Tú me robaste el corazón

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Parte 1

Transcurría el mes de enero cuando Morena y Ainara emprendieron su vuelta. Su estadía en Ushuaia definitivamente seria inolvidable y no solo por las repentinas decisiones de Saiana, otra de las integrantes de ese grupo, sino que también por el descubrimiento de Morena. La pelirroja se volvía con la ilusión de su vida dentro del bolsillo; un romance que prometía.

Las chicas abordaron un taxi, en la puerta del aeropuerto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con destino a sus departamentos los cuales estaban en el mismo edificio; eran tan unidas que no soportarían vivir más lejos que a una puerta de distancia.

Más tarde, Morena se encontraba despatarrada en el sofá de su living mensajeándose con él. Con ese hombre que, si bien era mayor que ella, había logrado cautivarla despertando su más desesperante curiosidad. La pelirroja no podía dejar de pensar en su madurito, así lo había apodado después de descubrir su edad. Ulises la tenía agonizando y ella no estaba dispuesta, por primera vez en su vida, a dejarlo escapar. Quería a ese hombre para ella y ni siquiera se había parado a analizar si eso tendría consecuencias.

**

Varios días después, Morena se encontraba parada en la vereda del frente de las oficinas del hombre que imaginaba para su futuro. Reunió todo el valor que necesitaba y cruzó caminando con seguridad, desprendiendo una sensualidad incomparable. Es que ella era así, natural, simpática, extrovertida y muy sexy; por eso, sin quererlo, siempre se robaba alguna que otra mirada. Ingreso al edificio y se detuvo frente a mural, donde se encontraban detallados los datos que buscaba, sabiendo que lo que hacía no estaba bien, pero necesitaba saber el porqué de las vueltas que él le estaba dando. Quería salir de dudas ya que estas estaban destruyendo su autocontrol. Se sentía como una auténtica lunática. El flechazo le había dado de lleno. Esperó el ascensor y se subió al aparato con los nervios a flor de piel.

Al no encontrar a nadie en la recepción se aventuró y con paso firme recorrió los pasillos hasta que vislumbró al fondo de este una puerta entornada. Se acercó sonriente, ansiosa, imaginándose que él la recibiría feliz y lamentablemente lo que se encontró al detenerse frente a la madera, la dejo inmóvil. Ulises estaba discutiendo con su esposa. <<Qué tonta soy. Debería haberme imaginado que era casado>>, pensó.

Se quedó rezagada escuchando lo que decían, queriendo desencantarse, rogando que esta situación la despertara del sueño, que borrara de un plumazo todo lo que se había imaginado. Lloró en silencio mientras las sensaciones la arropaban; dolor, desolación, pérdida. Morena, por primera vez, después de muchos años se había dejado llevar, se había permitido sentir y abrir su vida hacia alguien y estas eran las consecuencias de su descuido. Quería levantarse del piso, hacerle frente a las balas pero no podía, su cuerpo estaba entumecido y su corazón a punto de convertirse en un millón de fragmentos. Siguió y siguió escuchando de fondo el intercambio, hasta que una silueta detenida frente suyo la saco de su desvarió logrando que grite a causa del susto que se llevó. Se incorporó de golpe y caminó de forma vertiginosa sin prestar atención al llamado de Ulises, quien, a raíz del lamento escuchado, salió de sopetón llevándose una sorpresa que lo dejó agitado. Corrió hacia ella sin pensarlo, necesitaba alcanzarla, rogarle que lo escuchara y cuando estuvo frente a la puerta del ascensor escucho con el pecho oprimido como le gritaba, desencajada, que era una basura, un mal nacido, un vil mentiroso.



Yamila Bianqueri

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En el texto hay: romance, lagrimas, reencuentro

Editado: 14.05.2018

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