Un bebé para llevar

Tamaño de fuente: - +

INTRODUCCIÓN

—Solo di que sí —insistió Lucía, mi mejor amiga y la única que me apoyaba en mis sin sentido y apresuradas decisiones.

La miré con fastidio, este era el segundo favor más estúpido que me había hecho. Y es que, aún más que apoyo, Lucía me daba problemas.

—No —dije tajante pero ella insistió.

—Es dinero fácil —dijo y, no solo vacilé, mandé al demonio mi resolución y decisión anterior.

Aunque no era tan fácil de aceptar lo que proponía, era cierto que no debía esforzarme mucho, ni invertir ningún tipo de recurso, exceptuando el tiempo, claro.

—Ay, Lucy —me quejé entre frustrada y complacida.

Acababa de caer en la peor de las trampas. Una hermosa trampa que me costaría el corazón y mi vida tal cual la conocía en ese momento.

Pero eso no lo sabía aún, eso es algo que descubriría cuando nada fuera como lo recordara.

¿Alguna vez conociste a una persona floja? Y no, no me refiero a esas que les da pereza ir a la tienda en un día de calor, o de las que barren la casa mientras refunfuñan y reniegan. Hablo del tipo de persona que es tan floja que no aspira a nada, que se conforma con cualquier cosa si eso no le genera trabajo. De ese tipo de persona floja es del que era yo.

Mi actividad nada favorita en el mundo era trabajar. Odiaba todo lo que se refería a ello: despertar temprano, maquillarme, pasar nueve horas en una oficina atendiendo personas, teléfonos, papeles; detestaba volver tarde a casa, cansada y tener que preparar comida; tener que usar mi único día de descanso para labores hogareñas y terminar más exhausta que los días que trabajaba.

Por eso, un par de años atrás, había dejado mi aburrida oficina para hacer cualquier cosa que me diera dinero fácil. Excepto prostituirme, o vender mis órganos. Eso es algo que definitivamente nunca haría. Mi lema era vender mis habilidades, no mi cuerpo.

Mis ingresos nunca fueron exuberantes, pero mi tiempo era completamente mío. Lo usaba para lo que más quería, para dormir, leer, escuchar música o hacer nada.

Arreglos para fiestas, banquetes para comidas, cuidar a los vecinos por unas horas, cubrir a mis amigas en sus puestos. Yo hacía cualquier cosa mientras eso no significara un compromiso permanente. Por eso estaba renuente a la solución a todos mis males, el matrimonio.

Pero la vida no siempre nos da lo que queremos, y yo ya me había negado demasiado a todo lo que ella me ofrecía así que, aprovechándose de que yo estaba distraída, la vida se cobró todos mis desplantes haciéndome la gerente de un puesto para el que no estaba nada preparada. Fui obligada a tomar UN BEBÉ PARA LLEVAR.



MaryEre

#117 en Novela romántica
#33 en Chick lit

En el texto hay: familia, romance, nanowrimo2019

Editado: 08.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar