Un Nuevo Amanecer

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02

Los cinco quedaron observando el lugar y charlando. Hasta que uno de ellos le habló a Stephan.

—Steph, creo que la chica no quiere saber nada contigo, ¿no? —le contestó con gracia.

—Me di cuenta. Pero es muy bonita —le dijo mirando con atención a Ginger.

—Sí, lo es —le asintió el de la cicatriz.

Diez minutos después, los batidos ya estaban sobre la bandeja para ser servidos.

—Aquí tienen sus malteadas —comentó dándole a cada uno su pedido.

—Discúlpame, ¿podrías decirnos tu nombre? —le preguntó el pelirrojo.

—Soy Ginger —le contestó con una sonrisa—. Si no se les ofrece nada más, los dejaré porque tengo que seguir atendiendo a los demás clientes.

—Gracias, cualquier cosa te avisamos —le dijo el rubio.

—De acuerdo —les emitió.

Una voz de mujer, llamó por su nombre a la joven, la cual esta se dio media vuelta para atenderla ya que se había sentado.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó seria.

—Vine para hablar contigo —le dijo, sin apartar la vista de ella.

—Yo no tengo nada de qué hablar contigo. Lo aclaramos todo —le respondió sin querer escucharla por más tiempo.

—Pero yo quiero decirte lo que pasó realmente —se excusó.

—Lo vi con mis ojos lo que pasó realmente madre —le contestó seria y de muy mala manera.

Ginger se alejó de la mujer, para acercarse al mostrador y dejar la bandeja sobre el mármol de la barra.

—¿Qué pasa Gin? —le preguntó preocupada Nancy.

—Nada, la señora ya se iba —volvió a acercarse a la mujer—, ¿no es así? Espero no volver a verte por aquí o que te cruces en mi camino, hubiera preferido ser huérfana antes que tener una madre como tú —escupió con resentimiento—. La verdad que tenía razón mi padre cuando se divorció de ti, eras y seguirás siendo una mujer fácil —le manifestó con enojo en su voz—. No te preocupes por mí, no necesito nada tuyo, todo te lo puedes quedar, incluso con lo que más quise, no quiero que te preocupes si estoy viviendo bien o mal, porque desde ayer supe cómo te importé y aunque no sea mayor de edad, me puedo cuidar sola —le terminó de decir y luego se fue hacia el mostrador, sintiendo las miradas de aquellos cinco hombres.

—¿Te sientes bien Gin? —le preguntó con preocupación Nancy.

—Sí, solo necesito un poco de aire fresco —le respondió con la cabeza agachada.

—Ve al patio trasero, si los clientes necesitan algo, te llamaré —le dijo guiñándole un ojo.

—De acuerdo, en un rato vuelvo de todas maneras, así me despejo y sigo atendiendo. En cinco minutos entro —le respondió y salió del recinto patinando por delante de ellos y yendo hacia la otra puerta, la cual salía hacia el exterior del local.

Por otro lado, el grupo no dejaba de hablar entre ellos.

—¿Ustedes escucharon lo que pasó? —les preguntó Alfie, el moreno.

—Sí. Mis oídos escucharon lo mismo que los tuyos —le dijo Henry, el de la cicatriz, mientras sorbía lo último que le quedaba del batido—, estuvo muy rico el batido. Creo que pediré otro —decidió al mirar su vaso vacío.

—Yo pediré otro también —acotó William.

—Yo los acompaño muchachos —expresó Stephan—. Me gustó mucho mi batido pero la que más me gusta es la cereza que nos atendió, aunque me parece que tiene problemas con su madre y no se escucharon nada buenos —dedujo con intriga.

—Es verdad, debe tener un problema bastante serio como para haberle dicho aquello a su propia madre —contestó Konnor—, en fin, ¿pedimos otra ronda? —les sugirió a los demás.

Cuando uno de los chicos llamó a Nancy para preguntar por la joven, Ginger estaba entrando nuevamente.

—Ahí la tienen —les gritó señalando a la joven.

—¡Gracias! —les devolvieron la respuesta.

—¿Me llamaban? —les inquirió la muchacha.

—Sí, ¿podrías traernos cinco batidos más de los mismos gustos? —le apostilló el de pelo oscuro, sonriéndole.

—Claro —le correspondió el gesto—. ¿Quieren algo más aparte de los licuados? —les interrogó mirándolos.

—Sí, ¿sigue no disponible la cereza que quiero? —le volvió a preguntar sonriente.

—Creo que se está desubicando demasiado —le comentó con algo de incomodidad—. No estoy disponible, ni para usted y para nadie —le respondió con una sonrisa burlona.

—Creo que me rindo —suspiró con exageración fingida y bajando la cabeza—, la cereza que tanto quiero jamás llegará —volvió a decir Stephan con un puchero y observándola como un perrito por atención.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: cantantes, fama, exprometido

Editado: 21.08.2019

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