Un momento para brillar.

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Capítulo 8: Vista de angel

Desde el punto de vista de un pequeño ratón, todo iba de mal en peor, Scarlett había sido arrastrada fuera de su hogar, su padrastro mientras más ebrio estaba más horrible le trataba, los días eran complicados para ser más especificos, cuándo despertó se encontró en un cuarto de 4x4 y apenas iluminado, había un espejo muy viejo y húmedo lleno de moho, lo primero que recordó fue al viejo quién la arrastraba, en su mente vagaba  la idea de todo lo que le haría, o que más de lo que ya no le a hecho. Chilló ahí mismo de rodilla sobre un piso de cemento bastante mal y abrazada por cuatro parades mugrientas.

Mientras estaba allí de rodillas algo rechino, seguido de una cerradura abriéndose, seco sus lágrimas eh intento permanecer lo más tranquila posible, al abrirse un hombre alto medio canoso entró, su cara estaba llena de cicatrices y una gran nariz llena de huecos muy minúsculos, era alguien asqueroso, pero ese alguien no era su padrastro, no era aquél hombre desagradable, el hombre extraño camino hacia ella y de detrás de un espejo tomo un pequeño bisturí, miro a la chica ahora atemorizada y pronunció con estridente voz. —Tranquila, la mercancía antes debe ser marcada —le tomo por la fuerza de sus manos y la acostó boca abajo —dolerá un poco— dijo rasgando la ropa que cubriría su nuca y luego comenzando escribir una señal, su dolor era increíble y justo antes de que se moviera más aquél bisturí, logró brincar y soltarse de sus manos, haciendo que al viejo sele clavara el bisturí en sus manos arrugadas —¡Maldita perra! — grito mientras Scarlett corría, huía por un pasillo oscuro hasta que finalmente vio la luz de día.

Por su nunca corrían gotas de sangre, creía que alfin vería la libertad, a pesar de ser pocos días eso era una condena para ella, sus ojos se iluminaron al ver un auto acercase llegando casi a llorar de alegría, pero pronto todo se volvió gris, era su padrastro, ella cambió de dirección y corrió otra vez hacia la planta de maíz abandonada, pero ahí la esperaba aquél horrible ser, del correr de tropezó y al caer dobló su tobillo cojeando un poco buscando ser libre, todo hasta que recibió un fuerte golpe y calló de rodada al piso.

—Espero que tu zorra valga el precio —escucho la voz de aquél viejo —Claro, claro que si no pasa nada —respondió su padrastro mientras que era llevada de vuelta hacia aquél lugar tan desagradable.

Un día después la policía pisaria aquélla zona, encontrando la bufanda de la chica y un zapato, lo noticia buena era que la chica debería estar cerca, la mala era la sangre en su bufanda, que aunque era poca no era un buen inicio, pero lo mejor según el director era no alertar a la comunidad, que pensarían de su colegio.


Bueno acá les dejo el capítulo 8
 


 



Emanuel Kant

Editado: 13.08.2019

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