Un bebé para llevar

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Capítulo 2

—Me alegra que cambiaras de opinión —dijo Adriana sonriendo.

Minutos atrás me había encontrado haciendo eso que le había dicho, a ella y a Lucy, que no haría otra vez.

—La capacidad de adaptación del ser humano en serio no tiene límites, o es lo que me parece ahora —dije.

Era verdad, tras todo un día de ser nodriza de esa pequeña que, se suponía, cuidaría Lucía, ni siquiera me avergonzaba demasiado ser descubierta en el acto. Aunque la verdad es que seguía sintiéndome incómoda.

—¿Me aceptas el trabajo? —preguntó la tía de esa pequeña que dormitaba entre mis brazos.

—Voy a decir que sí, aunque siento que estoy cayendo en su trampa.

Era así, y, tal como ella dijo al querer librarse de la acusación, yo sabía que todo había sido parte de un plan orquestado por la que me avergonzaba llamar mi mejor amiga, pues, al parecer, ella había elegido apoyar el otro bando, aunque ella alegara que estaba apoyando mi economía.

Era cierto que hacía tiempo nada grande había ocurrido en mi trabajo. El último había sido casi un mes atrás, luego de eso lo que me mantenía eran las ventas por catálogo, cosas que en serio solo me daban para pasar el día; y que detestaba hacer. El comercio no era lo mío.

»¿Puedo cuidarla en mi casa? —pregunté intentando deshacerme del mayor número de incomodidades posibles.

—Me temo que no será del todo posible —dijo—, el trabajo es de veinticuatro siete. No creo que a mi hermano le agrade la idea de que ella duerma en casa de una desconocida, de día creo que no habría problemas.

—¿Qué es lo que hace la diferencia? —pregunté—, igual soy una desconocida, y ella pasará el día entero conmigo. ¿No es mejor si me siento cómoda?

—La noche es complicada, supongo —dijo e hizo una pausa mientras pensaba en algo—…, déjame preguntar.

Adriana tomó su teléfono y marcó un número del cual le contestaron hasta el segundo intento, ella dijo “Es sobre el cuidado de Mary” y no dijo más, escuchó algo y luego miró con asombro, que en segundos se convirtió en cansancio, su teléfono y miró hacía mi con una sonrisa un poco difícil de explicar.

»Dijo que me haga cargo de todo, así que probemos. Te traeré más ropa de la niña y, ¿necesitas algo más que ropa? —preguntó.

—Artículos de higiene personal, supongo.

—¿Un moisés?

—No, pero supongo que un porta bebé no estaría de más. Si va a pasar tanto tiempo en casa, necesitará donde dormir durante el día. Para la noche ambas usaremos mi cama, será práctico.

—Muy bien, iré por todo y te lo traigo en un rato, también te dejaré una tarjeta para los gastos de la niña, y alguna emergencia.

—De acuerdo, igual las emergencias va a tener que atenderlas mi compañera de piso, por hacer planes macabros a mis espaldas.

Adriana sonrió, hice lo mismo. Hablar de una amiga, a sus espaldas, era refrescante. La usaríamos a ella mientras trabajaba el turno de noche.

La mujer salió de mi casa y yo miré a una pequeñita que parecía no me daría demasiados problemas. Ilusa e ignorante que era.

Cuando Adriana volvió con todo lo que había pedido, Mary seguía dormida, también lo estaba cuando se fue, pero, de rato, luego de despertar para comer de nuevo, no logré que se durmiera, a pesar de que parecía tener sueño, lo que la puso irritable y la hizo llorar.

Me sentía desesperada. Una situación nueva y completamente ajena a mis conocimientos estaba volviendo realidad, uno a uno, todos los temores que ni siquiera sabía podía temer.

Temí que le hubiese picado un bicho, por lo que le busqué por todo el cuerpo una señal de algo, sin saber qué buscaba en realidad y sin encontrar nada también.

Temí que estuviera lastimada. Era la primera vez que cargaba a un bebé, ni conocimientos ni práctica, mucho menos maña, aunque estaba segura de haber sido cuidadosa, y cómo no, si cada vez que lo hice estuve temerosa. La moví lentamente para ver si su llanto aumentaba al detectar su lesión, pero ella lloró todo el tiempo, deduje que no había nada mal, o que se estaba desarmando y estaba mal todo.

También temí que ella estuviera enferma, e intenté tomarle la temperatura sin siquiera tener idea cuánta era la temperatura ideal y sin tener un termómetro, solo pegué mi rostro a su piel terminando en comprobar lo que deducía, no tenía idea de qué estaba haciendo.



MaryEre

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En el texto hay: familia, romance, nanowrimo2019

Editado: 08.12.2019

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