¡un bombón para Navidad!

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CAPÍTULO 16

Han pasado ya dos días desde el pequeño y peculiar encuentro con la madre de Sergio y desde entonces no he vuelto ha tener noticias de ninguno de ellos. Ni tan solo de Charlotte. Eso me hace entristecer porque realmente quería a esa niña y me alegraba el día cada vez que estaba alrededor, pero bueno, eso es lo que conlleva romper la relación con alguien, ¿no? La separación de aquellos que aprecias más.

Hoy, para variar un poco, Isabel me ha invitado a ver una pequeña función que hacen en el teatro principal de la ciudad. Se trata del clásico "Cuento de Navidad" representado en canto y baile. Según ella me ha asegurado que no lo ha estado buscando como una loca porque hace años le dije que este era mi cuento favorito, pero pongo la mano al fuego a que sí lo ha hecho.

Eso y que quiere verme feliz, aunque no lo reconozca. Es cierto que estos días no han sido los mejores en relación a mi estado personal, pero poco a poco estoy empezando a aceptar que Sergio solo fue una persona pasajera. Que no estaba destinado a quedarse por más tiempo.

—¡Vamos, Clau! Llegaremos tarde por tu culpa y nos quedaremos sin asientos.—la oigo chillar desde la cocina de casa.

—Cada entrada tiene un asiento asignado, así que no te sulfures por eso.—me burlo terminando de darle los últimos retoques al pelo.

—¿Y como sabes eso?—continua al borde de un ataque de nervios, ¿a que viene tanto alboroto?—A lo mejor unos viejitos se equivocan de sitio y después no se quieren levantar...

—Isabel. Respira, ya casi estoy lista.—la interrumpo antes de que se ahogue con su propia saliva.

Cojo el pequeño bolso plateado y salgo dispuesta a marcharnos lo antes posible para que a la señorita no le dé un infarto.

—Por fin estás...

Su regañina muere en el momento que me ve salir y sus ojos se abren de par en par.

—Wow. Estás deslumbrante.—dice aún con la boca abierta.—A este paso me vas a robar todo el protagonismo en el teatro.—brome cogiéndome de la mano para darme una vuelta.

—No seas tonta, tú también estás deslumbrante.—contesto admirando su vestido corto azul, a diferencia del mío que es largo y violeta.

—Tienes razón, seremos las estrellas de la noche.—nos reímos y salimos de la casa agarradas del brazo.

El trayecto se hace relativamente corto, Isabel pone la radio a tope y cantamos a pleno pulmón algunos de los mejores villancicos. Creo que si alguien nos escucha va a pensar que se trata de un secuestro.
Al llegar, el aparcamiento está a rebosar de coches y la gente se acumula en la entrada, esperando su momento para entrar.

—¿Desde cuando a tanto gente le gusta la ópera y el ballet?—pregunta Isabel frunciendo el ceño hacia la multitud.

—Desde que este es el único espectáculo que hacen en la cuidad.—río ante la mueca de disconformidad que surca el rostro de mi amiga.

—Pues se podrían haber quedado en su casa, por su culpa los pies van a dolerme por tener que andar tanto.—dramatiza negando con disconformidad.

—Será mejor que vayamos entrando o los viejitos nos van a quitar el sitio.—bromeo, pero al instante ya tengo a Isabel fuera del coche y apremiándome para hacer lo mismo.

Será...

Gracias al cielo, la temperatura dentro del recinto es más cálida que el frío helador de la calle. 
Debo decir que han hecho un excelente trabajo decorando teatro. Hay luces en forma de vela por todos lados y los pasillos están recubiertos de alfombra aterciopelada tanto en el suelo como en las paredes.  

Si ya me ha parecido un tanto excesivo todo el decorado del recibidor, la sala principal es todavía más extravagante. Colgada del techo se encuentra una gran lámpara de araña hecha de diminutos cristales que proyectan luz a todos los rincones del lugar.

—Al parecer no han escatimado en gastos.—balbuceo impresionada por tanta opulencia.

Como si esto fuera EL evento del año...espera, sí que lo es.

—Me da que alguien va a quedar demasiado endeudado...—murmura sarcástica Una Isabel tan perpleja como yo.—¡Corre, mira! Ahí están nuestros asientos y esa pareja se va a sentar. Por encima de mi cadáver.—antes de que me dé tiempo a reaccionar, la mano de Isabel ya me está arrastrando arriba y a bajo, esquivando a los asistentes para conseguir sentarse en su maldita silla.

Por Dios Santo...¡pero si los hemos pagado nosotras!

Tras discutir con la parejita para que se fuera a otro lado, Isabel ya está más tranquila y preparada para gozar de la función. Yo también lo estoy, hasta que veo una figura que se me hace familiar, pero no alcanzo a ver quien es ya que han apagado las luces.
Se encuentra a tan solo unas filas más atrás y no puedo dejar de pensar que se me hace demasiado familiar.

Al principio me cuesta estar atenta al hilo de la representación por el hecho de estar pensando en la persona detrás de mí, pero al cabo de unos minutos no puedo evitar perderme en la obra.

La forma en la que cantan y se mueven es tan elegante y con tanta gracia que los dos artistas parecen complementarse y conectar en todo momento. El sentimiento que experimentan los personajes, los siento como si fuera parte de ellos...es simplemente espectacular.



Ina Gonzalez

Editado: 24.02.2019

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