Túneles De Sangre (sds #2)

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Capitulo 21: Atrapada

Pov Becca
 


 

Cuando volví en mí, me encontré cara a cara con una calavera. No una calavera vieja... Aún había restos de carne pegados a ella, y de una de sus cuencas colgaba un ojo. 
 


 

Grité y traté de apartarme, pero no pude. Miré hacia arriba (¿hacia arriba? ¿Por qué no miraba hacia abajo?), a lo largo de mi cuerpo, y me di cuenta de que me encontraba fuertemente atado con unas cuerdas.
 


 

Tras unos segundos de aterrada perplejidad, noté que otra cuerda se
anudaba alrededor de mis tobillos, y caí en la cuenta de que estaba colgando cabeza abajo. 
 


 

—Apuesto a que el mundo se ve diferente desde ahí, ¿hmmm? —dijo
Murlough. 
 


 

Me di la vuelta (no podía mover ni un músculo, pero podía girarme) y le vi sentado a pocos pasos de la calavera, mordisqueándose una uña. Se levantó y comenzó a balancear la calavera con un pie.
 


 

—Saluda a Evra —dijo, riendo entre dientes. 
 


 

—¡No! —chillé, impulsándome hacia delante, enseñando los dientes, tratando de clavárselos en las piernas. Desgraciadamente, la cuerda no me dejaba llegar lo bastante lejos—. ¡Me prometió que no los mataría antes de Navidad! —grité, rompiendo a llorar. 
 


 

—¿Acaso no es Navidad? —preguntó Murlough con aire inocente—.¡Ups! Lo siento. Me parece que he metido un poquito la pata, ¿hmmm?
 


 

—¡Le mataré! —sentencié—. ¡Voy a...! 
 


 

Un gemido me hizo interrumpir bruscamente mis amenazas. Al girarme en su dirección, me di cuenta de que no estaba sola. Había dos personas más colgando boca abajo, a pocos pasos. 
 


 

—¿Quiénes son...? —pregunté, con la certeza de que uno sea Mr. Crepsley
—. ¿Quiénes están ahí?
 


 

—¿B-B-B-Becca? —gimió una vocecilla. 
 


 

—¿Evra? —jadeé, sin poder creerlo. 
 


 

Murlough se echó a reír y encendió una luz brillante. Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse a ella. Cuando lo hicieron, pude
distinguir las dos familiares siluetas y los rasgos de ambos. Ben no podía hablar, estaba amordazado. Parecía
hambriento, exhausto y aterrado, al igual que Evra...  pero estaban vivos. 
¡Evra y Ben estaban vivos!
 


 

—Te he engañado, ¿eh? —dijo Murlough, riendo estúpidamente,
mientras se acercaba arrastrando los pies. 
 


 

—¿Qué haces aquí, Becca? —gimió Evra. Tenía el rostro lleno de cortes y cardenales, y alcancé a ver unos huecos rosáceos en su hombro y su brazo derechos, allí donde las escamas habían sido brutalmente
arrancadas—. ¿Cómo te...? 
 


 

—¡Ya es suficiente, reptil! —bramó Murlough. Le lanzó una patada a Evra, que le hizo oscilar bruscamente en su cuerda.
 


 

—¡No haga eso! —rugí. 
 


 

—Impídemelo —rió Murlough—. Y tú, calladito —le advirtió a Ben—. Si vuelves a hablar sin mi permiso, serán tus últimas palabras ¿entendido? —Evra asintió débilmente. Había abandonado toda idea de resistencia, y ofrecía un aspecto lamentable. Pero al menos estaba vivo.
 


 

Eso era lo importante. 
 


 

Comencé a percibir más cosas de mi entorno. Nos encontrábamos en una gran caverna. Estaba demasiado oscuro para decir si era natural o artificial. Evra y yo colgábamos de una barra de acero. El suelo estaba cubierto de esqueletos. Podía oír el goteo del agua en alguna parte, y divisé una tosca cama en un rincón. 
 


 

—¿Por qué me ha traído aquí? —pregunté. 
 


 

—Culebrilla y el otro estaban solos —respondió Murlough—. Se me ocurrió que serías una estupenda compañía para ellos, ¿no te parece, hmmm?
 


 

—¿Cómo me encontró? 
 


 

—No fue difícil —dijo Murlough—. No fue difícil. Se os oía llegar a ti y al vampiro a millas de distancia. Os seguí. Murlough conoce estos túneles como la palma de su mano, sí, señor. El joven Murlough es inteligente. Ha vivido aquí abajo demasiado tiempo, y no se chupa el dedo. 
 


 

—¿Por qué no nos atacó? —pregunté—. Pensaba que quería matar a Mr. Crepsley.
 


 

—Ya lo haré —dijo Murlough—. Me estaba tomando mi tiempo, esperando el momento adecuado. Y entonces llegaste tú, como un vendaval, y me lo pusiste todo más fácil. El joven Murlough no podía rechazar semejante regalo. Atraparé al vampiro más tarde. De momento te tengo a ti. A ti, a Culebrilla y al otro. 
 


 

—Mr. Crepsley estaba solo —le provoqué—. Ni siquiera tenía una linterna. Estaba completamente a oscuras. Y sin embargo usted decidió
venir a por mí. Es un cobarde. Le da miedo enfrentarse a alguien de su
talla. No es usted mejor que...
 


 

El puño de Murlough se estrelló en mi mandíbula, y vi las estrellas. 
 


 

—Vuelve a decir eso —siseó—, y te corto una oreja. 
 


 

Clavé una mirada llena de odio en el vampanez, pero contuve mi lengua. 
 


 

—¡Murlough no le tiene miedo a nada! —dijo—. Y mucho menos a un viejo vampiro tan débil como Crepsley. ¿Qué clase de vampiro se junta con niños, hmmm? No merece la pena preocuparse por él. Lo liquidaré más tarde. Tú tienes más agallas. Tu sangre es más ardiente. —
Murlough se inclinó y me pellizcó las mejillas—. Me gusta la sangre ardiente —dijo suavemente. 
 


 

—No puede beber de mí —repuse—. Soy una semi-vampiro. Estoy fuera de sus límites. 
 



SiVeLa123

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En el texto hay: vampiros, circo, vampiros y romance

Editado: 07.07.2019

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