Tú ya sabes a mí [2]

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Capítulo 28

En la mañana me ocupé de salir más temprano que Florentine del apartamento. Quería ir específicamente a un lugar antes de ir a mi trabajo y ese lugar era la farmacia.

Estando en Le Champeaux, me dirigí al baño. Me encerré en un cubículo y de mi bolso saqué la prueba de embarazo, abrí la caja y seguí las instrucciones al pie de la letra, puse el cronómetro de mi celular esperando a que llegara a los cinco minutos.

Debo aceptar que fueron los cinco minutos más eternos de mi vida, en este tiempo de espera que parecía tan largo para mí, pensé en tantas cosas. ¿Qué voy a hacer si salen las malditas dos rayitas? Este bebé no estaba en mi plan, estaría arruinando mi vida por completo... ¿Qué haría si la prueba arroja un resultado positivo? No quería renunciar a la vida que a la que me adapté desde que me mudé con Florentine, tampoco quería regresar a California y decirle a Nick que la noche que pasamos juntos, por error, había traído una enorme consecuencia.

Finalmente mi celular sonó, el cronómetro ya había marcado sus cinco minutos y el corazón se me paró por un momento, tenía miedo de levantar la prueba, no quería ver... Pero tenía que hacerlo, tenía que acabar con la duda ahora.

Las dos malditas rayitas, me senté para poder mirar de nuevo, como si con eso fuera a cambiar mágicamente el resultado, ¿ahora qué voy a hacer? ¡No puede estar pasándome esto a mí! Bueno, ¿qué esperaba? Tuve sexo irresponsable en una boda con mi ex novio, no podía estar esperando algo más, ni siquiera puede ser una sorpresa, ¡maldición! ¿Qué acaso Nicholas no aprendió a terminar afuera? ¿Ni siquiera en todos esos meses de sexo desenfrenado que vivió con Jessica? ¿O con la misma Rosalie? ¡Agh! ¡Maldición! ¿Por qué tuve que hacerlo? ¿Por qué fui a Los Cabos a esa boda? Ni siquiera quería ir, si no hubiera ido esto no me estuviera pasando en este momento... ¡No!




 

—Adivina qué se encontró Gwen en el baño.

—¿Qué? —Le cuestiona Florentine a Lorraine.

—Una prueba de embarazo. Alguien aquí está embarazada.

 

No quise incluirme en la plática. Estaba cortando carne al mismo tiempo que las escuchaba hablar de ese nuevo rumor que comenzaría a correrse por la cocina entera, no quería participar en su conversación, no quería ser una sospechosa más para Lorraine.

 

—Yo digo que es la mesonera nueva. —Asegura Lorraine—. Digo, está demasiado joven y de seguro necesita el empleo por eso.

—Bueno, si dices que apenas la encontraron... Creo que ya debía haberlo sabido antes de entrar a trabajar aquí, ¿no lo crees? —Comenta Florentine—. Además, leí en una revista que esas pruebas a veces son erróneas.

 

Lorraine y Florentine dejaron el tema por la paz para dedicarse a otras cosas.

 

—¿A dónde piensas ir a comer? —Le pregunta Lorraine.

—Se me antoja algo crujiente, Elisse... —Florentine llama mi atención—. ¿A dónde iremos?

—Yo voy a aprovechar mi hora de comida para retirar dinero del banco y pagar la renta.

—¿Quieres que te acompañe? —Pregunta.

—No, tengo que ir a otros lugares. Ve con Lorraine, salimos después ¿te parece?

—Bueno.

 

En cuanto termino de preparar lo que estaba haciendo me dirigí a mi locker, me quité la filipina para guardarla en mi bolso y me solté el cabello. Me aseguro de cerrarlo bien y salgo de Le Champeaux; tenía que aceptar que me dejó pensando lo que Florentine dijo sobre la prueba y necesitaba una segunda opinión. Deseaba con todo mí ser que aquella prueba estuviera equivocada.




 

La primera vez que conocí a George me dio una tarjeta por si necesitaba ayuda médica alguna vez y por ahora, creo que necesitaba su asistencia como doctor.

Fui a la clínica en dónde George trabajaba y me registré para esperar mi turno. Tomé asiento a un lado de una señora que leía una revista de maternidad, justo en este momento parecía que el tema de los bebés me perseguía... Y yo simplemente quería evadir la maternidad, no era algo que necesitara ahora en mi vida.

No esperé por mucho tiempo, por lo menos estuve quince minutos ahí sentada hasta que escuché mi nombre y la secretaria me indicó en donde estaba su consultorio.

 

—Hola Elisse, no te esperaba.

 

George se hace a un lado para dejarme pasar. Él cerró la puerta de su consultorio y yo me senté en el lugar asignado para los pacientes, era muy diferente verlo de bata blanca y así de serio.

 

—¿Te hicieron daño las alitas?

—¡Me encantaría tener indigestión por las alitas! —George se ríe ante mi comentario y yo dejo escapar un ligero suspiro—. George, creo que estoy embarazada. Me hice una prueba casera y salió positivo, pero escuché que no son muy confiables.

 



AnnieGz

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En el texto hay: romance juvenil, secuela, romance

Editado: 19.07.2018

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