Tú, mi salvación

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Capítulo 30

Mi nerviosismo aumenta cuando localizo a Alex y veo que está riendo; el cosquilleo de mi estómago se esparce por todo mi cuerpo. Cuando me acerco más y nuestras miradas se enlazan, puedo deducir que nunca dejaré de amarlo, él será ese amor que no se olvida y que, con el paso del tiempo, los recuerdos lo harán más fuertes.

—Alex. —Su nombre es lo primero que pronuncio al llegar.

Él se acerca y rodea mi cuerpo con sus brazos en un maravilloso y entrañable abrazo. Su aroma perturba mis sentidos y su beso en la mejilla me desarma.

—Tenía muchas ganas de verte —susurra en mi oído.

—Yo igual —aseguro mientras disfruto de su presencia.

—Tendrán tiempo de acariciarse y de desahogarse en la noche, ahora no por favor.

Me separo al escuchar lo que dice Mabel y todos al unísono sueltan la risa. Termino de saludar a mis amigos justo antes de que nos interrumpan para indicar que va a empezar el programa de graduación.

Al ser ubicados por apellidos y por especialidades, nos toca separarnos a todos. Enseguida, buscamos nuestros lugares. En el momento que estoy sentada en mi sitio, busco con la mirada a Samuel sin éxito alguno. Espero que no se haya dado cuenta de mi emotivo encuentro con Alex, o mejor aún, deseo con todas mis fuerzas que haya decidido irse.

Algunas horas más tarde, y luego de todos los puntos y actividades, el evento concluye de la forma que ha sido planeado. Con prisa, me reúno con mis amigos una vez más.

—¡Al fin! —grita Mabel—. Ya no tendré que estudiar. ¡Soy libre!

—Si nunca estudiante nada —contesta Roy, provocando que la chica le muestre la lengua.

—Pues, para ser sincera, voy a extrañar la Universidad —escuchamos la voz entrecortada de Tere—, era el lugar donde nos veíamos todos los días.

—Cierto —expreso también mi sentir.

—Siempre encontraremos motivos para vernos, de eso estoy seguro. —afirma Roy.

—Pues, a mí me gustaría seguir aquí con ustedes, pero por mi trabajo no puedo —continua Alex.

—Eso es fácil. —Da una palmada Bryan en la espalda de Alex—, renuncia y regresa a casa. Papá te espera con los brazos abiertos, y Carolina también.

Al terminar el comentario, Alex me mira. No puedo evitar sonrojarme, pero nadie dice nada.

Recibimos las felicitaciones de todos los presentes, e incluso de los padres de Alex que, para mi sorpresa, me saludan muy alegres. Así que mientras nos dirigimos para ir al lugar de la fiesta, alcanzo a localizar a Samuel con facciones de enojo. Me aparto del grupo para ir a su encuentro.

—¡Felicidades mi amor! —dice feliz y contra toda expectativa.

Sorpresivamente, me abraza y me besa con intensidad hasta que una aclaración de garganta nos interrumpe. Me imagino que son los chicos y por eso Samuel ha actuado tan eufórico. Al girarme, para mi desilusión me doy cuenta de que es Alex que ha visto todo el espectáculo. Inevitablemente, me pongo nerviosa y empiezo a temblar sin poder gesticular palabra alguna.

—Mucho gusto —extiende su mano—. Soy Alex.

—Samuel —corresponde. Noto que se mantienen la mirada y la mano por más tiempo del necesario—. El novio de Carolina —termina diciendo como si marcara territorio.

—Carolina, te estamos esperando —informa mi ex tomándome de la mano.

—Ella se va conmigo —advierte Samuel.

Alex no dice nada y se retira.

—¿Por qué le dijiste eso? —pregunto enojada.

—Porque es cierto, vamos.

Mi esperanza era que Samuel solo quisiera estar en el acto de graduación, pero en la fiesta no. Con su presencia en la fiesta, me voy a sentir demasiado incómoda, ¡y peor si se comporta de esta forma! En el auto, intento pensar en algo para evitar que él asista, pero no se me ocurre nada. La idea de no ir pasa por mi mente, pero como papá y Ruth asistirán, inevitablemente tengo que ir yo también. Esta relación infructífera no me lleva a ningún lado, me siento incómoda.

—Espero que sepas comportarte en la fiesta —dice sin siquiera mirarme mientras conduce.

—¡Es mi fiesta y no me vas a tener a tu lado sentada y sometida! —exclamo enojada al escucharlo. Se supone que debo de pasar el último tiempo que queda con mis amigos, sobre todo con Alex. Maldigo el día que accedí a volver con Samuel, no ha funcionado ni funcionará nunca.

—No te permito que me hables de esa forma, Carolina —sisea irritado mientras da un golpe al volante provocando un sobresalto en mí.



Gisselle Mendoza

Editado: 27.02.2019

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