Un bebé para llevar

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Capítulo 13

—¿Por qué no estás aquí? —preguntó mi amiga al teléfono.

Volví a llorar, no fue difícil, no hacía tanto tiempo de que yo me había serenado un poco.

—No voy a ir —dije tan claro como mi doloroso llanto de me permitió.

—¿Por qué? —cuestionó Lucy alarmada—, ¿qué pasó?, ¿por qué estás llorando?

—Él dijo que la verdadera madre de Mary iba a estar ahí, que yo no podía ir.

Mis gemidos hicieron enfurecer a una chica que en serio me quería.

Lucía comenzó a gritar insultándolo, dijo que iría por mí y no hice más que esperar que ella llegara. Yo no tenía las fuerzas ni de levantarme del suelo donde Gabriel me había dejado, mucho menos de levantarme, tomar mis cosas y salir de un lugar donde claramente no era necesitada.

—¿Qué pasó? —cuestionó Lucía entrando, furiosa, a mi habitación.

Fruncí los hombros. Ni siquiera lo tenía claro, solo tenía pedazos de sospechas, las pocas palabras de Gabriel y su inminente rechazo.

—¿Te hizo algo Gabriel? —preguntó Adriana entrando detrás de mi amiga.

Entonces entendí cómo había llegado Lucía hasta mi habitación si en esa casa solo estaba yo.

No supe responder a esa pregunta, iba a decir que no, pero terminé frunciendo los hombros de nuevo mientras lloraba con los labios apretados.

—Se molestó porque le pregunté por Soledad Loeza —dije y la expresión de Adriana indicó que podía hacerse una idea de lo ocurrido.

—¿Soledad Loeza es la verdadera madre de Mary? —preguntó Lucy y, tanto Adriana como yo, asentimos—. ¿Cómo supiste de ella?

—Vi que le marcó, así que le pregunté luego de decirle que le había marcado varias veces mientras se bañaba. Gabriel se enojó, dijo que no era mi asunto y luego dijo que no yo no podía ir a la fiesta, o que podía ir como la organizadora.

Mi explicación estaba entrecortada por el llanto, y mis palabras eran más gemidos ahogados que otra cosa, así que solo estuve segura de que ellas entendieron todo lo que intenté decir cuando mi mejor amiga, furiosa, abrió de nuevo la boca.

—Hijo de puta —gruñó—. ¿Qué vas a hacer?

—Quiero que me explique —dije.

—No, no necesitas ninguna explicación. Levántate, haremos las maletas y te vas conmigo. No importa la justificación que dé, no puedes quedarte aquí cuando la eligió sobre ti.

—Solo…, solo necesito escuchar todo… yo… yo…, necesito despedirme de Mary.

Mis nervios no daban más. El llanto me estaba matando de dolor, mi pecho oprimido y los espasmos en mi cuerpo eran insoportables.

—No, no puedes quedarte. Amiga, estás destrozada. No vas a poder.

—Lo sé, pero no puedo irme sin más. Ella me conoce ya, y yo no puedo irme sin decir adiós cuando posiblemente no podré verla más.

—La llevaré a ti —dijo Adriana interviniendo en nuestra conversación—, te prometo que la llevaré a tu casa tanto como pueda, pero no puedes dejar que el idiota de mi hermano siga haciéndote daño, él es un insensible al que solo le interesan las apariencias, no le va a importar acabar contigo si Soledad le ofrece volver con él.

Escuchar eso de alguien que sí conocía bien a Gabriel me hizo el alma añicos, pero no los suficientes como para rendirme. Había una parte en mí, una lo suficientemente idiota como para creer que aún había posibilidades para mí.

Pero no las hubo, lo supe cuándo, demasiadas horas después, entró Gabriel a una casa que dejó de sentirse nuestra en cuanto mis ojos se posaron en la mujer que, detrás de él, cargaba la pañalera de Mary que dormía en los brazos de su padre.

—Ve a la habitación —dijo para la mujer—, iré en un rato.

La bella mujer, tan bella como cualquier modelo de revista, ni siquiera se molestó en mirarme, solo subió a la segunda planta como Gabriel le había pedido.

»Voy a dejar a Mary en su habitación y vuelvo para que hablemos —dijo entonces para mí.

Conteniendo el llanto tanto como pude, sorbí la nariz y tomé una enorme bocanada de aire que luego soplé; entonces negué con la cabeza.



MaryEre

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En el texto hay: familia, romance, nanowrimo2019

Editado: 08.12.2019

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