sentirme asfixiada y lo suficientemente decente para estar en la calle con ella.



Lexiz Vene

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En el texto hay: lgbt, amor, lesbiana

Editado: 12.03.2019

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