Un conde para Ann

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 11. Parte I

 

«Una dama decente siempre lleva por lo menos una enagua, el calor no es una excusa válida»

Lección cuadragésima primera de la señora Denson

 

Querido hermano:

 Me alegra poder transmitirte la gran alegría que nuestra madre experimentó en cuanto le di la noticia. Temí que fuese una impresión demasiado fuerte para su corazón, pero me atrevería a decir que el día de hoy presenta, incluso, un mejor aspecto.

Eve también dio saltos de alegría al enterarse, es una jovencita muy alegre y amable, pero diría que necesita algo de refinamiento. Ya te sugerí anteriormente que sería necesaria una institutriz, pero de ahora en adelante será tu futura esposa la que deba encargarse de aconsejarte.

No puedo dejar de confesar que tu noticia me sorprendió un poco, pero no demasiado. Creo que haces bien y aunque la señorita Denson no procede de una gran familia, confío en que tu elección te provea de toda la felicidad que te mereces. No dudo de que debe ser una dama educada y de buen corazón, o de otro modo no te habrías fijado en ella. Así que, hermano, cuentas con todo mi apoyo y cariño, te envío mi enhorabuena.

En cuanto a la salud de mamá, ha mejorado notablemente. Está más animada y, por primera vez desde el fallecimiento de nuestro padre, la he visto sonreír e interesarse por algo. No es mucho lo que puede hacer, pero con mi ayuda y la de los criados estamos preparando la casa para la boda y la llegada de los invitados. No debes preocuparte por eso, me ocuparé de todos los detalles con mucho gusto. En unos días llegará Harrison con los niños y todo estará mucho mejor, mamá está deseando verlos y ahora que está más recuperada podrá disfrutar de ellos. El doctor Fimmel dice que no prevé complicaciones, así que, con esta noticia en la mente, puedes centrarte en tu novia y en lo que está por venir.

Lamento que mi carta no sea más larga, pero con todos los preparativos y la expectativa de la llegada de mis niños no tengo mucho tiempo para escribir. Mamá y Eve te envían sus más cálidos saludos.

Tuya afectuosamente, Roseanne.            

 

James sonrió con ternura al leer la misiva de su hermana mayor y averiguar que su madre estaba mejor de salud, era un gran peso que se quitaba de encima.

—¿Buenas noticias? —le preguntó Coltraine.

Ambos se encontraban en el comedor, desayunando y leyendo la correspondencia que acababa de llegar esa mañana.

—Así es, Roseanne me informa de que mi madre está mucho mejor y el médico cree que se recuperará. ¿No es estupendo?

—Pues sí, de verdad que me alegro por ti. Parece que por fin las cosas te salen bien, ¿eh? —Coltraine sonrió mientras le daba un sorbo a tu té.

—Exactamente, mi buen amigo, hoy me siento el más afortunado de los dos. ¿No me envidias? —bromeó.

—Pues, sabiendo que hoy debes ir al sastre para que te hagan un traje nuevo para la boda y luego visitar a la familia de tu prometida… no. Creo que mi tarde ganándole al billar a Resmore será más divertida.

James rio ante las palabras de su amigo.

—No me disgusta ni el sastre ni el paseo con mi prometida. Y sé que no volveré habiendo hecho a Resmore un poco más rico. ¿Acaso alguna vez le has vencido al billar?

—Sí, en una ocasión y espero repetirlo por lo menos una vez más en mi vida.

No se entretuvieron demasiado, pues James quería terminar pronto con el sastre. El traje no tendría nada especial, pero había decidido que quería estrenar uno en un día tan significativo y estaba seguro de que el señor Chapman se ocuparía de que fuese muy elegante. Necesitaba tomarse medidas y elegir algunas telas, esperaba no demorar demasiado.

Después acompañaría a Ann y a su madre por la ciudad ya que necesitaban ocuparse de ciertos recados. En realidad, no será necesario que él fuese con ellas, pero se había ofrecido a hacerlo porque se sentía un poco inútil. Tanto las Denson como su hermana se estaban ocupando de todo y poco lo quedaba que hacer a él, podía ver el estrés en Ann y lo que le costaba luchar con su madre, que, bien por instinto o por costumbre, solía tomar las decisiones antes que su hija.

Los dos amigos se despidieron para tomar caminos contrarios y James se armó de paciencia para pasar un buen rato junto a su sastre. Había ido temprano para no llegar tarde a casa de los Denson y se alegró cuando todo hubo terminado y pudo volver a sentir el aire fresco de la calle. Había ido en un carruaje para comodidad de las damas y, como siempre desde que Nick se había ido a Taunton, fue bien recibido en casa de su prometida.

—Ha llegado muy puntual, milord —le dijo Ann a modo de saludo, que se acercó con expresión culpable—. Me temo que la señora Felman se unirá a nosotros, espero que no le cause grandes molestias.



Emily P. Dankworth

#117 en Otros
#26 en Novela histórica
#384 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, historica

Editado: 18.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar