tribunas di sang

Tamaño de fuente: - +

capitulo 44

Con ayuda de Cuario y Ofiucthus llegaron en un dos por tres a la costa, a una zona aislada de poca concurrencia humana y cuando menos se quisieron dar cuenta ya estaban en el lugar, debajo del continente Europeo. El lugar estaba tranquilo, pero al igual que la primera vez que bajaron no había nadie en los alrededores.

-esto me trae un mal recuerdo- dice entre dientes Esmeralda.

Avanzan un poco separados en los mismos grupos que se habían acordado en la biblioteca. En cuanto se da la oportunidad Ofiucthus se convierte en sombra y aparece en el peñasco en el cual había mirado todo las dos veces que bajo, quería ver que tanto podían hacer solos.

Cadenas, condenas, de nuevo esas palabras ocupaban la mente de la chica, ya nada valía, todo terminaría.

Los grupos empezaron sus respectivos ataques, descubrieron que solo uno de los generales se había quedado con la intención de pelear después de lo sucedido con las sirenas y para la risa de todos, un soplo de As y el supuesto gran guerrero se fue a volar. Nada de batalla, eso los aburrió un poco pero a la vez los lleno de fuerza a la espera de que pelearan con Poseidon con todas sus fuerzas.

Pero Ofiucthus ya se había adelantado a todos ellos, estaba frente al mismo Dios Poseidon que la miraba como si fuera la cosa más poca del universo, pero ella no le tenía ni una pisca de miedo, al contrario, sus ojos estaban inyectados de sangre, más rojos que nunca, pero sin llegar a matar a nadie como creía que pasaría, eso la tranquilizo de gran manera, podía pelear tranquila.

-espero que te hayas venido a rendir- dijo Poseidon una vez vio que no se movía.

-Tanatos le dijo eso mismo a Morte y termino muerto- pronuncio en voz baja, pero sabía perfectamente que él si la había alcanzado a escuchar.

-no conozco ni a ese tal Tanatos ni a ese tal Morte- le dijo ya perdiendo su escasa paciencia que por suerte Acuario no había heredado.

-dime algo Poseidon- dijo la Diosa del Inframundo ignorando el comentario del Dios de los mares- la primera vez que nos vimos en Roma, ¿en serio intentabas disculparte?-

-quiero tu territorio y todo lo que pueda tener, en especial si podía echárselo en cara a mi hermano Zeus. Si podía obtener tus dominios por las buenas, nada de esto estaría pasando- ella empezó a asentir cuando unos pasos, mejor dichos unos buenos par de pasos se hicieron escuchar, eran los Z.

Cada uno se pone a su lado para poder ver al Dios que tenía en frente, este ser ni se inmuta ante la presencia de los hijos de los Dioses, sentado en su trono con las piernas cruzadas y su mentón apoyado en su puño izquierdo decía que ni le molestaba su presencia. Ofiucthus se acerca a él y hace aparecer la Horca con sus puntas representante del cuarto mundo.

-¿me estas intentando amenazar?-dice con una calma que parece sacada de película, en la cual justo el antagonista esta calmado para detonar un ataque certero, letal.

-noup- aclara- de hecho pensaba hacer un acuerdo de paz- y la risa del Dios se deja escuchar ante la cara de asombro de los Zodiac.

-¿quieres un acuerdo de paz cuando has venido a irrumpir con este grupo de zopencos a mis dominios?-y vuelve a asentir.

-aja- sigue asintiendo.

-es lo más gracioso que he escuchado en toda mi vida-

-qué bueno- las gélidas palabras que soltaba la Diosa tenían más preocupados a los Z que el supuesto acuerdo de paz que venían a firmar. Se miran entre ellos en busca de alguna posible respuesta ante la incoherencia que parecía decir la chica, pero la verdad era otra, ella se sentía más cuerda que nunca. Inhumana, pero cuerda.

-veo que el vivir tanto tiempo con ellos hizo que se te atrofiará el cerebro- señalando a los Z, que con sus armas empuñadas, lo degollaban con la mirada.

-puede ser- vuelve a decir de manera gélida- o la mejor me hizo mirar las cosas de otra manera- la Domadora que hasta entonces había mantenido la mirada fija en su mano, específicamente en el arma que estaba empuñando, su Horca, levanto la mirada para que sus ojos rojos como la sangre que aún circulaba por sus venas se topara con el azul marino de Poseidon.

-me sorprende que no me hayas entregado la dichosa Horca de una vez y así terminamos con esta mierda de una vez por todas- dice con desinterés el Dios, pero con lo que salta la chica con la cual ha mantenido la conversación hace que su interés se ponga en las palabras a decir.

-no puedes tomarla, ¿para qué la quieres si no puedes?-

-¿cómo que no puedo? Soy un Dios niñata insolente- empieza a alzar la voz y con ello el sonido del exterior se hace presente, el sonido de un mar enfurecido sinónimo de lo que en este momento el Dios estaba sintiendo, los pilares que mantienen el templo de Poseidon parecen agrietarse por los sonido que producen, la imagen detrás de él parece temblar, era como un terremoto submarino, que solo ellos no sentían ya que los Zodiac estaban moviéndose igual que gelatina. En los rincones oscuros que tenía el lugar se veían aún más siniestros por dichos movimientos.

-sí, es verdad- la voz gélida e imperturbable que no había cambiado desde que llegaron, de a poco se iba volviendo una realidad para todos los presentes, menos para tres, Leo, Caner y Bra no se creían el cuento de que a mí nada me pasa y soy una perra de Diosa. Habían vivido con ella, a la manera de cada uno, sus avances, razón por la cual menos le creían- pero, ¿por qué jamás has podido tomar el báculo de Atenea o el rayo de Zeus si tan Dios eres?-



Hanna

#1490 en Ciencia ficción
#5642 en Fantasía
#2484 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: peleas, dioses griegos, love

Editado: 13.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar