un príncipe en mi camino

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Capítulo 7

Carolina está más nerviosa que el mismo príncipe en su primer día laboral, por eso cuando su compañera de trabajo Patricia le colocó una mano en el hombro saltó sin poder disimularlo.

 

—Vaya Carolina, tranquila, cualquiera diría que estas a punto de salir arrancando de pánico —se rio ante el serio rostro de la mujer.

 

La joven suspiró sin borrar su expresión preocupada.

 

—Temo que meta la pata —habló haciendo referencia a Miguel.

 

Patricia se largó a reír ante el rostro estupefacto de Carolina.

—Si que te preocupa...

 

—No digas eso —la interrumpió cruzando los brazos con molestia, intentando que la expresión avergonzara de su rostro no la delatara.  — Es solo que...  si hace todo mal de seguro el gerente me culpara a mí.

 

—La verdad es que es interesante —habló una mujer con semblante severo y una altura superior a ambas.

 

—Gerenta —murmuró Patricia.

 

—Yo aun no entiendo como lo pudo contratar —le susurró Carolina a Patricia intentando ser disimulada.

 

Pero la gerenta aun así pudo escucharla.

 

—Solo imagínenlo, como se llenará este lugar cuando corran las voces de que un príncipe atiende sus mesas, será genial —sonrió con visible emoción, aunque el dejo de maldad en su rostro las intimida.

 

Carolina ahí pudo entender como la razón del porque le fue tan fácil a ese príncipe conseguir trabajo en este lugar. En ese instante, Miguel entraba a la sala y se sentaba agotado en una de las sillas de descanso.

 

—Estoy reventado —exclamó suspirando.

 

—Pero si apenas llevas tres mesas —le replicó Carolina con las manos en la cintura.

 

—Las propinas tampoco han sido muy buenas, apenas llevo como 450 dólares ¿Pueden creerlo?

 

Ambas se quedaron atónitas ¡¿Cuatrocientos cincuenta dólares en solo tres mesas!? se asomaron a ver y vieron que en esas mesas solo hay mujeres de las familias más adineradas que existen.

 

—Buenos chicas, es hora de que ustedes también haga su parte —les llamó la atención la gerente aplaudiendo como si se tratase de un jardín de niños, pero su serio rostro no les da otra opción más que salir de inmediato a atender a quienes empiezan a llegar.

 

—Buenas tardes —saludó Carolina con una enorme sonrisa a dos mujeres mayores—. Soy Carolina y atenderé su....

 

—Disculpa —la interrumpió una de las ancianas con cierta confiabilidad—. Pero nos dijeron que el joven príncipe Miguel de Grimaldi está trabajando aquí, queremos que él nos atienda.

 

Ambas mujeres se rieron como un par de adolescente mientras Carolina no daba pie a lo que escuchaba, no solo Miguel se había metido en su departamento, en su vida, en su trabajo, sino que además ¡le robaba los clientes! Como respuesta solo sonrió con esfuerzo a las mujeres antes de volver a la sala de descanso y con expresión furibunda dio un golpe a la mesa en la que Miguel con la cabeza apoyada se acababa de quedar dormido. Despertó de un golpe, asustado, sin entender que pasaba y detuvo su mirada en el rostro de Carolina que parecía querer matarlo.

 

—Están solicitando tu atención en la mesa diez —exclamó apretando los dientes.

 

—Que yo sepa la mesa 10 es tuya —bostezó rascándose la cabeza.

 

—Lo sé, pero te están pidiendo ¿Qué quieres que haga?

 

—Está bien mujer, calma, voy —se levantó de mala gana.

 

No entiende porque esta tan molesta, no recuerda haberle hecho nada , incluso esta vez no se tomó todo el chocolate caliente como la vez anterior que casi lo echo del departamento por no dejarle nada, que culpa tenía él de que hicieran un elixir tan delicioso como ese. Camino arreglando su compostura, colocándose derecho y sonriendo, y se acercó a la mesa en la que lo han solicitado.

 

—Buenas tardes, queridas damas —se inclinó con cortesía pues nota que eso le gusta mucho a quienes ha atendido—. Soy Miguel Grimaldi y las atenderé con gusto.

 

Ambas mujeres lo miran emocionadas, no pueden creer que sea verdad, que alguien de la realeza las esté atiendo en este restaurant, sus amigas no les creerán.

 

Carolina en tanto se sienta de mala gana en el mismo asiento en que antes estaba Miguel descansando al sentir su calor aún se levantó nerviosa y quiso darse de cabezazos en la mesa por su torpe actitud.

 

—¿Qué pasó? —le preguntó Patricia al verla parada al lado de la silla mirándola como si la odiara.

 

—Es ese... ese príncipe —hizo un gesto como si quisiera ahorcar a alguien, pero terminó suspirando.

 



A.L. Méndez

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En el texto hay: amor comedia, familia real

Editado: 03.01.2020

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