Tú Me Hiciste Creer -Saga Amor o Atracción Libro 3

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CAPÍTULO 32

Laura.

Los días seguían pasando y las cosas en mi vida marchaban bien o eso creía.

El timbre de la casa sonó y luego vi aparecer a Philips.

Yo estaba sentada en un sofá y me dediqué a observarlo durante algunos segundos.

— ¿Por qué me miras así? 

Me levanté y lo empujé hacia el sofá que previamente ocupaba.

— Tuve una discusión con Raphael y fue por tu culpa.

— ¿Por mi culpa?

— Más te vale que empieces a explicarme qué fue lo que sucedió entre Jesse y tú ¿Sabes que James se fue a vivir a Inglaterra?

— Lo sé y esa fue su decisión.

— ¡Rayos Philips! Raphael dice que tú y Jesse traicionaron a James.

— ¿Y tú lo crees así?

— Sé que ellos se aman, pero no entiendo.

— Jesse lo ama, pero ahora creo que el amor que él profesaba no era tan fuerte.

— No entiendo.

— No soy yo quien debe decirte, quizá más adelante ella te explique.

 Se levantó y me abrazó.

— ¿Cómo has estado Laura? 

Supe que él no me diría nada más y por tal motivo no seguí insistiendo.

— Hace un mes no te veía.

— Merecía unas vacaciones.

— ¿Qué piensas hacer ahora?

— Aún no lo he pensado, pero no hablemos de mí, mejor dime cómo te va en tu trabajo.

— Bien, mi jefe es muy bueno.

— Vamos a comer algo y hablemos sobre lo que has vivido en el último mes.

Fuimos a comer pizza y lo puse al día sobre los últimos sucesos en mi vida, realmente había echado de menos a mi amigo.

— ¿Qué pasó con tus conquista? —pregunté.

— Tengo su número.

— Eres un caso perdido.

— Oye, yo aún tengo salvación.

Seguimos hablando y después él me acompañó a mi casa.

— Iré a ver a mis abuelos y quizá me quede algunos días con ellos.

— Me da gusto por ti, sé que estás intentando acercarte a tu familia.

— Cuando regrese te diré qué tan cercanos nos hemos vuelto.

— Eso espero.

Me despedí de mi amigo y entré a mi casa. Mi día de descanso no había sido tan malo como creía.

Al día siguiente me dirigí a mi lugar de trabajo y una vez más vi a Lady Gaspar y estaba en compañía de mi jefe, obviamente ellos no me vieron.

Fui a la cafetería porque había olvidado desayunar pues aún tenía algunos minutos libres.

Al entrar, pedí un batido y salí de allí.

De camino al ascensor tropecé con el hijo de mi jefe.

— Lo siento —me excusé cuando vi mi batido sobre su camisa.

— No te preocupes, no fue tu culpa.

— Tienes razón, no soy culpable.

El levantó una de sus cejas.

— Sus palabras, no las mías —dije y él sonrió.

— Te estaba esperando, ven conmigo.

Lo seguí hasta la oficina de su padre.

— Toma asiento.

Obedecí y lo vi perderse tras una puerta que era una especie de suboficina.

¿De qué quería hablarme?

Los nervios y la ansiedad pronto se hicieron presentes y aumentaron cuando lo vi salir y posteriormente sentarse frente a mí.

— ¿Tiene que ver con mi trabajo?, ¿Me despedirán?

— Sí tiene que ver con tu trabajo y no, nadie va a despedirte.

— Entonces…

— Mi padre planea abrir una sucursal de la compañía en Barranquilla, ya se empezó la construcción de las instalaciones y si todo sale bien, en octubre o quizá en noviembre, se haría la inauguración.

— Me hace feliz que la empresa se extienda, de verdad, pero me gustaría saber qué tiene que ver eso conmigo.

— Pues sé que tan solo estás comenzando aquí, pero tanto mi padre como yo hemos coincidido en que tienes mucho potencial y nos gustaría que tú seas la encargada del área de programación.

— ¿Es de verdad?

— Sí.

— ¿Por qué yo?, ¿Por qué me lo dice ahora?

— Ya te dije, tienes potencial y te informo desde ahora porque sé que tienes un motivo para aceptar y dos motivos para rechazar esa propuesta; tienes varios meses para pensarlo.

Sabía que él se refería a Raphael cuando mencionó el motivo por el que aceptaría y también sabía que se refería a mis padres cuando mencionó esos dos motivos que me llevarían a rechazar la propuesta. Pero yo estaba convencida de que mis padres me apoyarían si decidía aceptar.

— De acuerdo, lo pensaré.

— Muy bien, ahora puedes irte y empezar con tu trabajo.

Mi día laboral siguió su curso y al finalizar, regresé a casa.

Guardé mi automóvil y entré.

— Buenas noches hija —saludó mi padre.

— Hola papá, hola mamá —saludé y le di un beso en la mejilla, primero a él y luego a ella.

— ¿Qué tal tu día? —preguntó mamá.

— Se puede decir que me fue bien, ¿Ya cenaron? 

— Te estábamos esperando —habló alguien más.

Giré y pude ver a Raphael, pero mi vista volvió hacia mis padres.

— ¿Estoy soñando? —pregunté.

— No —dijeron mis padres.

— No —habló él y sentí sus brazos alrededor de mi cintura.

Definitivamente no, no estaba soñando y la calidez de sus brazos me lo confirmó así que me liberé de sus brazos, pero solo para capturar sus labios.

— Jóvenes, estamos aquí —habló papá.

— Creo que ahora sí podemos cenar en familia.

Raphael.

Decidí hacer un viaje fugaz a Medellín porque necesitaba verla, había pasado una semana sin hablar o enviar un mensaje de texto.

Llegué por la tarde y encontré a mis suegros quienes seguramente habían regresado temprano del trabajo.



Hellen

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En el texto hay: romace, celos, miedoalamor

Editado: 07.10.2019

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