Tú, mi salvación

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Capítulo 27

Regreso al hotel en compañía de Alex. Aparentamos normalidad, pero lo cierto es que yo estoy decepcionada. Me molesta cuando él es demasiado correcto y quiere hacer lo que se debe hacer, en este caso me hubiera gustado que fuera diferente. Me moría por volver a estar en sus brazos, por volver a hacer el amor aunque fuese por última vez. En los mayores de los casos, habría quedado como un secreto, nadie se enteraría. Al fin de cuentas, no le haríamos ningún daño a nadie, mi situación con Samuel ya es insostenible y en cualquier momento me quedaría otra vez sola. Mi enojo es casi perceptible al recordar que, cuando estuvo con esa mujer, no le importó que estuviéramos juntos.

¿A quién engaño? Sea lo que sea, me estaría convirtiendo en lo que odié cuando me enteré de lo que él hizo con Bianca, es preferible que hayamos parado. Al final de cuentas, lo único bueno es que el viaje me ha traído de vuelta a Alex. Percibo que, a pesar que no podamos volver a estar juntos, al menos hemos logrado unir un poco la brecha que nos separaba.

 

Ahora que estamos frente al hotel, nos miramos por varios minutos como si ninguno de los dos tuviera la intención de despedirse. Es más, me gustaría quedarme aquí.

—Espero que esta no sea la última vez que te vea por aquí —demanda, tomando mi mano con fuerza—. Deberías de aprovechar todas las ofertas de viaje, mi casa está a tu disposición para que ahorres en el hotel.

—¡Qué considerado! —planteo de forma burlona a su ofrecimiento.

—Por supuesto, quiero que ahorres dinero y disfrutes de mi compañía —concluye con galantería.

—Tendré en cuenta tu ofrecimiento.

—Además, cuando vuelvas —propone acercando mi cuerpo al suyo, hasta abarcar con su brazo mi cintura—, quiero ver a la sonriente Carolina. Esa que ilumina mi mundo con su mirada, la que me hizo darme cuenta que existe el amor verdadero —roza mi labio con su dedo—. También espero que en tu próximo retorno no tengas a nadie que te ate o nos impida dar rienda suelta a nuestra pasión y a la posibilidad de volver a estar juntos, Caro.

Parpadeo varias veces para intentar comprender todo lo que me acaba de decir. Aun con todas las ganas que tengo de abrazarlo porque escasos centímetros nos separan, me controlo. No puedo permitir volverme a ilusionar tan deprisa, nuestra separación se debió a algo grave que aún no he superado y no quiero tener otra recaída.

—Veamos lo que pasa con el tiempo —propongo.

—Caro, no debes dejar que avance una relación si te está haciendo daño —insiste—. Al final, lograrás acostumbrarte y será más difícil poner fin.

—Tienes razón —admito.

Se acerca y me da un leve beso en la boca. Cuando pienso que se va a detener, reanuda el movimiento de sus labios incitándome a acompañarlo. Dejamos que nuestros cuerpos y bocas se acaricien para que tengan un buen recuerdo hasta nuestro próximo reencuentro.

—Regresa cuando quieras —susurra en mis labios.

Cuando nuestras bocas se han complacido, nos despedimos con la esperanza de volver a encontrarnos.

 

Apenas el avión aterriza, enciendo el móvil para llamar a papá. Para mi sorpresa, me comunica que ya está esperándome desde hace una hora. Al tener cobertura, las llamadas y mensajes ingresan uno a uno, la mayoría son de Samuel suplicando que lo perdone y que no va a volver a pasar lo de esa noche.

Mientras camino a la espera de mi maleta, reconozco que todos cometemos errores graves en muchas ocasiones y que necesitamos ser perdonados. Pero hay cosas como lo que ocurrió entre nosotros que no deberían ser reconsideradas, mucho menos recordadas. No sé cómo voy a reaccionar cuando lo tenga cerca. Allá fue fácil decir que pondría fin a la relación, pero al pensar en la posibilidad de verlo, el temor inunda mi cuerpo y me hace sentir pavor ante su reacción.

Decido no atormentarme más de esa manera hasta que llegue el momento de hacer lo que debo hacer; no todo es tan fácil como parece cuando se pasa por una situación de estas. Alex es un gran hombre, pero también debo recordar que me traicionó como nunca lo esperaba, causándome mucho dolor; en cambio Samuel, aunque no lo ha hecho de la misma forma, me trató de una manera nada aceptable y menos cuando me golpeó. Nunca nadie lo había hecho y no pienso dejar que vuelva a pasar.

—¡Caro! —grita papá impaciente al verme salir.

Sin esperar más tiempo, corro a su encuentro, me alegro al tenerlo aquí conmigo, aunque solo fueron dos días, lo extrañé mucho.

—Me alegro de verte, papi —susurro en su cuello cuando nos abrazamos.



Gisselle Mendoza

Editado: 27.02.2019

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