un príncipe en mi camino

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Capítulo 3

El  rostro de Miguel se deformó cuando notó el pequeño departamento, que parece la casa de juguetes de su sobrina, y la pequeña porción de arroz y carne de cerdo de baja categoría, más una bebida cola que jamás había probado en su vida. Carolina alzó las cejas al notar su expresión acababa de terminar de preparar la comida y con el cucharón en mano ha notado desde un principio que aquel hombre no esta conforme. Suspiró, luego del espectáculo que hizo durante el trayecto a casa mínimo debería mostrarse más agradecido.

 

—¿Que es esto? —le preguntó sin mirarla mirando el plato como si le estuvieran jugando una broma.

 

—Comida —respondió la mujer con naturalidad aunque ya su paciencia, que es poca, se esta desbordando al límite.

 

—'¿Esto? —se levantó ofendido mostrando la comida que ella le ha servido.

 

Carolina cruzó los brazos apretando los dientes también ofendida por su actitud poco agradecida.

—¡Es comida de pobre! —exclamó Miguel ofuscado—. ¿Además que es este lugar? ¿Una caja de fosforo? Hasta la casa de mi sobrina es más grande que esto ¡No hay condiciones mínimas de comodidad en un lugar tan pequeño como este! 

 

La mujer sonrió aunque es claro que ya esta molesta, ya que cruzó los brazos en actitud amenazante. Miguel lo intuyó pero tampoco piensa retractarse de sus palabras, cuando todo lo que ha dicho tiene razón en su cabeza ¿Como es posible que un ser humano viva de esta forma?

—Bueno, si no le gusta, a su majestad —recalcó esto último con ironia—. Puede tomar sus cosas y mandarse a cambiar, aunque tal vez el único lugar que le quede es la calle, ahí vea usted, si esta "caja de fósforos" es peor que estar en la calle...

 

El príncipe tragó saliva, y aunque arrugó el ceño incómodo por la burla de la joven mujer, sabe que no esta en posición de rechazar esto, aunque sean migajas. Entrecerró los ojos y tomó asiento, y sin decir más se puso a comer. Carolina solo movió la cabeza a ambos lados y fue a servirse comida, de verdad que clase de educación le han dado a este hombre que parece sacado de un mundo tan opuesto al suyo que desconoce la realidad de miles de personas, en cierta forma eso la fastidia aun más. 

 

Miguel no sabe si el no haber comido nada durante el día hace que aquella simple comida tenga buen sabor, aunque claro no se compara a la comida que le preparaba el chef real, cerró los ojos un instante deseando que la pesadilla que esta viviendo se acabe de una vez y su hermano reconsidere su decisión y lo deje volver a casa, si tan solo esta mujer lo ayudara a convencer a su hermano el problema podría arreglarse más rápido. Terminando de comer se levantó decidido a que mañana sí o sí hara que ella hablé con el rey y le diga que todo fue un mal entendido.

 

—Me iré a dar un baño —exclamó sin siquiera dar las gracias por la comida yendo rumbo al baño.

 

Pero se detuvo de golpe al ver las dimensiones de aquel baño, tragó saliva y aunque quiso reclamar por la poca capacidad del arquitecto que construyó dicho lugar, prefirió guardar silencio, y entró a la ducha golpeandose contra la pared, con la taza de baño que sintió que lo acosaba y dandose un cabezazo con el techo. De verdad que la situación no podía ser peor. En silencio y con expresión amenazadora, Carolina le dejó un par de toallas antes de retirarse.

 

—¿Que le pasa a esta mujer? —suspiró dejando caer el agua tibia en su rostro—. Es como si siempre estuviera mordiendo un limón, aunque claro viviendo en un lugar tan pequeño es entendible ese mal carácter.

 

Salió de la ducha secándose el cabello, no había tenido más opción que ponerse la misma ropa, al llegar a la sala vio a la mujer que acababa de terminar de preparar el sillón, arrugó el ceño.

—¿No me digas que estas pensando que yo duerma en ese lugar? —preguntó estupefacto.

 

—Claro —Carolina entrecerró los ojos—. ¿O acaso crees que te voy a invitar a compartir mi cama?

 

—No, pero pensé que yo dormiría en tu cama y tú en el sofá —respondió con sinceridad.

 

La mujer abrió los ojos sin creer lo que había escuchado. Solo movió la cabeza a ambos lados, ya esta tan cansada que solo quiere dormir y ni ganas de seguir peleando con aquel hombre. 

—Bien, yo me voy a dormir, mañana tengo clases, así que buenas noches eh... ¿Cuál es tu nombre? —preguntó alzando las cejas.

 

—Miguel —respondió de mala gana creyendo que ella fingia no saber su nombre.

 

—Bueno, buenas noches Miguel, descansa —y se retiró sin esperar sus palabras.

 

El príncipe bufó sin que ella lo notara, como si fuera posible descansar en un lugar como ese, suspiró intentando acomodarse en el sofá y al sentir que no es tan blando y mullido como las camas a las cuales esta acostumbrado a dormir le costó encontrar una posición en la cual sentirse cómodo. Se quedo con los ojos abiertos mirando el lugar en la oscuridad rogando que al despertar todo esto no fuera más que una pesadilla.



A.L. Méndez

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En el texto hay: amor comedia, familia real

Editado: 03.01.2020

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