un príncipe en mi camino

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Capítulo 13

Carolina lo quedo mirando sin creer lo que acababa de escuchar ¿Cenar afuera? ¿En estas fechas? Enarcó las cejas contemplándolo con poca credibilidad.

 

—¿Y tienes reserva? —le preguntó.

 

—Los Grimaldi no necesitamos reservas —exclamó con actitud altanera ante el serio rostro de su compañera de piso.

 

—¿Y tienes dinero para pagar algo así? —lo miró preocupada—. ¿No pensaras gastarte todo tu sueldo?

 

El príncipe arrugó el ceño, sintiéndose rechazado desvió la mirada, incómodo.

 

—No acostumbramos a celebrar el año nuevo en lugares de lujos, se escapa de nuestro presupuesto —cruzó los brazos, intentó sonreír notando la desilusión del príncipe—. Pero puedes celebrar con nosotros, aunque nuestra cena es bastante humilde a lo que puedes estar acostumbrado, y solemos hacerlo acá.

 

Miguel suspiró dándole la espalda.

 

—Con Manuel, mi hermano, solemos juntarnos y visitar a nuestros padres. Después del cementerio volvemos a mi departamento, y él prepara la cena —se rio al recordarlo— Siempre la quema y cada año promete que el otro año no la quemara. Sé que no es un gran panorama, pero estas invitado si así lo quieres, sino entenderé que…

 

—Acepto —la interrumpió volteando y sonriendo—. Me da curiosidad saber cómo celebran los plebeyos el año nuevo. 

 

No supo Carolina como sentirse con eso, si halagada u ofendida, pero al notar la emoción de Miguel se sintió más confundida.

 

—¿Y qué hacemos primero? —le preguntó.

 

—Debemos comprar los ingredientes para la cena, pero no es necesario que vayas —le sonrió nerviosa—. No tengo para taxi y debo ir en metro.

 

La cara de asco de Miguel lo dijo todo, alzó las cejas porque se lo esperaba, la última experiencia del metro del príncipe no fue agradable para ninguno de los dos, ella porque debió pasar la mayor vergüenza de su vida, y él que se quejaba porque lo pasaban a llevar, que con un frenazo casi cayó encima de una abuelita, y que un hombre sudado y con un desagradable olor a axilas le pusiera el brazo casi en la cara.

 

—Puedo sacrificarme —apretó el puño con valentía—. Sí para ser parte del mundo plebeyo debo pasar por una tarea tan difícil como esa así lo haré.

 

—Eh… yo creo que mejor te quedas acá viendo caricaturas —intentó disuadirlo, pero no la escuchó, antes de esperárselo ya estaba Miguel listo y preparado para la difícil misión.

 

**********************

 

—¿Con que esta es la forma como preparan su cena? —habló Miguel observando exhaustivamente un tomate dentro del supermercado.

 

—¿Podrías dejar de hacer eso? —suspiró Carolina incomoda. Sintiendo que los observaban a distancia.

 

El príncipe hizo caso omiso a sus palabras y siguieron avanzando mientras que él seguía observando cada cosa con exagerada atención. Carolina en tanto nota que más personas los van siguiendo.

 

—¡Disculpa! —los interrumpió una mujer con brusquedad—. ¿Eres Miguel de Grimaldi?

 

Le preguntó levantando su celular con intenciones de grabarlo. Carolina preocupada estaba a punto de abandonar todo y llevarse huyendo a Miguel, ya que ahora la gente los rodeaba más, pero el príncipe en vez de preocuparse sonrió con tranquilidad.

 

—La verdad que me halaga, pero no soy aquel hombre ¿Se imagina? ¿Un tipo como ese en este lugar? Sí todos saben lo altanero que es, no vendría a un supermercado —alzó los hombros.

 

La mujer lo observó desilusionada, de verdad que pensó que era aquel hombre, les pidió disculpas y se retiró. Los curiosos se quedaron unos minutos murmurando su enorme parecido antes de retirarse del lugar.

 

Carolina no pudo evitar su sorpresa al verlo mentir con tanta tranquilidad.

 

—Estoy acostumbrado a hacerlo —le respondió sin esperar la pregunta—. Mientras más tranquilo, más creen lo que les dices —le sonrió con maldad. — ¿No dejas de sorprenderte conmigo? —se jactó con poca humildad.

 

La mujer bajó la mirada molesta y sonrojada.

 

—La verdad que no y déjame decirte que eres un…

 

—¡Genial! Pastel de chocolate ¿Lo llevamos? —le preguntó sin escuchar sus palabras.

 

Carolina solo suspiró.

 

*********************

 

Manuel se quedó sorprendido ante la presencia de Miguel. Lo saludó con la mayor cordialidad posible, el príncipe lo observó fijamente sin decir palabras haciéndolo sentir algo incomodo, la verdad que pensaba porque Carolina no podía ser tan simpática como su hermano y proyectar esa aura de amistad que lo rodea a él, pero su expresión tan seria hizo que Manuel pensara que solo lo estaba analizando molesto por su aparición en el lugar.



A.L. Méndez

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En el texto hay: amor comedia, familia real

Editado: 03.01.2020

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