Un diario olvidado

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Capítulo III: Heridas del corazón

16 de Diciembre del 2031. Hora. Desconocida.

La muerte de aquel viejo no deja de rondar por mi cabeza y los pensamientos de "pude haber hecho algo" no me dejan tranquilo. Quizás si hubiera reaccionado antes él seguiría con vida.

El sonido de la puerta abriéndose me hace tomar mi cuchillo lo más rápido que puedo mientras un tipo fornido entra a la habitación con una polera de mangas largas.

Carlos: Tranquilo, no te haremos daño. Me llamo Carlos. Ayer te encontramos tirado en la entrada de ésta casa, te revisamos y no tenías ninguna herida que pareciera hecha por los zombis, así que te dejamos en ésta habitación.

Tienes suerte de que Érika te encontrara afuera pues en las noches la temperatura desciende mucho y hubieras muerto congelado. Dime chico, ¿Qué hacía alguien como tú a esas horas de la noche?

José: Regresaba de una misión.

Carlos: ¿Qué clase de misión? Dudo mucho que alguien como tú este en el ejército o algo.

José: No, no estoy en las fuerzas armadas, era para sobrevivir con mi grupo. Debía de recolectar alimentos, medicinas y armas. Además debo regresar con mi grupo antes de que oscurezca, no tengo mucho tiempo, debo irme.

Carlos: Tranquilo chico, tienes tiempo aún, podríamos ayudarte si así lo quisieras, eso sí, tendrás que convencer al resto de mi grupo.

No sé qué decir, Lissana me dijo que no debía confiar en las personas que encuentre afuera, pero de verdad necesito su ayuda.

Luego de pensarlo le digo a Carlos que acepto.

Carlos: Muy bien chico. Cámbiate esa polera que traes y vamos afuera.

Carlos me dejó una polera de mangas largas y me dijo que me esperaban abajo, que no demorara mucho.

Mientras que me cambiaba la polera pude notar que la mía estaba bastante destruida, no sé cómo pude aguantar el frío de la noche. Tomé mi mochila y me retiré de la habitación.

Cuando llegué al primer piso, 4 personas me esperaban en el patio trasero, incluyendo a Carlos. Era el grupo que vi ayer. Carlos se estiraba mientras les explicaba a su grupo que yo había solicitado su ayuda.

Marco: Así que necesitas nuestra ayuda, dime ¿qué necesitas exactamente?

José: Tengo que entregar unas provisiones antes de que anochezca mañana y su ayuda no me vendría mal.

Carlos: Déjame presentártelos, el muchacho que ves ahí se llama Marco. Ese anciano se llama Miguel y la chica de allí es Érika, ella te encontró ayer.

Érika y Marco se veían algo cansados y sudados. Antes de decir una palabra ella entró a la casa mientras decía que tomaría una ducha.

Bueno, En cuanto a armamento tengo el suficiente para mi grupo, las medicinas que me solicitaron ya las obtuve, sólo me falta la comida.

Marco cruzó los brazos mientras que lo pensaba.

Marco: Sabes, nosotros tenemos lo que necesitas, está a unas cuadras de aquí, te ayudaremos pero debes de probar que no serás una carga y que puedes defenderte sólo. Si tú ganas, te diremos dónde están las provisiones y te ayudaremos a llevar lo que necesites a tu grupo.

José: ¿Qué pasará si pierdo?

Marco: Lo pierdes todo, así de simple… bueno, no podemos quitarte todo, sería como matarte, pero sí la mayoría de tus recursos.

José: Eso no fue lo que dijo Carlos.

Marco: ¿Quién dijo que Carlos era el jefe aquí? Una cosa más, te dejaremos elegir contra quien pelearás para que sea justo, o al menos eso creo. ¿Qué dices, aceptas?

¿Qué debería hacer? por un lado obtengo lo que necesito, pero si pierdo ellos se quedarán con mis cosas.

Ellos no se ven tan fuertes, soy más rápido que Carlos así que tengo más ventaja en cuanto a velocidad. Por otro lado si él me asesta un golpe puede que la tenga muy difícil.

Marco es menor en edad y tamaño, podría ganarle también, aunque no debo subestimarlos, supongo que me arriesgaré, aunque probablemente me arrepentiré de mi estúpida decisión.

José: Marco, acepto tus condiciones. Pelearé contra Carlos, si gano me ayudarán.

Marco: Y si no, perderás todo y te irás.

Carlos se acercó con una sonrisa sarcástica y me dijo.

Carlos: Sabes odio hacer esto con los nuevos, sin embargo, creo que has elegido bien.

José: Me llamo José y me vale madres tus creencias.

Marco hizo una señal para que iniciemos a pelear y así lo hicimos. Carlos se movía lento pero los golpes que intentaba darme eran fuertes.

Haciendo una finta logré asestarle un golpe en la cara, él retrocedió unos pasos y me miró fijamente. Luego de acostumbrarme a su ritmo empecé a atacarlo con más fuerza y, como era de esperarse empecé a cansarme. Entonces Marco dijo algo que hizo que me preguntara si tomé la decision correcta.

Marco: Vamos Carlos. Deja de jugar con él y pelea en serio. No sabremos hasta dónde puede llegar si no hacemos que se esfuerce al máximo.

José: E-espera, intentas decirme que él ni siquiera ha empezado a pelear.

Marco: A Carlos le gusta lucirse en estas cosas. Tienes que pelear en serio o vas a perder José. Deberías apresurarte. Fallarás en tu misión si no terminas antes del atardecer esta pelea. No te puedes rendir, la pelea no acaba hasta que uno de los dos no pueda más.

José: Mis puños empezaron a temblar mientras la figura de Carlos se acercaba más y más. Cuando él iba a asestar un puñetazo , me cubrí con ambos brazos para que no me dé directo en la cara pero salí disparado estrellándome de todas maneras.

Mientras me ponía en pie para continuar, él se acercaba un poco más rápido que antes.  Si él es el más débil. No me quiero imaginar que tan fuertes son los demás.



Adegea S. L.

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En el texto hay: zombies, humor y romance, suspeso

Editado: 19.05.2019

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