Ultralita

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23. Poderosa

Han pasado varios días desde que conocí a los padres de William, y no he vuelto a saber nada de ellos. También desde que tuve la última visión, y para ser sincera me alegro de ambas circunstancias. Siento que poco a poco recupero el control del cuerpo, la mente.

Mientras tanto, en el instituto, todos dan por sentado que William y yo somos la típica pareja. Él no lo ha negado en ningún momento, y si no fuese por el hecho de que sé que soy una bruja y él un cazador les daría la razón. Pasamos las horas del descanso juntos hablando de todo un poco: música, cine, o el tiempo. Ninguno de los dos hemos vuelto a sacar el tema de la organización, ni mencionado el incidente con su hermano Nill, esa maravillosa persona que me quiere lejos, y a poder ser muerta. Quizá sea lo mejor, porque durante estos últimos días estoy como en una burbuja de felicidad de la que no quiero despertar.

Reconozco que William me gusta, y mucho. Me pongo nerviosa en su presencia y el corazón me bombea con tanta fuerza cuando me roza con su brazo, que todo lo que me rodea deja de existir.

En ocasiones olvido por completo las circunstancias que rodean nuestra… ¿relación, amistad? Tampoco sé definirlo. No obstante, sé que esta paz pronto desaparecerá. Lo siento desde lo más hondo de mi ser.

Me centro en la conversación que mantienen Sophie y Sally sobre el baile, los disfraces, y el poco tiempo que falta para que llegue.

―Des, ¿irás con Will, no? ―pregunta la rubia alzando una ceja.

―No lo hemos hablado ―me encojo de hombros.

―Este sábado vamos a por nuestros vestidos a la ciudad, ¿nos acompañas? ―inquiere Sophie.

―Claro contad conmigo ―les indico mostrándoles una sonrisa.

Avanzamos hacia al parking, y me sorprendo al comprobar el palmo de nieve que cubre el asfalto. No creí que fuese a nevar con tanta intensidad en tan poco tiempo. Me despido de mis amigas y del resto de compañeros que se dispersan en distintas direcciones. Camino con cuidado para no matarme en el trayecto que me separa del coche, saco las llaves y las introduzco en la cerradura, pero me doy cuenta de un pequeño e insignificante detalle. No he ido a por las cadenas de las ruedas.

―¡Mierda! ―suelto una maldición, y pongo los ojos en blanco al darme cuenta de lo tonta que he sido dejándolo todo para el último momento.

Anna frena su coche a mi altura, y baja la ventanilla para preguntarme si me acerca a casa. Dirijo la mirada a los neumáticos, ella, como la gran mayoría de estudiantes que se desplazan en este pueblo, han adaptado sus vehículos para la temporada de nieve. En este momento me siento como una autentica estúpida.

―Gracias ―mascullo agradecida al entrar en la parte de atrás. Delante, en el asiento del copiloto va su hermana pequeña, Natalie, que me saluda de forma efusiva y girando el cuerpo para que la vea.

Sé de sobra que debo llamar a Lincoln, y que no lo he hecho hasta el momento para evitar la charla que me dará con respecto a William. No obstante, creo que no podré evitarlo más. Su taller es el que está más cerca de Hot Springs, y quedaría muy raro que acudiese a otro cuando todo el pueblo trata con él.

El coche se incorpora a la carretera principal, dirijo la mirada al exterior preocupada por la ausencia de William en el instituto. Si la cobertura en este infernal pueblo fuese bien, sabría el motivo por el que no ha venido.

―Des, voy a parar. Ha pasado algo ―dice de pronto Anna estacionando delante del PJ, para bajarse sin perder un segundo.

Inclino el cuerpo hacia delante con interés, y me fijo que en efecto es así. Un grupo de personas se agolpan a las puertas del pequeño local. Giro la cabeza centrando la atención en Natalie, y le pregunto:

―¿Qué sucede?

Al oir mi voz deja de observar a su hermana mayor que habla con varias personas, y me comenta:

―Nada bueno, eso seguro… ―se muerde el labio inferior con nerviosismo.

―¿A qué te refieres? ―insisto, sintiendo que la incertidumbre me invade.

―Solo hacen esto cuando sucede algo grave en la montaña ―su mirada se dirije a la cumbre nevada que esta situada a en la lejanía.

Un miedo visceral a que le haya podido ocurrir algo a Red me obliga a salir del al exterior sin mediar palabra alguna. Veo a Lucy, la camarera que siempre atiende a mi padre, con el rostro preocupado y frotándose los brazos por causa del frío. Ella también esta en la entrada de la cafetería, pero a diferencia de todos no va vestida para aguantar la baja temperatura.

Esquivo a varias personas que no reconozco, las palabras sueltas que logro escuchar me inquietan: «hipotermia, no lo logrará, es una pena…». Llego a la altura de la camarera y sujetándola del antebrazo tiro de ella con delicadeza para que me diga qué sucede.

―¿Está mi padre bien? ¿Qué es lo que pasa?

―Hace, hace una media hora hemos recibido la llamada de Jordan avisándonos de…

Hago memoria, me suena el nombre de algo, pero no consigo encontrar en mi memoria porqué. Ella se da cuenta de mi expresión y termina por explicarme entre temblores que es uno de los guardabosques.

El murmullo de las personas, y las expresiones de temor en las mujeres que nos rodean no cesan. La respiración se me acelera, necesito asegurarme de lo que pasa.



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En el texto hay: secretos, amorprohibido, amor eterno

Editado: 30.05.2018

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