Twenty Shadows

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Capítulo 11 Un poco más sobre la parca

—¿En serio tengo 19 hermanos?—Me costaba mucho creerlo.

—Sí. Recuerda que tengo más de mil años. He tenido varios líos amorosos y de ellos han nacido los chicos.

—¿Son todos mayores que yo?

—Sí, tú eres mi única hija, y la más pequeña también. 

—¿Cómo son?—Si realmente tenía hermanos quería saber un poco más sobre ellos.—¿Cuándo los conoceré?

—Aun no estás lista para conocerlos. Esos muchachos son unos expertos en el arte de segar almas. Te llevaré con ellos cuando estés preparada. Después de cosechar tu primer alma. 

—¿Saben que existo?

—Claro. Están al tanto de cada uno de tus pasos, a algunos les interesas más que a otros.—Puso los ojos en blanco e hizo un gesto de fastidio, como si recordara algo en especial.—De todos modos no te preocupes por eso ahora, centrarte en aprender bien lo que te estoy enseñando y luego en ser la mejora recolectora de almas, así seras mi sucesora.

—No entiendo porque quieres que yo sea la nueva muerte. Tus otros hijos son mejores que yo, seguro que ocupan de maravilla el puesto.

—Quiero que seas tú. Si alguien tiene que ser la muerte mejor que sea una mujer, las primeras parcas fueron mujeres. Con el tiempo más varones comenzaron a nacer. Yo no tengo ninguna hermana, tengo dos tías, eso sí.

—¿Por qué pasó eso?—Raro. 

—Ni idea. Los grandes sabios tiene la teoría de que cuando una mujer es la parca, es la reencarnación de la primera muerte. Cosa imposible porque no tenemos alma. En fin, yo creo que solo no le toca a una mujer ser la nueva parca todavía. La verdad no me importa, pero me gustaría que tú fueses la muerte. Creo que eres mejor que tus hermanos, solo necesitas un poco de practica.

—Pareces muy seguro. Creo que deberías pensar en otro de tus hijos para el puesto, en serio. No creo que yo valga para eso. 

—Ya lo veremos.

—Por cierto, dijiste una vez que tú no sentías nada de nada. Ninguna emoción. ¿Por qué? Vale, entiendo que la muerte no puede tener emociones porque es la muerte, pero por ejemplo ¿Por qué nosotros si podemos amar?

—Una cosa es ser un enviado, otra es ser la muerte, verás, los enviados solo pierden la tristeza, el miedo y la empatia. Nada más, pero si pueden amar como bien dices, y eso es un problema. Ha habido casos donde un enviado se niega a llevarse el alma de un ser querido porque lo quieren o lo aman, y no quieren ni lastimarlo ni perderlo para siempre. Claro que cuando su ser querido muere, pues no se sienten tristes. Es como una especie de recompensa del universo. Te lo quito, pero no dejaré que sufras, pero eso no quiere decir que olviden a su ser querido. Sienten un gran vacío dentro de ellos, una terrible soledad de la que nunca se pueden librar, puede que con el pasar del tiempo lo hagan, pero al principio es muy duro y suelen alejarse un tiempo de todo esto. ¿Te imaginas que pasaría si fuese el caso de la muerte? Sería una catástrofe, si muerte dejara de existir...

—¿Qué? Hay enviados que pueden seguir haciendo el trabajo. No es que seas indispensable.—El suspiró pesadamente y luego detuvo sus pasos.

—La muerte debe de existir sí o sí. Mi trabajo no es para nada sencillo. A demás de recolectar almas humanas también tengo que encargarme de castigar a los enviados que cometan errores, y soy quien permite la muerte de los humanos y provee los poderes a los enviados.

—¿Y como es eso?—Puede que nuestra conversación fuese una autentica locura, pero hay que admitir que era muy interesante. 

—Verás, la existencia de la muerte es lo que permite que los humanos mueran. Es por mí que las almas "se aburren",  por mí es que sienten la necesidad de desprenderse en cierto momento del cuerpo en el que se hallen, y es entonces que los enviados pueden ir y ayudarlas a salir, por decirlo de alguna manera. Si yo dejara de existir las almas dejarían de sentir la necesidad de cambiar de cuerpo, de huir de la prisión en la que se encuentran.

—¿Pero es solo por tu presencia? ¿No hay nada más?

—Nada. Si yo no existiera, las almas permanecerían en sus cuerpo, no intentarían salir. Es cuando lo intentan y los enviados no logran hacer su trabajo que se quedan atascadas en un cuerpo que ya no necesitan y por eso pasa lo que te conté el otro día.

—¿Lo de que el ser humano queda en una especie de estado vegetativo?—Él asintió.—Ya veo. ¿Qué hay de los poderes?

—Ah, sí. Es de mi energía que los enviados tienen su poderes. Si yo mañana desapareciera y nadie me sustituyera, los enviados perderían sus poderes poco a poco, obviamente no iba a ser de golpe ya que los poderes se impregnan en vuestros cuerpos y permanecen allí, el problema es que esos poderes deben de alimentarse con la energía de la muerte. Si la muerte no está, los poderes no se alimentan y mueren.

—Todo eso es demasiado raro. Y un poco complicado de entender.

—Lo sé, para mí también lo fue. Con el tiempo terminas entendiéndolo todo. 



Sybil Reed

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En el texto hay: misterio, seres sobre naturales, romance

Editado: 26.04.2018

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