Twenty Shadows

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Capítulo 5. Stefan

El chico raro devoraba su hamburguesa como si no hubiese comido en siglos.

—Tienes buen gusto.—Dijo levantando el dedo pulgar.—Come, come.—Me incitó. 

—Prefiero hablar. Dime de que me conoces.

—Come. Cuando termine responderé todas tus preguntas.—Hice caso a sus exigencias y comencé a comer mi pedido.
Estaba delicioso, como siempre.

A los cinco minutos él ya había terminado, pero yo aún seguía comiendo. Me miraba fijamente haciéndome sentir incómoda. 

—Deja de hacer eso. Es incómodo.—Le dije.

—No entiendo porque. No tiene nada de malo mirar a alguien. Sobretodo si estas hablando con esa persona.

—Tú y yo no estamos hablando.

—¿Ah no? ¿Y qué se supone que estamos haciendo ahora?—Suspiré, era imposible mantener una conversación razonable con él.

—Dime de una vez desde cuándo y cómo es que me conoces.—Aparté mi hamburguesa y me crucé de brazos.

—Puedo comérmelo yo si no quieres más.—Stefan agarró rápidamente los restos de mi pedido y los hizo desaparecer al instante en su boca. Él suspiró.—Por más que coma jamás me llenaré, aunque hambre no es que pase.—Lo miré confundida, pero no dije nada.

Cuando terminó mis sobras se apoyó en la pared y se tumbó en el asiento. Luego volvió la vista a mí. 

—Hay que ver cómo has crecido. Los humanos son fascinantes sin duda alguna. Recuerdo cuando apenas podías abrir los ojos. Eras un lindo bebé. 

—¿Cómo? ¿Me conoces desde que era un bebé? No puede ser. ¿Cuantos años tienes?—Quizás fuese un niño la primera vez que me vio, tal vez era el hijo de algún amigo de la familia que desconocía. 

—¿Cuántos años crees que tengo?—Me pregunto divertido. 

—No lo sé... ¿Veinticinco?—Le respondí dudosa. Él dejó escapar una risa y luego se quedó mirando a la nada, como si estuviera rememorando los viejos tiempos. 

—Parece que me conservo bien. Eso es bueno.—Me miró de nuevo, centrándose en mi cara confundida. Estuvimos unos segundos en silencio, yo tratando de convencerme de que tenía treinta y pocos, no podían ser más. El miraba por la ventana pensativo.

Luego el habló.

—¿Tienes novio Jessica?—¿Por qué de pronto esa pregunta?

—Dímelo tú, parece ser que me conoces muy bien.

—Touché.—Pronunció con un delicado acento Francés.—Quizas debería de preguntarte si te has enamorado alguna vez.—Me miró.—¿Lo has hecho? ¿Te has enamorado alguna vez?—Me preguntó. Obviamente no. Nunca me había fijado en un chico, bueno, sí, claro, alguno me parecía atractivo y todo eso, pero yo no les interesaba (eso de ser la rara no era algo positivo) y sinceramente a mí tampoco, no me sentía cómoda, gracias a Fred. "Odiaba" a los hombres desde los 14 años, jamás pensé en enamorarme algún día. Siempre había pensado que todos eran iguales y terminaría igual o más lastimada de lo que ya estaba. 

—No.—Le respondí finalmente.

—Que pena. Me hubiera gustado que lo experimentarás, no es que sea la gran cosa, pero siempre es bueno vivir las mayores experiencias posibles.

—No me interesan esas cosas.—Le respondí mirando los platos vacíos.

—Sí, de todos modos para que quieres un novio si ya tienes quien te dé cariño todas las noches. ¿O no?—Todo mi cuerpo se tensó en un segundo. Aquellas palabras más su sonrisa llena de maldad me hicieron temblar. ¿Él lo sabía? No. Era imposible. Nadie más que ese cerdo y yo lo sabíamos. Stefan solo estaba intentando jugar conmigo, sí. Debía de ser eso. No podía dejarme caer en su juego.

—No sé de qué hablas, y si no vas a solucionar mis dudas mejor me voy a casa.—Hice ademán de levantarme, pero él me detuvo con unas asquerosas palabras.

—Claro, vuelve a casa. Estoy seguro de que Fred te espera ansioso. Lleva noches sin desahogarse.—Me detuve y lo miré llena de odio y de sorpresa.

—¿Cómo sabes...?—No dejó que terminara la frase, Stefan se levantó de su lugar y se sentó junto a mí.

—Yo lo sé todo sobre ti. Sé el miedo que pasas al ver su figura en la oscuridad, la impotencia que sientes al no poder gritar. Sé de la rabia que hay en tu corazón hacia tu madre y ese tipo, sé el asco que sientes cuando él pone sus manos sobre ti, cuando mete su lengua en tu boca y te viola toda la noche por más veces que le pidas que pare. Él nunca para. Y quisieras matarlo en esos momentos, pero no puedes. Eres una chiquilla tonta y débil y el es un hombre fuerte y de unos cuantos kilos más de peso...—Dijo susurrándome al oído. Él lo sabía... ¿Cómo podía saber tal cosa? Jamás se lo había dicho a nadie. 



Sybil Reed

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En el texto hay: misterio, seres sobre naturales, romance

Editado: 26.04.2018

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