Un Destino Prometido

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Isabelle camino apresuradamente hacia el salón donde se encontraba Christine, pero sin perder la elegancia en cada paso que daba, algo le decía que William seguía observándola, quiso voltear y mirar, pero se resistió al impulso, eso sería demostrarle que aún le importaba y aunque eso fuera cierto él no tenía por qué saberlo.

Entro a la pequeña estancia que aparte de su habitación consideraba solo de ella; la había decorado con tapiz de color verde agua, una alfombra azul marino que había traído su padre de un viaje a escocia y sobre ella reposaba un hermoso juego de muebles blancos y un estante lleno de libros de toda clase, incluso algunos prohibidos para ella, pero como su padre no entraba allí, sabía que no había problema, ese era su pequeño refugio, algo simple, pero que la sacaba de la dura realidad cuando se sumergía en sus libros; saludo a su amiga con un abrazo, notando que estaba intranquila por la llegada de William.

—Chris espero no estés molesta por cancelar la salida, pero pensándolo bien — se acomodó en uno de los sillones libres. —, es mejor que vayamos a mirar esos vestidos, me hará bien tomar un respiro ¿Te parece?

A Christine le brillaron los ojos y accedió gustosa, había venido para saber que sucedió con William, pero la idea de ir de compras le gustaba más; de inmediato estuvo preparado el carruaje y partieron.

—Cuéntame Belle, has hablado con tu padre — pregunto Christine con evidente intriga.

—Aun no, lo único que sé es que duraron más de una hora hablando y cuando iba al salón verde, lo vi —Isabelle se perdió en sus pensamientos al recordarlo al final de esas escaleras con la vista en ella, mirándola tan cálidamente como si ella fuese el amor de su vida. — no sé de donde saque el valor Chris para hablarle sin dudar y no salir corriendo a sus brazos a decirle que aún lo amaba y que lo perdonaría las veces que fuera necesario.

Christine abrió los ojos como platos al oír a su amiga —pues mantén tu cabeza fría y la cordura en el puesto isabelle, —reprendió a su amiga y enarco las cejas —recuerda que él se burló de ti, además ya pusiste en marcha tu plan, así que no quiero que te doblegues.

Su amiga había sido dura, pero, era verdad y en cierto modo necesitaba que alguien la plantara en el suelo haciendo que afrontara la realidad, William se había burlado de ella y tendría que pagar por ello, y como mujer, sabía que armas usar.

—Bueno — bajo su mirada hacia sus manos —Prometo no volver a distraerme... contemplando a William — bufo, levanto la mano derecha y soltó una risa.

— ¡Pórtate seria! —exclamo Christine con enojo ante la falta de seriedad de su amiga. —Definitivamente, a veces olvido que eres mayor que yo — se llevó su mano derecha a la frente mostrando desasosiego, pero en el fondo no podía culparla, esa era su manera de no derrumbarse ante lo que estaba por vivir.

Sintieron que habían llegado a su destino cuando el carruaje se detuvo, bajaron muy contentas dentro de poco el conde de Wellington; hermano de Christine, ofrecería una recepción de caridad y necesitaban vestidos nuevos para la ocasión, antes no le hubiera importado que usar, pero ya que no tenía nada que perder y no iba a cohibirse de usar hermosas prendas y menos sabiendo que por primera vez el Regent había traído modelos de vestidos directamente de Paris e Italia.

Entraron muy bulliciosas para ser de alta sociedad pero a ninguna le importo y en un descuido de Isabelle choco con uno de los clientes de allí encontrándose con la miel mirada que tanto le agradaba últimamente.

—l-lo siento mucho —no pudo articular más palabra ya que se quedó prendada por el hombre que la tomaba por la cintura para que no se cayera.

De inmediato reaccionaron y el quito sus manos de ella con coraje, hubiese querido tenerla abrazada por más tiempo, pero sabía que había sido un error garrafal el haberla tomado de esa manera; miraron alrededor y al parecer nadie se había percatado de la situación e inclusive su amiga había quedado hechizada con un vestido y no le había visto, dieron gracias en su interior hubiera sido un escándalo donde la hubiesen visto y no se podía permitir un acto así, no ahora.

—Fue mi culpa, no debí... — sus palabras fueron calladas dulcemente por el conde.

—No tienes por qué disculparse, —se cercó sin que nadie se diera cuenta a ella —No me ha molestado en absoluto. — Isabelle bajo la mirada avergonzada, ese hombre gozaba viéndola sonrojada, era lo que más le gustaba de ella.

—Veo que disfruta cuando estoy en situaciones incomodas —insinuó dulcemente haciendo que el conde la mirara con los ojos más oscuros de lo normal.

—Solo si es conmigo — su audaz respuesta no la esperaba por lo que decidió cambiar de tema antes de terminar en el camino equivocado y como ya le había dicho su amiga, tenía que estar bien pegada al suelo.

— ¿y que lo trae por estos lados? No creo que quiera uno de estos vestidos para su armario —Cada día descubría una nueva faceta de ella, lo cual le encantaba, no evito soltar una risa y seguirle el juego.

—Definitivamente no, no creo que mi pecho quede bien en ellos — hizo un gesto y se miró, Isabelle lo miro con socarronería, iba a contestar pero una voz conocida no lo permitió.

— ¡Conde! Qué curioso encontrarlo en este lugar — expresó Christine que aún se encontraba encantada por los vestidos que acababa de ver.

—Por hoy soy el edecán de mi madre — aclaro, — pero no me quejo, valió la pena —le dio una mirada a isabelle quien le mostro una sonrisa por primera vez sin sonrojarse.

No podía evitar que el conde le revolcara el mundo cada vez que estaban juntos, por alguna razón que desconocía sus encuentros se daban en situaciones poco comunes.

—Siento mucho dejarlas señoritas, al parecer mi madre ya ha terminado al fin su día de compras. —les dio una reverencia, tomo la mano derecha de cada una y les dio un cálido beso; maldijo en su interior al no poder tocar la piel de Isabelle por culpa de esos incomodos guantes; lo observaron mientras el salía con una muy conservada dama para su edad.



JENN DUHEE

Editado: 05.10.2019

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