Un Par muy Impar

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Capitulo 2

Capitulo Dos: Noche de alcohol.

 

Hace un frió de mierda.

¿En que estaba pensando cuando decidí que bañarme en la lluvia era buena idea?

Ah, si. Ya lo recuerdo.

El cuerpo de mi tía estaba fresco cuando lo enterraron.

Estoy segura que mis amigas piensan lo mismo. Claro, excluyendo el pensamiento deprimente.

—¡Que puto frió!—. Exclamó Cintia desde el asiento de atrás. La observo desde el espejo retrovisor y veo que está recorriendo sus manos por sus brazos una y otra vez intentando entrar en calor.

Me inclino hacia el frente subiendo la calefacción al máximo.

—¿Lo suficiente caliente ahora?

Me mira y me sonríe pero no una sonrisa cualquiera. Sino, una de sus famosas sonrisas come mierda. Normalmente las saca a relucir cuando va a soltar un comentario sarcástico de su muy amplio repertorio.

—Gracias querida. Te amo tanto, que, sufro hipotermia por ti. Si eso no es amistad no se que sea—. Le da a Mariana una mirada.

Mariana solo rueda los ojos y sigue conduciendo.

Me río un poco, porque sé que Cintia quedó algo insatisfecha con la falta de atención de Mariana.

Siempre fue y es así. Cuando éramos pequeñas, todo era discusiones.

Nos conocimos en el segundo grado y al instante las cinco nos caímos mal. Fue algo así como el instalove pero de forma contraria. Simplemente, nuestras personalidades chocaban mucho, y al estar, en el mismo salón, era algo difícil evadirnos unas con otras.

Hasta el quinto grado, empezamos a crecer, la pubertad nos estaba atacando. Y similar-mente la rivalidad que una vez nos hacía imposible vernos se volvió algo estúpido e insignificante. Desde ese momento, aprendimos como tolerar nuestras diferentes personalidades en un solo espacio con discusiones ligeras, pero sin pasar a mayores.

Claro, eso no significa que las personas fuera de nuestro círculo de cinco se salvan de nuestro temperamento de mierda.

Qué pena por ellos.

—Hoy vamos a salir.—anunció Francisca desde el asiento de atrás.

Giro mi cabeza para verla mejor, y apoyo mi cuerpo girado hacia el lado derecho sobre el asiento. Tenía la mirada pegada a la pantalla de su iPhone.

¿Con quién estaba hablando?

—¿Con quién estás hablando?.— Agatha siempre leyendo mis pensamientos incluso antes de que logré sacarlos fuera de mi mente.

—Con Brad. El, Walter y Ben están en el nuevo club del centro, dicen que vayamos y nos dejarán pasar sin hacer la fila. El padre de Ben es amigo del dueño.

Cintia soltó una exclamación de afirmación ante la mención de su novio,Walter, una noche de sexo y no pagar bebidas.

—¿Como se llama el club?—inquirió Agatha al ver que ya estaban haciendo planes. Sin preguntar antes, si queríamos salir esta noche.

Típico.

—Éxtasis.—Francisca se inclinó y acerco su teléfono más a su rostro—. Sip, éxtasis. Hasta el nombre nos dice lo bien que la vamos a pasar.

—¿Y, que te hace pensar que tengo ganas de sexo y alcohol?—le digo enarcando una ceja.

Francisca, por fin despega la vista de su teléfono para verme. Me miró fijamente por unos segundos y luego río.

Hija. De. Puta.

Discúlpeme señora Pérez.

Francisca estaba soltando unas carcajadas tan largas que se estaba ahogando.

Hija. De. puta x2.

—Karen Sánchez, el alma de la fiesta, la perra inalcanzable, a la que todos enamora y sobre todo, adicta al sexo. Y folla como una coneja ¿No quiere una noche de sexo y alcohol? ¿Es que acaso se está acabando el mundo?. Ah, de seguro por eso está lloviendo—. Soltó otra larga carcajada y esta vez se le unió Cintia.

Luego de un rato todas nos estábamos riendo como poseídas.

Malditas locas.

Me puse sería y le dije:—. Ya, enserio. Hoy no es día de fiesta para mi. No tengo ganas de sexo y alcohol.

Todas paran de reír y me miran. Se miran entre ellas.

La confusión grabada en sus rostros solo me dan más ganas de reír. Aunque, no lo hago, porque pensaran de nuevo que estoy bromeando y no lo estoy.

En serio, no lo estoy.

Bueno, por hoy.

—¿Hablas en serio?— . Francisca no salía de su asombro. Si abría más su boca, probablemente se rompería la mandíbula.

Rodé los ojos.

—¿Porque estaría bromeando?.—. Las notas de exasperación se estaban filtrando a través de mi voz.

Agatha me miró y sabía que ella estaba empezando a notar que estaba a punto de empezar otra discusión así que intervino.

—Yo creo que K, fue clara. Y dijo que no iba a ir. Es más, yo creo que tampoco tengo ganas de asistir.—ahora toda la atención la tenía Agatha.

Gracias a los cielos. No tengo ni una maldita pizca, de ganas en mi cuerpo para aguantar una discusión con las dos perras más insistentes que conozco.

—¿Como que tú tampoco vas?—. Cintia se estaba encendiendo, y no de buena manera. De esa que traía orgasmos y mucho placer.



Bazzibea

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Editado: 31.07.2018

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