un príncipe en mi camino

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Capítulo 11

No pudo concentrarse tanto en clases como le hubiera gustado y jugando con su teléfono buscó información de la familia de Miguel, pero solo aparecía él junto a su hermano mayor, en ningún lugar hablaban de la existencia de una hermana o hermanastra. Apagó el móvil suspirando y se levantó con rapidez para salir, las clases acababan de terminar. Salió con rapidez del pasillo sin esperarse encontrarse frente a Ismael, quien con los ojos abiertos se quedó mirándola sin saber que decir. Carolina luego de quedarse detenida en su rostro desvió la mirada más aun al notar que llevaba a una chica de cabellera clara de la mano, la mujer la observó con curiosidad, pero arrugó el ceño, molesta al ver con que atrevimiento ella no había despegado los ojos de Ismael. Y sin mediar palabras siguió su camino sintiendo a su corazón desbordarse del dolor, apretó los dientes. Pensó que había sanado, pero no es así. Aprisionó ambas manos sobre la correa de su mochila y caminó a pesar de sentir sus piernas temblar.


—¿Él te gusta? —escuchó la voz de una niña, y al levantar la mirada se encontró con Priscila quien detrás de un árbol observaba a Ismael y la chica que lo acompaña.


Carolina no supo que responder.


—Pero es un amor no correspondido —murmuró Priscila.


Y aunque esas palabras le molestaron a Carolina, que pensó que se burlaba de ella, al ver su rostro comprendió que lo decía con seriedad.


—Sí —y sonrió con tristeza—, es no correspondido.


La joven chica sacó unos binoculares ante su sorpresa y observó a Ismael hasta que ingresó a la sala junto con su grupo de amigos. Priscila escribió un par de notas en su libreta antes de sentarse al lado de Carolina, con expresión sería le ofreció unas galletas, las que mordía molesta.


—Hubiera preferido que fueras tú —le habló con sinceridad—. Aunque no fue un amor correspondido, a tu lado se veía más feliz, ahora me da la impresión de que sufre, no sé si por ti o por otro tema.


Carolina la observó sorprendida antes de sonreír.


—No, tal vez conociéndolo se siente culpable por rechazarme —se rio— Es un bobo...


Bajó la mirada al sentirse rodeada por la angustia.


—Pero a ti te sigue gustando —le replicó Priscila.


—El corazón es terco —señaló haciendo referencia a una de las canciones de Ismael.


Luego contempló con cautela a la chica que sigue devorando sus galletas sin prestarle atención, en cierta forma comparte la misma expresión de arrugar el ceño y la mirada perdida en sus pensamientos, como Miguel. Quiere preguntarle sobre él, pero no sabe cómo abordar el tema. Suspiró.


—Sí que eres tonta —musitó Priscila sin mirarla.


—¿Perdón? —preguntó Carolina enarcando las cejas.


Priscila se giró y se puso frente a ella.
—Sí, soy la hermanastra menor de ese tipo —entrecerró los ojos con rencor. — La hija fuera del matrimonio, del rey, el escándalo real. La vergüenza de los Grimaldi, ¿Como la hija de una simple sirvienta siquiera podría aspirar a llamar hermano a los príncipes de Grimaldi?


—Pero ¿Por qué dices eso? No...


—Porque eso fue lo que me dijo... Miguel —apretó los dientes—. Antes de decirme que nunca más me volvería a ver. Me engañó, toda la vida haciéndome creer que me quería, me engañó solo para buscar la oportunidad de herirme.


Volteó la mirada alejándose, en su gesto notó que aún le sigue doliendo esas palabras, pero para Carolina es difícil creer que Miguel fuera capaz de algo así. Aunque si lo hubiera creído del príncipe engreído y mal educado que conoció al principio. De repente Priscila recogió sus cosas corriendo, y sin despedirse se alejó con rapidez con la mirada detenida con rencor más allá de Carolina.

 

Cuando se giró a ver hacia donde está dirigido el rencor de Priscila se detuvo en la quieta figura de Miguel, que estupefacto no se mueve de su lugar.

 

*****************


—Tamara ¿Podrías ya soltarme la mano? —exclamó Ismael algo molesto por la insistencia de la mujer.


—Tu dijiste que te ayudara a mantener alejada a esa mujer —se alzó de hombros con despreció.
Ismael suspiró.


—Te dije que me ayudaras como puedo hablar con Carolina, no a hacerla creer que tengo novia o lo que sea que pretendías.


—No te entiendo, me pides ayuda con una mujer que se te declaró y no te gusta ¿No es lo mejor hacerle creer que somos novios y así te deja en paz? —masticó su goma de mascar con fastidio.


—No... —desvió la mirada deteniendo sus propias palabras, la verdad es que ella no puede entenderlo porque para él mismo es difícil explicar lo que pasa ¿Como podría decirle algo que prometió que jamás saldría de él? 



A.L. Méndez

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En el texto hay: amor comedia, familia real

Editado: 03.01.2020

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