Tú, mi salvación

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Capítulo 11

 

Miro con atención a Bryan, aún sin poder creer todo lo que me comenta. Es tan difícil pensar que, después de estar en paz, la intranquilidad regresa a mi vida.

—¿Segura que estás bien? —interroga Bryan desde su posición.

Para ser sincera, no sé qué responderle.

—Sí Bryan solo… solo necesito estar a solas, por favor.

Camina hacia mí y se sienta a mi lado en la cama. Suspira y me toma de la mano.

—Todo puede ser un malentendido Caro, sigo creyendo que Alex es inocente. —Niega débilmente—, me duele pensar que me has hecho preguntarle a esas personas sin garantías que digan la verdad.

—Lo siento, de verdad —susurro.

—No es por ti, es porque no se sabe si es cierto lo que he investigado. Temo que tomes una mala decisión. ¿Segura que estás bien?

—Sí, tranquilo, estoy bien. Solo que ha sido un día difícil para mí y necesito descansar. Muchas gracias por todo Bryan. Prometo que pensaré bien lo que voy a decidir.

Una vez que sale, me quedo mirando a la nada por tiempo ilimitado. Alina llama mi atención para que la suba a la cama y ese gesto hace que sonría al verla. Es como si supiera que necesito de su compañía para que me reconforte y me alivie. La tomo y la abrazo con fuerza, como respuesta se emociona y empieza a lamer mi nariz y boca. Después de un buen tiempo, me permito llorar, pero me sorprendo al darme cuenta que no lloro como lo imaginaba, al parecer en cierta medida ya lo esperaba.

Ninguna mujer, mejor dicho ninguna persona, debería pasar por una dolorosa traición. Esperaba que al menos con Alex fuera diferente, él me hacía creer que así iba a suceder, pero lamentablemente no todo es color de rosa.

Suspiro. Aunque me duela, me obligo a dormir, ha sido un día tan difícil que necesito descansar.

 

Al despertar, inicio con mis actividades normales, pero mi ánimo no es el de siempre. Mi papá ha decidido madrugar para ir a trabajar como siempre lo hace cuando hemos discutido. Mi intención es ir a la empresa donde trabaja Alex, es hora de tomar al toro por los cuernos, aunque la única que tiene cuernos aquí soy yo.

Cuando me bajo del taxi, repaso la fachada del edificio en donde está la empresa, es sencillo pero es suficiente para que en dos pisos hagan todas las actividades requeridas para las publicidades.

Al llegar, me encuentro con una amable recepcionista que confirma que Alex está en el trabajo y me da indicaciones de cómo llegar a la oficina de los de diseño sin perderme. Nunca he tenido la necesidad de venir, por eso no conozco el ambiente donde él trabaja y eso hace que me sienta un poco incómoda y culpable, se supone que debo de estar al tanto de todo.

—Es la oficina de la izquierda una vez que sube —hace una pausa y mira hacia atrás—, pero no se va a perder, allí viene Bianca que trabaja con Alex, ella la puede acompañar.

Apenas escucho ese nombre giro mi rostro para ver a Bianca y me encuentro con una mujer alta, de cabello castaño y un cuerpo espectacular. Lo único que le falta es la pasarela y los fotógrafos para que completen el cuadro de modelo de Victoria Secret, ni siquiera el que lleve dos recipientes de café en sus manos le quita el aire de sensualidad. Ahora comprendo que cualquier hombre se sentiría atraído hacia ella aunque en ningún momento tenga intención de traicionar a su novia.

—Bianca acompaña por favor a la señorita que va a la oficina de Alex —habla la recepcionista llamando la atención de ella. Como respuesta, la mujer sonríe y muestra sus perfectos dientes; acto seguido, me dedica una mirada de arriba abajo haciéndome sentir inferior aunque llevo mi mejor vestido.

Bianca asiente con la cabeza mientras da la vuelta hacia el ascensor contoneando sus caderas, no me queda otra opción que seguirla y estar junto a ella en ese pequeño espacio.

—¿Alex sabe de su visita? —pregunta como si le molestara mi presencia—. Porque estamos ocupados con un proyecto, no es bueno que nadie nos interrumpa.

“Estamos ocupados”, esa frase me irrita. Si asesinar no fuera un delito, ya estaría efectuando el acto. No le importó meterse con mi hombre sino que ahora intenta alejarme, aunque es muy poco probable que sepa quién soy.

—No, pero de seguro tendrá tiempo para mí —respondo y enseguida se nota su malestar. Salimos del ascensor al mismo tiempo.

—Aquí es —habla cuando abre la puerta. Cuando mi mirada se posa en el interior, veo que está sentado frente al computador, muy concentrado—. Alex —llama su atención, pero él no la mira—, aquí hay café.



Gisselle Mendoza

Editado: 27.02.2019

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