Un conde para Ann

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Capítulo 22. Parte III

Anne y James ocupaban unos lugares de honor, él cerca del señor Carlisle (como habría previsto) a la cabecera de la mesa, y Ann junto a la esposa del caballero en la otra punta. Tenía enfrente al coronel pero a su lado estaba una dama joven que no conocía y junto al coronel la señorita Claudia Carlisle. Sospechó que eso no había sido una casualidad. Julie Smith había podido quedarse junto a su madre y estaba muy lejos de ella, la señora Ferguson estaba en frente, no tan cerca como el coronel pero quizá pudiese intercambiar con ella un par de frases.

Tomaron una sopa y después se sirvieron las carnes. No comió demasiado aunque desde luego estaba bueno, pero su estómago no estaba muy por la labor. Con los postres fue más fácil y no se aburrió porque la señora Carlisle y el coronel no la desatendieron. La dama a su izquierda le fue presentada como la señora Carolina Herbert, se mostró afable e interesada por las últimas noticias de Londres. Era una mujer refinada y de sonrisa fácil, aunque fue una cena larga no se le hizo pesada. La joven Claudia Carlisle se mostró de lo más ingeniosa y consiguió que se riera varias veces cuando contaba sus aventuras de la infancia, y percibió que el coronel Murphy también había sabido apreciar sus divertidas anécdotas. Se sorprendió pensando en que la señorita Carlisle tenía muchas posibilidades de acabar conquistando el corazón de ese hombre, aunque a priori no hubiese pensado que pudiesen formar una buena pareja.

Al finalizar, las damas fueron abandonando la sala para dejar a los caballeros beber su oporto. El saloncito se llenó de voces y Ann estuvo escoltada todo el rato por la atenta señora Carlisle. Le fueron presentadas algunas damas más y vivió una experiencia de lo más rara cuando llegó a escuchar una conversación ajena hablada entre susurros en la que se referían a ella como «una dama de lo más elegante».

La señora Carlisle, y lo que supuso era el grupo más selecto de sus invitadas, acabaron sentándose a su alrededor. Se fijó en que ni las dos mujeres Smith ni la señora F erguson formaban parte de las elegidas y aunque llevar la iniciativa en temas así no formaba parte de su carácter, fue capaz de invitarlas con naturalidad. A la señora Carlisle y a las demás no les fue posible negarse, las normas de cortesía lo impedían y se sintió satisfecha al ver la ancha sonrisa de la señora Ferguson. La señorita Smith fue mucho más templada y se sentó sin hacer ruido después de colocar la silla de su madre a su lado.

—Está siendo una velada de lo más agradable —dijo esta cuando estuvieron acomodadas.

—Eso es muy cierto —convino la señora Herbert—, esperaba algo más sencillo, ya que estamos en el campo, pero señora Carlisle, me ha sorprendido por lo sofisticado de la decoración. Tiene mis más sinceras felicitaciones.

La señora se lo agradeció y algunas otras damas cercanas se unieron a las alabanzas.

—La vida en el campo puede ser más tranquila que la de la ciudad, pero no por ello tiene menos encanto —canturreó la señora Ferguson con cierto orgullo en su expresión.

—Claro, claro... En cuanto a mí, siempre he preferido la ciudad, pero supongo que tendré que acostumbrarme a pasar más tiempo en el campo —explicó la señora Herbert. Con sus tirabuzones negros y su rostro agraciadamente sonrojado era la viva imagen de la salud y la belleza clásica inglesa—. Ahora que el pequeño Archie ha nacido pasaremos la mitad del año en Gillingham, pero no quiero renunciar a Londres, al menos no del todo.

—Lady Wilton, la señora Herbert ha tenido a su primer hijo hace poco —le explicó la señora Carlisle—. Por suerte, ya está del todo recuperada, lamentaría que no hubiese podido acudir a mi fiesta —añadió sonriéndole a su amiga, parecía que ambas se llevaban muy bien.

—No me la perdería por nada, pensaba que me gustaría pasar tiempo en mi nueva casa, pero ya la tengo muy vista. Archie ya tiene unos cuantos meses y está muy sano. En lo que a mí respecta, necesitaba algo de vida social con urgencia y el señor Herbert no se pudo negar. No sabe decirme que no —comentó como si se tratase de algo confidencial.

—Eso es porque están recién casados, ya veremos si dentro de unos años es así —arguyó la señora Ferguson.

—Bueno, hace más de un año que se celebró la boda, no sé si se puede decir que seguimos siendo recién casados, y más con un hijo ya en la cuna.

—Eso es cierto —comentó una de las damas.

—Lady Wilton solo lleva casada unos meses, tal vez tenga algún consejo para ella —sugirió la señorita Carlisle.

La señora Herbert se volvió hacia a ella con una sonrisa en los labios.

—Es cierto, solo lleva unos meses casada ¡qué época más bonita! Disfrútela, ese es el consejo que puedo darle. Aprovechen para viajar y para disfrutar de la ciudad, pronto llegarán los bebés y todo se complicará —le advirtió.



Emily P. Dankworth

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En el texto hay: romance, drama, historica

Editado: 25.01.2020

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