Un abrazo especial

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Un abrazo especial

¿Cómo explicar esa sensación?… La nostalgia que da cuando se acercan las fechas navideñas, el olor a pino dentro de las casas, tomar un café o té caliente mientras estás sentado frente a la chimenea, ver por la ventana como caen pequeños copos de nieve, las luces de colores que prenden y apagan, de fondo los villancicos, el olor a manzana con canela de las galletas recién horneadas.

Estaba sentada en la sala acariciando a Osa, una labradora de tamaño enorme, color negro de ojos color azul cielo, la mejor compañía que mi abuelita había tenido desde hace más de 8 años. Osa yacía acostada sobre el tapete con un suéter rojo con un pino en el lomo, mi abuelita lo había tejido especialmente para estas fechas donde regularmente el frio nos cubría por completo entre mantas y mantas de nieve.

Estar en casa de mi abuela me llenaba de recuerdos. Yo de pequeña jugando con ella a la lotería, el día que traje a osa por primera vez como regalo de su cumpleaños número 75, yo corriendo por el jardín quitando el juguete favorito de osa mientras ella corría hacia mí, o el simple hecho de ir de la mano con mi abuelita cuando yo era pequeña caminando a la tienda a comprar nuestras golosinas favoritas.

Hace tiempo que no la visitaba, mi madre la frecuentaba más que yo, pero justo días atrás tuvo que salir por cuestiones de trabajo y yo decidí que pasaría navidad con ella.

—Aquí tienes hijita —Me tendió uno de los suéteres que ella acostumbraba a usar, yo me sentía bien abrigada, pero para ella nunca era suficiente. Su mirada cansada hacía entender que la vida que ha llevado no es sencilla, pero que sin dudarlo daría lo que fuera por alguien a quien quiere.

—Gracias —Le sonreí y me lo puse. Esta noche haré yo la cena —Me levanté y caminé hacia la cocina. —¿Prendo la tele?

—No, así esta bien.

Asentí y me introduje para comenzar con la preparación del platillo, pasaban los minutos y volteaba constantemente hacia la sala, mi abuelita solo estaba ahí sentada en el sofá viendo la lumbre en la chimenea. Osa sentada a su lado pidiendo con su cabeza ser acariciada, mi abuela sonreía y pasaba su mano de manera delicada.

El tiempo pasó volando, y es que así siempre era cuando me entretenía en la cocina, debo atribuir que mucho o todo lo que se de cocina es gracias a ella.

—Oye —Mi abue se asomó por la puerta dejando verse ahora con un suéter color morado morado, su cabello rubio era tan corto, siempre se peinaba con unos pasadores por los lados, a pesar de su edad siempre ha sido una señora muy guapa, constantemente pide que se le pinte el cabello, su piel blanca a pesar de estar cubierta de arrugas era tersa, caminaba con algo de dificultad pero nunca se podía mantener quieta, sus ojos eran entre grises y azules, realmente no se que color son, pero mi madre dice que le cambiaron con el paso de la edad, que cuando era joven sus ojos eran color marrón, siempre ella tenía una sonrisa en su rostro. Desde que tengo memoria mi abuelita jamás tuvo dientes, ella contaba que se los quitó por decisión propia ya que los dulces habían terminado con ellos y una vez que usó placa no la reconocí, era como si fuera otra persona, no pude evitar reírme al verla y ella hizo lo mismo argumentando que eso no era para ella y jamás volvió a usarla.

—¿Sí? —Dije viendo que el pastel de carne ya estaba por quedar listo.

Ella se acercó a mi sigilosamente y me susurró —¿Quién eres? —Dijo viéndome fijamente.

Intenté sonreír, y fue cuando recordé por qué había dejado de frecuentarla tanto como antes, hace algunos meses comenzó con síntomas de alzhéimer, y no quería ver como poco a poco se olvidaba de todo. —Soy Paola, su nieta —Dije tomándola de la mano.

Ella sonrió —Paola, hijita, ¿acabas de llegar? —Dijo acariciándome con cariño las manos.

—Si abuelita, hice la cena, ya siéntese, que en breve le sirvo.

Ambas nos sentamos en la mesa y comenzamos a comer, a veces hablábamos bien y de pronto ella repetía las mismas cosas, yo con paciencia la escuchaba y le contestaba.

—Paola

—Mande

—¿Tienes novio? —Dijo casi en susurro.

—No —Dije sonriendo.

—Nah no te creo

—Es enserio abuelita.

—No le diré a tu mamá —Dijo volteando hacia la sala como si mi madre estuviera ahí.



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Editado: 20.12.2018

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