Un conde para Ann

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 3. Parte II

 

Estaba sentada cuando llegó, utilizando su abanico para darse aire y lo hacía de una forma bastante enérgica, al menos hasta que su madre le ordenó que parase. James hizo una reverencia cuando llegó a la altura de las dos mujeres y puso su mejor sonrisa.

—Señorita Denson, creo que me debe un baile ¿no es cierto?

Ella le dirigió una tímida sonrisa y se puso en pie, por alguna razón a James le pareció que era algo inestable. Tal vez no se encontrase bien, no dejaba de lanzarle miradas nerviosas a su madre. ¿Les habría contado el señor Denson su desliz anterior? Esperaba por todos los santos que no fuese así, no quería ofender a las dos mujeres con sus impertinencias. Maldijo una vez más el ser tan impulsivo y poco delicado.

—Así es, lord Wilton —era la señora Denson quien había respondido, adelantándose a su hija—. Ann lo espera con ganas, seguro que se divierten.

James dijo las palabras esperadas y acompañó a la señorita Denson hasta el lugar del baile. Lo hicieron en silencio y James procuró mantener una actitud relajada porque la muchacha parecía estar muy tensa.

La música comenzó a sonar y todos los bailarines ocuparon sus posiciones. Ann no había perdido su sonrisa forzada y James no dejaba de preguntarse si se debía a que conocía el incidente que había vivido con su hermano… Tal vez el tropiezo había sido accidental, a lo mejor ni siquiera había llegado a percatarse de que James hablaba de él.

A pesar de ser bastante menuda y de parecer frágil, la señorita Denson se movía con gracia y James no pudo dejar de advertirlo. Le agradó eso, tener una compañera de baile patosa no habría sido muy agradable.

—Está siendo un baile espléndido, ¿no cree? La señora Palmer lo ha organizado todo muy bien —comentó James cuando tuvo ocasión.

—Así es —obtuvo una escueta respuesta.

—¿Le gusta la ciudad?

—No demasiado, la verdad. Prefiero el campo —esto último le sorprendió.

—También yo. Pero seguro que disfruta de la temporada.

—Claro —James tuvo la sensación de que esa era una respuesta ensayada, no le pareció en absoluto sincera.

Se fijó entonces en la señora Denson, que los observaba con ojos de halcón desde la distancia y sintió un ligero escalofrío. Tal vez la tristeza que se reflejaba en la cara de la señorita Denson tuviera que ver con su dominante madre.

—Es usted muy buena bailarina, casi está a mi altura —se ufanó James, esperando introducir algo de humor en la conversación.

Ella pareció sorprendida por su osadía, pero se recompuso.

—Me halaga —dijo Ann con una pequeña sonrisa, pero eso fue todo.

Pasaron unos minutos bailando en silencio y después James volvió a intentarlo.

—Creo que estoy sentenciado a no poder sacarle más de dos palabras seguidas, señorita Denson. Es usted un hueso duro de roer, incluso para alguien con mi encanto.

Ann arqueó las cejas y las comisuras de su boca se elevaron, así como sus cejas. Al menos James creía poder anotarse un tanto por conseguir que se relajara un poco.

—No creo que yo tenga nada que decir que le interese, milord, no poseo el encanto del que usted alardea, pero puede preguntarme algo, si así lo desea.

—Hmm, esa es una jugosa oportunidad, y no la dejaré pasar. Veamos, para no ser deshonesto, a cambio podrá preguntar usted también algo a modo de contraprestación. ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

—Leer. Novelas. ¿Le parece inapropiado?

Él dejó escapar una pequeña sonrisa.

—En absoluto, a mi pupila le encantan, en especial las de Frances Burney.

—¿Tiene usted una pupila? —inquirió Ann con curiosidad.

—¡Ah! Ya ha hecho usted una pregunta. Y sí, tengo una protegida que vive en Wilton Manor, ahora está con mi madre. En realidad, estaba al cuidado de mi padre, pero puesto que ahora él no está, es mi responsabilidad. Se llama Eve Clark y es una jovencita muy vivaz, estoy seguro de que disfrutará mucho su presentación en sociedad, cuando sea el momento adecuado.

Ella asintió, recordando que el padre del actual conde había muerto hacía no mucho tiempo. El baile les obligó a separarse una vez más, así que James tuvo tiempo para pensar su nueva pregunta.

—¿Ha venido toda su familia con usted y su madre?

—No, solo mi hermano Nicholas. Papá se ha quedado en casa y los gemelos están en sus respectivas ocupaciones. Tampoco es que les apetezca mucho viajar a Londres.

—Así que tiene tres hermanos varones —comentó él—. Disculpe mi ignorancia, pero tantos años fuera del país han hecho de mí casi un extranjero. Hay mucha gente a la que no conozco, supongo que pasé demasiado tiempo en Italia.

—¿Es bonito aquello?

—Pues sí, es bonito. Hace mucho más sol que en Inglaterra, aunque creo que la campiña no es tan mágica como la británica —él vio brillar el interés en los ojos azules de Ann, algo que los hizo parecer más especiales—. Cualquier lugar tiene una parte hermosa y otra que no lo es tanto, en realidad. Solo que a veces nos centramos únicamente en una de ellas y no apreciamos el conjunto.



Emily P. Dankworth

#124 en Otros
#26 en Novela histórica
#396 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, historica

Editado: 18.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar