Un bebé para llevar

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Capítulo 12

—¿Estás loca? —preguntó Lucía luego de escuchar la historia ocurrida entre mi jefe y yo horas atrás. Aunque la pregunta era más bien en reacción a la decisión que yo había tomado.

—Yo creo que sí —respondí dejando caer la cabeza atrás.

—¿Eres consciente de que esto no va a terminar bien, no? —insistió mi amiga en desaprobar lo que yo había hecho.

—Creo que voy a optar por una actitud positiva.

—¡¿Estás loca?!

—Amiga, te jugo que lo intenté, en serio me puse en el plan esto no es un cuento de hadas y no terminará en felices para siempre, pero igual no me arrepiento de haber aceptado quedarme en las condiciones que lo haré.

—No te arrepientes ahora —sentenció Lucía—, pero es seguro que vas a arrepentirte.

—No lo creo —refuté—. Para empezar, no podemos estar seguras de lo que va a pasar en el futuro. Tal vez todo saldrá bien, tal vez mi destino sí termina en felices para siempre.

—Claro que no ¡Estás loca, en serio que sí! Solo pospusiste lo inevitable.

—Amiga, eres la cosa más negativa que tengo en mi vida y te amo con todo mi corazón, así que creo que voy a estar bien. Tendré en mente tu opinión y me prepararé para el desastre que visualizas, pero voy a disfrutar esto a fondo. Solo relajémonos, por ahora.

Lucía movió la cabeza en negativas y, tras tallar su rostro con ambas manos, bufó con frustración.

Ella estaba segura de que todo terminaría mal, pero a mí Gabriel me había prometido que no terminaría, así que solo iba a irme con cautela, por si acaso.

Me convertí en la mamá de Mary, aunque no legalmente, y en la amante de Gabriel Estévez porque nuestro noviazgo inició en la convivencia bajo el mismo piso y, aunque con el tiempo llegamos incluso a compartir cama, las cosas no fueron diferentes a lo que éramos recién me mudé a su casa.

Era cierto que no era una empleada, pero nada se sentía diferente, tal vez nunca me consideré una simple empleada, para iniciar, o tal vez solo era que no tenía el suficiente carácter para ser la señora de la casa.

Igual era satisfactorio sentirme parte de una familia que adoraba. A Gabriel le gustaba, no había duda de ello, y será que no tenía idea en realidad de lo que era el amor, pero sentía que esa cotidianeidad y paz podrían serlo.

—Debería dejar de ver telenovelas —dije para mí misma tras apagar el televisor una tarde.

La historia era densa y complicada, el amor era tan explosivo e intenso que no podía dejar de pensar que era una tontería. ¿Amar debería ser así? Tal vez solo era una exageración.

Lo medité con calma y deduje que era así, de hecho, comparando otros aspectos, todo era demasiado. Mis abuelos, aunque no me querían, no me destrozaron la vida como los de la protagonista de esa telenovela.

La vida real carecía de intensidad, en comparación, pero no era mala. De hecho, era tan buena que en serio la amaba.

—¿Cómo va todo? —preguntó Gabriel entrando al cuarto de entretenimiento donde yo me daba un descanso de la organización de la fiesta del primer año de Mary.

—Pausado desde hace tres horas que encendí el televisor —respondí y ambos sonreímos.

La televisión era un escape para mí, aún ahora que no intentaba salir de mi realidad a cada segundo, cuando las voces en ese aparato cuadrangular comenzaban, en mi consciencia todo se apagaba. Había aprendido bien a dejarme llevar, me era imposible ahora salir de ello, así que solo lo disfrutaba.

—Estoy seguro de que va a ser perfecta —resolvió mi novio sentándose a mi lado.

No estábamos planeando hacer la gran cosa, una reunión pequeña que guardara el registro de la felicidad que nos daría un año de vida de esa que adorábamos.

—Me esforzaré por ello —prometí—. Por cierto, mañana iré con tu hermana y mi amiga a comprar algunos materiales, comeré afuera con ellas.

—¿Materiales?

—Voy a hacer los centros de mesa, los adornos del salón y la mesa de postre. Estuvimos viendo algunas, pero ninguna era mejor que las mías, así que voy a trabajar duro.

—Gracias por ello —dijo y le sonreí.

Nuestra relación era cordial, era un ambiente agradable y pacífico. Definitivamente habíamos establecido el ambiente en que me gustaría creciera la pequeña Mary.



MaryEre

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En el texto hay: familia, romance, nanowrimo2019

Editado: 08.12.2019

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