Un amor prohibido

Tamaño de fuente: - +

Capítulo XI

Comenzaba a dudar sobre lo que había hecho nunca creí haber llegado tan lejos en esta situación, realmente tenía miedo por lo que fuera a pasar más adelante, pero no podía retractarme ya se lo había prometido.

Me encontraba en mi habitación mirando el alto techo del mismo sin poder descifrar que hacer respecto ante lo sucedido había pasado tan rápido y sin pensar que no me dio tiempo de reaccionar en pensar que estaba totalmente mal si cruzaba aquella línea tan delgada entre los dos que nos mantenía separados, tanto orgullo como lealtad ante mi reino, pero siendo cruzada aquella frágil y pequeña línea ya nada importaba ante todo.

–Veo que hay algo que te perturba querido hermano –totalmente sumido en mis pensamientos escuche decir a mi hermana menor que se encontraba en el porche de mi puerta, a veces me preguntaba cómo era posible que entrara a mi cuarto sin hacer ningún ruido.

–No, para nada ¿Por qué crees eso? –dije esperando parecer tranquilo ante todo sin quitar la mirada del techo.

–No lo creo, hermano sabes que no me puedes mentir ya que eres un libro abierto ante mí –cometo sin titubear.

Eso era cierto pero tenía que tratar, ella podría parecer muy tranquila y dulce pero detrás de esa apariencia que tenía era realmente temible y mortal, no era tan buena en sus habilidades como yo pero si estaba una la altura que requerían, su único defecto es que es muy confiada ante todo lo que hace y no admite sus errores cuando sabe que los comete y si fuera poco es la mano derecha de mi padre sin poder decir que es la consentida aun me pregunto él porque me escogió como sus sucesor ante todo el reino.

Ella no era muy alta pero si totalmente mortal con la lucha de cuerpo a cuerpo con el oponente que tuviera aun que este le doblara la altura, era muy vanidosa ya que su belleza no se comparaba con las del reino excepto mi amada claro.

Por solo por esa belleza tenía la ventaja ante todo y ante los demás, en un momento podría estar coqueteando contigo y hacerte pensar que tienes el control sobre ella pero al siguiente podría tenerte en el piso con una daga en tu cuello a punto de cortar la piel sin el menor esfuerzo.

–Hola –dijo sacándome de mis pensamientos frente a mí moviendo el brazo ante mis ojos de un lado a otro – ¿estas escuchándome?

–A, perdón ¿Qué decías? –dije sin tener la menor idea de lo que había dicho o comentado antes parpadeando un poco para recuperar mejor la visión de mi alrededor

–Está bien te lo repetiré, dije que nuestro padre te está buscando, quiere hablar contigo –decía volviendo al lugar en el que estaba hace unos momentos cuando la escuche.

–M… –pensé–-¿No sabes para que me busca? –decía volteando a verla esperando su respuesta.

–Tu sabes que él no me cuenta gran cosa y más si se trata de ti así que no lo sé –dacia con un eje de tristeza en su rostro pero fue demasiado fugar como para decir que en verdad lo estaba pero yo sabía que era así por lo que había ocurrido hace tiempo atrás.

Ella estaba tirada en el piso en el centro de la sala de reuniones sollozando pidiéndole perdón a nuestro padre por la falta que había cometido, era la primera vez que la había visto tan triste y destrozada además del día del velorio de mamá desde ese día no la había visto llorar de esa manera jamás.

Yo solo estaba en la otra esquina de la sala mirando todo lo que ocurría sin entender bien el que había sucedido en el tiempo que estuve fuera por culpa de una misión.

Muchas veces intente hablar con ella sobre lo sucedido aquella noche, mas siempre sabia como evadir el tema y volver a dejarme en el principio cada vez sin saber menos de lo que había ocurrido y más nadie me quería decir el que había sucedido, todo aquel al que preguntaba siempre evadía el tema o simplemente me miraban de una manera extraña y se iba a otro lugar o simplemente se alejaban de mi sin más.

–Está bien no importa, es mejor que valla, no quisiera –dije levantándome de mi cama y dirigiéndome a la puerta donde se encontraba ella al momento que pase junto a ella me sostuvo del hombro y dijo:

–No le diré nada a nuestro padre pero tendrás que resolver esto si no quieres terminar muerto en el poso y comido por los lobos del bosque –dirigí mi mirada ante sus ojos negros que mostraban una frialdad más que el glaciar, fue tanto que me hizo estremecer todos y cada uno de mis cabellos del cuerpo sin pensar que decir solo asentí sin más y me soltó.

Sus ojos eran igual al de nuestra madre esa intensa mirada y cargada de poder en ellos me recordaba tanto a ella, la extrañaba tanto más de lo que debería extrañarla y ella no me hacía más fácil el camino, a veces actuaba como si ella fuera mi madre más sabia que nunca lograría a ser como ella, su único defecto era que ella siempre fue más fría y cruel en sus palabras que mi madre.

Sin más comencé a caminar a la habitación de mi padre donde siempre se encontraba la mayor parte del tiempo haciendo y planeando planos para recuperar parte de nuestro reino o simplemente estaba ahí acomodando tratados con los demás reinos vecinos.



Esmeralda

#6588 en Fantasía
#13381 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, magia y amor

Editado: 21.10.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar