tribunas di sang

Tamaño de fuente: - +

capitulo 17

 

Ofiucthus.

Ahora.
 

Me encuentro tirada en la cama con los ojos cerrados y un brazo tapándome los ojos para que ningún rayo de luz se pueda filtrar a través de mis párpados. Aproveche de que cada uno de los Zodiac se fue por su lado para poder ir a cazar y por suerte encontré un alma bastante cerca de aquí.

Sé que están todos en el edificio, los escuche llegar en grupos por lo que deduzco se juntaron en el camino.

-¿qué te pasa?- oh. Amanda de nuevo.

-no lo sé- mi cabeza no ha parado de trabajar desde que llegué y la verdad es que ya ni sé sobre qué es lo que está trabajando.

-estas demasiado pensativa hoy- en eso tiene razón- ¿es por lo que Cuario dijo en el Coliseo?-

-tal vez y quiera comprender el por qué lo hizo y dijo todo eso-

-algo más te preocupa ¿o me equivoco?- ¿algo más me preocupa?- ¿es por las guerras en puerta?-

-no conozco el reino marino y el Olimpo no lo recuerdo... no sé cómo atacar- y si no ser como atacar, no tendré una estrategia lista, por ende, lo más seguro que perdamos.

- ¿por qué no revisas sus recuerdos?- buena idea- digo, Cuario debe recordar el reino marino y por parte del reino de los cielos cada uno debe de recordar algo, por muy mínimo que sea-

- bueno, bueno, ahora cállate que harás que me duela mi cabeza- justo cuando termino la frase tocan la puerta.

- pa...- no termino de hablar cuando la puertas se abren y la persona que estaba detrás de ella entra como perro por su casa- adelante Caner, no hay problema, hola Ofiuco, hola Caner- digo fingiendo un saludo e imitando su voz.

- ¡YA!- como me encanta exasperar a la gente- ya entendí... pesada- masculla.

-qué bueno- le respondo sarcástica.

-necesitamos hablar- ¡huy! Eso no sonó bien.

-eso me suena a pelea- le digo entre carcajada, pero su cara me dice que va muy enserio- ¿qué sucede soldado?-

-sé que prometí que no iba a presionarte- agarra una silla de la mesa que ilógicamente se encuentra aquí y la acerca a mí para luego sentarse de tal manera que tuviera las piernas alrededor del respaldo- pero necesito que por favor me cuentes que mierda te hicieron en el inframundo- oh... eso no me lo esperaba- por favor que me digan, por favor que me diga-

- ¿para qué quieres saber?- digo con mucha cautela, aun no sé si es el momento de contar mi pasado.

-porque ya es el momento de que por lo menos uno de nosotros sepa- sé que en algún momento se lo tengo que contar, mis miedos e inseguridades se apoderan de mí, pero también sé que para librarme un poco del peso que tengo es mejor hablarlo. Mierda. Esto sí que me está matando de apoco. No sé qué hacer.

-hazlo, no pierdes nada-

-¿tú crees, Morte?–Morte me conoce mejor que muchas personas en esta dimensión, si él lo dice, puede que no sea tan malo como parece.

-sí niña, hazlo- entonces creo que es el momento de contar mis demonios.

-acomódate que esto si va para largo- tomo una bocanada de aire, es la primera vez que le cuento a alguien parte de mi historia, pero llego el momento, aunque sea muy por encima. Porque la verdad es que nadie en verdad podrá entender en verdad el dolor que sentí en aquellos momentos, mi dolor y agonía- mi verdadera edad es 3317 años terrenales y la verdad no me acuerdo de cuantos infernales ya que estos funcionan de manera muy distinta a la del mundo humano, cada mes cuenta como dos años... así que pronto perdí la cuenta, llegue con ustedes hace exactamente un año, por lo que tenía 3316.

Nací en el Olimpo, como cualquiera de ustedes a excepción de Corpion que él nació de la unión de un hombre y una mujer mortales, no recuerdo mucho de ese momento ya que como toda lactante me la pase durmiendo o llorando. Sin embargo recuerdo muy bien a un hombre de unos 35 a 40 años y que cuando estaba en sus brazos me tranquilizaba. El último recuerdo que tengo en ese lugar fue que me quede dormida en los brazos de aquel hombre.

Cuando desperté estaba atada, intuyo que Hades me dio algo mientras dormía que me hace recordar todo lo que paso en ella, cada maldito y horrendo segundo de lo que he vivido. Lo primero que veo al despertar fue a él, me saludo, dio una pequeña vuelta alrededor de mi cuerpo y lo siguiente que siento como escuece mi piel, ocho latigazos que hasta hoy en día están en mi espalda, tres a cada lada y dos para arriba, con la excusa de que debí haber sido un hombre y no una mujer. Luego de eso caí inconsciente.

Nuevamente desperté, pero esta vez encerrada en algo que en aquel momento no fui capaz de reconocer. Un ataúd de hielo y el único capaz de descongelarlo en este universo entero era él, el Dios del Inframundo, Hades. Lo peor de todo, era que si alguien lo tocaba podía morir carbonizado ya que este internamente tenía una temperatura exterior de mínimo era de 2500°C, a Hades siempre le gusto ese juego de temperaturas solo para poder mantener mis defensas baja ya que según él eso era para hacerme fuerte, para hacerme un ser el ser más invencible de este universo. Gracias a eso tengo la apariencia de hoy en día, no soy ni la mitad de lo que alguna vez fui.



Hanna

#1503 en Ciencia ficción
#5742 en Fantasía
#2529 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: peleas, dioses griegos, love

Editado: 13.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar