Un destino inesperado// por Nefasto

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Letras que lloran

 

     Acostumbrado a sentarse en su butaca de cuero podía retraerse por días enteros, semanas aveces sumido en su demencia, en su desesperada sed por aislarse de todo contacto que lo ligara al mundo, al resto de los mortales como él los llamaba.


     Vladimir, era un hombre bastante alto y enjuto de rostro, tranquilo, ausente, melancólico, de pelo negro poco canoso pese a su edad el cual mantenía muy corto. Sus lentes redondos casi siempre colgaban del sujetador quedando en su pecho como un gran gargantilla rara que usaba solo para leer. Su Soledad lo hacían tan susceptible a caer muy a menudo en lagunas prolongadas que lo dejaban en el mismo sitio de siempre, su cómoda butaca de cuero.

     El destino lo había exigido al máximo haciéndolo pasar por el extremo de las pruebas que aveces la vida suele otorgar a una sola persona de golpe,, en su caso lo habían dejado totalmente frustrado y sin el entusiasmo necesario para querer vivir más sin una razón que alimentará sus ansias. Solo había un motivo que lo mantenía aún respirando de la moribunda atmósfera que lo rodeaba y una vez al año, en una fecha especial dejaba caer toda su emotiva creacion sobre un par de hojas que llenaba con palabras una tras otra hasta sentirse conforme consigo mismo. Hoy era la fecha precisa, el día indicado para tal circunspecto momento que esperó durante todo el año. 


     El ruido del pasillo que vladimir conocía muy bien lo hicieron mover la cabeza de un lado a otro mientras miraba el suelo remojando sus labios con la baba acumulada en su boca por la gravedad. Suspiró profundamente y exalo luego la totalidad de aire hasta quedar vacío. Se paró lentamente, caminó hasta la puerta y la abrió dejando apenas una delgada rendija por donde observó como Alberto tironeaba a Edgar. Su impotencia cerró sus puños tan fuertemente que las uñas se clavaron en su propia Palma, al terminar de ver el triste espectáculo quedando el pasillo vacío abrió por completo la puerta y caminó hasta el descanso mirando de reojo la puerta del departamento y lentamente se agachó para recoger las hojas desparramadas de su joven vecino. Tomó las hojas amuñandolas y las metió en el bolsillo de su chaqueta y regresó a su estancia para sentarse, estaba sin quererlo muy entusiasmado con saber que había en la mente del muchacho vecino pues no era la primera vez que lo veía sentado en aquel lugar con el manojo de hojas, sabía que escribía y lo hacían recordar su infancia tan sufrida pero llena de creatividad. Conocía muy bien la psicología de los niños ya que su trabajo en un tiempo pasado lo habían llevado a dar claces de lenguaje y de orientación infantil antes de jubilar así que no tardo en darse cuenta de la frustración que Edgar tenía y que dejaba de manifiesto en sus cortas oraciones de niño casi adolescente plasmadas sobre el papel. Los ojos de Vladimir comenzaron a nublarse por la emoción mientras guardaba las hojas dentro de un pequeño libro que tenía en uno de los cajones de su escritorio y cerró los ojos para meditar maldiciendo sin tregua al padre de Edgar en lo más profundo dr su ser y más aún al sentir la impotencia de no poder intervenir en aquellas repetidas escenas de maltrato físico y psicológico que sufría no solo el pequeño si no también su joven madre. Sus pensamientos se movieron tan velozmente que dejaron sus sentidos a la merced del tiempo mientras el secundero del reloj resonaba fuerte en la sala ...por fin después de unos largos minutos casi eternos se durmió. 


     La ciudad lentamente se volvía oscura y el ruido característico de la vida diurna se consumada en ecos perdidos y aislados que llegaban por las calles.

     El silencio del cuarto lo hizo reaccionar como si susurrara en su oído levemente con un roce, asustado prendió la lámpara del escritorio y miró la hora despabilandolo rápido. 
 

— ¡Dios santo !...como ha pasado la hora —balbuceo apenas a si mismo —.Es hora de comenzar, me queda muy poco tiempo antes de que sean las doce, no puedo fallarle a mi amada — Volvia a susurrarse dándose ánimo mientras sus pupilas totalmente despiertas, movedizas, se enfocaban a duras penas en la gran tarea. 

     Se sacudió el sueño de la cara refregandose con la mano y caminó hasta un estante arrinconado en una de las esquinas del cuarto, de él extrajo una caja de madera adornada con algunos relieves tallados en madera y además una botella de licor dulce algo empolvada que sin duda guardaba para la ocasión. Resto pasos en direccion al escritorio y suavemente la dejo sobre la cubierta roida del mesón, junto a la caja dejo también la botella que lentamente abrió dándole un gran sorbo que lo hizo estremecer por el sabor que enjugaba su paladar, luego de sentarse acaricio con la yema de los dedos la misteriosa caja haciendo que su rostro reflejara nostalgia y apego...su gran tesoro cuyo interior seguramente guardaba la razón por la que debía continuar.


     El papel para la gran noche ya estaba frente a él, levantó la mano y sacudió sus dedos enroscados alrededor de la lapicera y comenzó a brotar de su corazón el sentimiento, la razón de su espera, el apego a tan elocuente proceder. Al cabo de media hora las hojas ya estaban repletas de oraciones profundas y comenzó a leerlas, movío sus ojos rápidamente hasta concluir y tras doblar las hojas muy bien plegadas las guardo dentro de la caja, bebió una vez más de la botella y fijo la vista en una foto afirmada en una de las esquinas del escritorio, parecía hablar desde la distancia, parecía que se comunicaban en silencio y lloró, triste y distendido hasta dejar en la cubierta varias gotitas de pena que tomadas de las manos parecían coludirse en una sola misión...mostrar que tan doloroso puede ser un recuerdo y que tan larga puede llegar a ser la agonía por un amor interrumpido por la muerte.

— ¿ Por que me miras ?...—le habló a la botella mirando su contenido como si de ella quisiera las respuestas—. Me obligas a esto ...me amarras a tí como si fueses ...mi vida.



BLACDRAGON kpopever

Editado: 20.08.2019

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