un príncipe en mi camino

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Capítulo 6

Carolina arrugó el ceño incómoda por la fija mirada compasiva de Miguel, ya le estaba molestando porque desde el día que llegaron de la comida con su hermano Manuel y con Ismael él no dejaba de mirarla así.
¿Que le habrá dicho su hermano? Bufó notando como Miguel se ponía de pie de repente y se arreglaba tal y como si fuera a salir.

 

—No se supone que hoy me das clases de conquista —musitó aunque la verdad lo que menos le interesa son esas clases, solo quiere saber a dónde va a salir.

 

—Tengo asunto pendientes —habló con seriedad poniéndose un abrigo.

 

—Afuera hace calor —señaló con expresión desinteresada.

 

—Ok —respondió y fue claro que no la escuchó.

 

Salió antes de que Carolina quisiera preguntarle algo más porque la verdad que ni él sabe a qué va. Romualdo, su viejo sirviente lo citó para hablarle pero no le dijo de que tema hablarían.
Por otro lado no deja de pensar en las palabras de Manuel, el hermano de Carolina sobre su triste historia. De verdad aunque ve que esa mujer monstruo no parece tener debilidad parece que en el fondo si la tiene.

 

Estiró los brazos al caminar en la plaza y se detuvo al ver a un grupo de niños correr. Tal vez el hecho de que pueda entender el dolor de Carolina es porque él comparte un dolor similar. Sus padres fallecieron cuando era solo un niño pequeño y su hermano mayor asumió su cuidado pero nunca estaba físicamente con él y por ello lo culpó por años. A diferencia de Carolina que buscó independizarse de su hermano, ser una carga menor, él se convirtió en todo lo contrario y atrajo más problemas que soluciones.

 

Entrecerró los ojos haciendo una mueca.
—Aún así no es justo el castigo de expulsarme —y cruzó los brazos cerrando su mente para no sentirse culpable.

 

Caminó con las manos en los bolsillos, pateando piedras y recordando las Miles de veces que su hermano mayor, ya rey, lo mandaba a su cuarto cansado de sus rebeldía.

 

—¿Señor? —escuchó una voz conocida viendo al viejo anciano parado frente a él. —Es un gusto volverlo a ver, joven señor, veo que está bastante saludable —exclamó el anciano invitándolo a tomar asiento en la mesa en donde se encontraba sentado.

 

Miguel se sintió a gusto en aquel lugar a pesar de su sencillez, la comida de estos lugares le estaban pareciendo exóticos y divertidos. Luego notó la expresión preocupada del hombre mayor y aunque le sonríe el dejo de preocupación es evidente.

 

—¿Qué pasa? —le preguntó sin dejar de devorarse los panecillos que les dejaron en la mesa mientras preparan sus pedidos.


—Estoy preocupado por usted —levantó las cejas mientras el príncipe se quedaba mirandolo sin entenderlo.

 

¿Por qué preocupado por él? Ah sí, verdad que el malhumorado de su hermano lo expulsó a la calle solo con lo puesto, sin dinero ni nada, sonrió con irónia irguiendose en la silla y con expresión altanera señaló:

 

—¿Te mandó mi hermano? —y sin dejarlo hablar agregó—. Dile que estoy muy bien, no necesito su compasión pero si quiere pedirme disculpas lo estaré esperando acá.


—No, joven señor, él no me mandó acá, la verdad que —se notó incomodo— el rey ha hecho una puesta con el resto de los sirvientes de que usted no va a sobrevivir una semana más...


No alcanzó a terminar sus palabras ya que Miguel escupió la bebida que estaba tomando y se puso de pie tan ruidosamente que llamó la atención de todos los que estaban a su alrededor.


—¡¿Que se cree ese idiota?! —golpeó la mesa y se volvió a sentar con gesto de fastidio.—Ya vera, lo haré perder su estupida apuesta.


—¿Señor? —preguntó el anciano sin entenderlo.


—Voy a buscar un trabajo, como cualquier pebleyo, y verá que podré seguir viviendo con tanta elegancia como antes —respondió seguro de sus palabras.


El anciano leantó sus cejas en actitud compasiva, será dificil que un trabajo pueda darle los lujos a lo que esta acostumbrado.


—¿Y donde buscara trabajo? —le preguntó con curiosidad.


—Ya verás —le sonrió con complicidad.

 

*******************************

—¡¿Estas idiota?! —le gritó Carolina cuando escuchó su idea.


—¿Por que dices eso? —le preguntó molesto sin entender el porque se enoja de esa manera tan exagerada—. Además así podremos seguir practicando para conquistar a ese metalero.


—Se llama Ismael ¡Y no! No solo tendría que soportarte verte en mi hogar, ahora debería verte en mi trabajo —se agarró la cabeza sin creer en su mala suerte.



A.L. Méndez

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En el texto hay: amor comedia, familia real

Editado: 03.01.2020

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