Ultralita

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22. Peligro

El grito de Julie perturba a sus hijos que se lanzan al unísono hacia Nill. Me llevo la mano a la boca, intento por todos los medios comprender qué esta sucediendo, pero lo único que consigo es alterarme más. Temblorosa, doy un paso atrás.

―¿¡Se puede saber qué cojones haces con un cuchillo!? ―le increpa William retirándose lo de la mano.

―No podemos fiarnos de ella, es una…

―¡Jo, llévate a tu hermano al sótano! ―ordena con autoridad el padre.

―Pero… ―el hijo frunce el ceño.

―Vamos, os acompañaré ―la madre niega con la cabeza mientras murmura una disculpa en mi dirección.

En cuestión de segundos me quedo a solas con el señor Green, y William. Este último me sorprende con un abrazo.

―Deja de temblar, no dejaré que te ocurra nada, te lo prometí ―me susurra.

―Lamento mucho el comportamiento de Nill ―comenta en tono devastado el padre―. Creí que estaba preparado para este encuentro y me equivoqué.

Dejándome guiar por Will, me vuelvo a sentar en el sofá, él se queda a mi lado acariciándome la espalda de arriba abajo intentando que me apacigüe. Pero mi instinto grita que me marche de esa casa cuanto antes. Sin embargo, primero debo conocer todos los detalles.

―¿Conociste a mi madre? ―Alzo la mirada en la dirección del padre.

―Sí, fue hace muchos años.

―Quisiste matarla ―no es una pregunta lo afirmo.

―Me enviaron a una misión, se enteraron de que tus abuelos habían tenido una hija, y debía acabar con la vida de tu madre. Pero no pude ―agacha la vista, no sé si por arrepentimiento o por haber fallado a la organización.

―¿Qué pasó? ―William pregunta curioso.

―Las normas son claras, si damos con una bruja y esta tiene una hija debemos terminar con ambas ―dirige la mirada al hijo, para luego centrarla en mi―. Sencillamente me fue imposible, tu madre acababa de tenerte, eras un bebé. Y me imaginé en su lugar.

Cierro los ojos apretándolos con fuerza, y rememorando la visión que tuve escucho con nitidez en mi interior las palabras que le dijo: «Debéis marcharos, y no regresar jamás».

―¿Mataste tú a mi madre? ―suelto al abrir los ojos de nuevo.

El señor Green frunce el ceño confuso, y niega con la cabeza.

―Tengo entendido que se suicidó ―responde confundido.

―Tengo mis dudas sobre eso ―expreso levantándome para, ahora sí, irme de aquí―. ¿Me llevas de regreso? ―volteo la cabeza hacia William.

―Si es lo que quieres ―dice imitando mi gesto levantándose del sofá.

―Espera, ¿por qué crees que la han matado? ―cuestiona Jonathan.

―Asesinado, y no lo creo, ahora estoy segura de ello ―manifiesto.

―¿Lo has visto en una visión? ―Asiento luchando contra las lágrimas que se me acumulan en los ojos―. Entonces puedes ver cosas del pasado, interesante.

No sé si confiar en él y decirle que también tuve una visión del beso con William, o puede que no fuese una profecía y que solo lo imaginase.

―Me dijeron que mi madre veía el futuro, ¿es posible tener más de un poder? ―indago.

―Es poco frecuente, pero sí. He llegado a tratar con brujas que eran capaces de leer la mente, y al mismo tiempo podían mover objetos. Otras como Norah solo tenía uno. ¿Por qué lo preguntas?

―Curiosidad ―le comento sacándole importancia―. Gracias por invitarme, y que me contase la verdad sobre mi madre.

―No hay de qué, creo que por mucho que haga en lo que me resta de vida jamás me perdonaré los años que formé parte de la orden.

El matiz de su voz apenada me conmueve, pero pronto recuerdo que nadie le obligó a continuar con esa barbarie, que tardó en tomar la decisión de finalizar las persecuciones. Sin mas dilación, salgo de la cabaña acompañada de cerca por William.

Al llegar a la altura del coche él se para en seco, y se da la vuelta con el semblante serio. Me sujeta de los brazos con ambas manos, y me advierte:

―Estás en peligro, ¿lo sabes, verdad?

―¿Lo dices por tu hermano? ―miro por encima del hombro la fachada de la cabaña, en su interior continua mi corazón, que se ha quedado petrificado cuando vio el cuchillo empuñado por Nill.

―No, de el puedes estar tranquila. Me refiero al asesino de tu madre.

―¿Crees que vendrá a por mí?

―Me extraña que no lo haya hecho ya ―sentencia.

Un escalofrío recorre mi espalda, y William reacciona abrazándome entre sus brazos. Se disculpa en voz queda por lo torpe que ha sido, mientras me sostiene con más ímpetu. Su rostro roza mi mejilla, ladeo la cabeza y me besa con pasión.

Nuestros labios se unen en un desesperado intento de olvidar todo lo que nos rodea, o al menos en mi caso es así. Dirijo una de mis manos a su nuca, demostrándole las mismas ansias que él usa con cada movimiento de su cuerpo. Entreabro la boca, quiero más. No tardamos mucho en profundizar el beso usando nuestras lenguas de guía.

Al poco rato nos alejamos el uno de otro, y me percato de que tanto él como yo tenemos la respiración acelerada, y los labios enrojecidos.



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En el texto hay: secretos, amorprohibido, amor eterno

Editado: 30.05.2018

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