Un conde para Ann

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Capítulo 6. Parte I

 

«Si te niegas a bailar con un caballero, no puedes aceptar la invitación de otro inmediatamente después. Mi recomendación es que nunca rechaces un baile, no sabes cuando va a llegar tu oportunidad»

Lección trigésima quinta de la señora Denson.

 

Nick volvió a acercarse a la ventana una vez más, pero la calle estaba igual que hacía cinco minutos y no había rastro de su hermana ni del cretino de Wilton. Sintió una vez más como la rabia le corría y tuvo que contenerse para rechinar los dientes.

—Por el amor de Dios, hijo, deja eso ya. Tenemos asuntos que atender —dijo el señor Denson.

Estaban en el despacho y tenían que organizar el papeleo del nuevo cargamento que estaban esperando llegado de las colonias, pero no tenía la cabeza para eso. Desde que James Relish había entrado en su casa no había tenido un minuto de tranquilidad. Ojalá fuese diferente, pero no podía evitar que el enfado lo poseyera en cuanto veía su cara y más aún cuando interactuaba con su familia.

Tenía que admitir que el conde era un buen actor, podía ser todo lo amable y servil que quisiera y así se había ganado el beneplácito de su madre, el de Ann e incluso el de su padre, por lo que había visto. Pero él sí que sabía lo que escondía detrás de todas esas maneras suaves, lo que realmente pensaba de ellos, unos arribistas que habían llegado ocupando el lugar que le pertenecía por derecho a la nobleza… ¡Bah! Podía meterse el título por donde le cupiera. Lo que no entendía era qué buscaba en esa casa. ¿A Ann? ¿Por qué? Era un conde, joven y estaba bien posicionado, ¿qué querría de una joven casi desconocida y tímida como su hermana? Había pensado que tal vez quería cortejarla, pero el muy caradura estaba detrás de Samantha Rutherford, de eso no le cabía la menor duda, había podido comprobarlo en muchas ocasiones.

La única opción que le quedaba era que tal vez planeaba hacer algo, una especie de broma para humillarlos o hacer daño a Ann, tal como haría la gente de la calaña de Viola Preston. No existía ningún motivo para eso, pero Nick nunca había podido entender a las personas que viven para ver sufrir a los demás, así que quizá ni siquiera necesitara un motivo. Fuese lo que fuese lo mantenía preocupado y alerta. Se sentía indefenso porque al no conocer las motivaciones de su enemigo no sabría como contrarrestar su ataque.

Se sentó en su butaca y cruzó las piernas, todavía sumido en sus pensamientos.

—Muchacho, tranquilízate. Nos estás dejando en mal lugar a tu madre y a mí, estás tú más preocupado por nuestra hija que nosotros —su padre ser rio quedamente— Seguro que Ann se encuentra perfectamente con lord Wilton, me ha parecido un hombre honesto. Y además, Jhonson va con ellos.

¿Honesto? ¡Ja! Nicholas no podía creer como estaba fallando el instinto de su padre, que siempre había calado bien a las personas. ¿Debería comentarle lo que sabía? Si hasta el momento no había dicho nada era porque quería estar seguro de lo que tramaba Wilton y ahora ya le parecía tarde, si decía algo en su contra ¿le creería su madre? ¿O Ann? Claro que, tendría que hablar si se daba el caso, pero todavía tenía la esperanza de que ese hombre se fuera de sus vidas tal y como había llegado.

—No me gusta Wilton, me parece pretencioso, arrogante y no sé que es lo que quiere de Ann —gruñó.

Lord Wilton solo está siendo amable y haciendo lo que hacen todos los jóvenes. Ha bailado con tu hermana y le ha enviado un ramillete, ¿acaso no has hecho tú lo mismo con la señorita Rutherford? —su padre le miró con intención por encima de los lentes que utilizaba para leer y Nick sintió que se sonrojaba.

—Eso no es lo mismo —inmediatamente después de lanzar esa réplica se sintió como un niño pequeño, pero algo llamó su atención.

El ruido de los cascos de los caballos por la calle adoquinada delató la llegada de la pareja y Nick acudió presto a la ventana. Pudo ver el faetón detenerse en la entrada y seguidamente el conde de Wilton bajó de un salto para luego ayudar a Ann a apearse.

—Ya están aquí.

—Y Ann parece sana y salva —comentó su padre, que se había acercado también para ver a través de las cortinas—. Deberías confiar más en su criterio, no es una de esas jovencitas bobas ¿sabes? Es adulta, no creas que puedes tomar todas sus decisiones —le advirtió.

—¿No es eso lo que piensa mamá? —ironizó Nick, sin quitarle el ojo a la escena de despedida que estabas sucediendo en la escalinata de la entrada.

—Si tanto te disgusta esa actitud, no deberías imitarla ¿no crees? Y tengo la esperanza de que Ann no tenga que soportar las formas de tu madre durante mucho más tiempo.



Emily P. Dankworth

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En el texto hay: romance, drama, historica

Editado: 18.10.2019

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