Un verdadero amigo es para siempre

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO 10 Trabajo nocturno

Otra vez la vida en la calle de Oscar volvía a su ritmo natural, Mauricio, ya había dejado el problema de la bebida, y su familia era cada vez más unida y eventualmente, Oscar y Betty hablaban, pues ella se preocupaba por Boby.

El dueño de Boby ya llevaba buen tiempo trabajando en esa entidad, la época de reuniones llegó.

-No te olvides llevar los papeles!

-Sí, si no te no preocupes.

Oscar colgó.

-Boby!

Éste se encontraba caminando por la casa.

-Boby voy a salir, volveré tarde.

Después de una larga reunión, Oscar se encontraba cansado como todos.

Hasta luego, hasta luego se despedían los que se conocían. Por fin había terminado. Pero esta no sería la última.

Una mañana llegó el aviso de que las reuniones serían todas las noches.

-Será por esta semana hasta que se logre resolver el asunto-Dijo un empleado.

Así Oscar iba cada noche a encontrarse con sus colegas.

De regreso a su casa, Boby su mejor amigo lo esperaba, éste se había quedado toda la noche en la puerta de su casa, soñoliento y cansado.

Cuando el amo llegó a su casa.

-Hola Boby

Y su amigo movía contento su colita.

-Ya es hora de dormir, está haciendo mucho frío a esta hora debes entrar a la casa- Y juntos entraron a la casa.

A pesar del agotador trabajo, Oscar siempre estaba de buen humor.

Y Boby al igual que Oscar, estaba cansado pero siempre se ponía alegre por saber que su cuidador estaba bien.

Las noches pasaban calmosas, apaciguadas en la calle de Oscar, Boby se quedaba en casa toda la noche hasta que llegara su amo.

 

Pasaron los meses, era noviembre, por fin llegó la fiesta de [1]”Todos Santos”, el cementerio de la ciudad estaba atiborrado, las tumbas con los tradicionales [2]”Kanchakus”. Oscar sólo anduvo al cementerio dos días antes ya que luego se formaba una gran algarada. En su casa asentó sobre una mesa las comidas preferidas de sus difuntas, las flores, sus fotografías y un crucifijo, circundante del medio día se sintió una brisa que indicaba que las almas ya habían bajado del cielo. Oscar se preparó y saludo en voz alta a su familia, y luego rezó junto a Boby tres padrenuestros, tres avemarías y tres glorias con la invocación de protección.

Luego el día pasó normal Oscar se dedicó a hacer las labores de la casa, lavar la ropa, limpiar y ordenar la casa, cocinar y por la tarde salió al parque, que para su sorpresa no se encontraba tan lleno, el recordaba cuando sus hijas iban al parque ansiosas de jugar, generalmente iban los sábados, el juego preferido de toda la familia era la lancha, situada cerca de la réplica de la Torre Eiffel del parque “Bolívar”.

A pesar de la muerte de su familia, él se sentía bien y sabía que ellas estaban bien, así que durante la tarde fue a algunos museos y salió a pasear por la sosegada y tranquila ciudad con Boby.

 

Pasó el tiempo y la semana de reuniones volvió. Informes de fin de gestión y todo lo demás.

Una de esas noches, el Licenciado tuvo que tomar una ruta alternativa e irse por otra calle.

Vacía pero se veía y sentía peligrosa.

Habían algunos puestos de venta de hamburguesas y solo los focos de aquellos puestos iluminaban la calle, luego de avanzar media cuadra, justo antes de llegar a la puerta de una clínica se detuvo para revisar su maleta. Y escuchó:

-¿Has visto a Don Ernesto?

-Hoy es su día libre, solicitó vacaciones por unos días para arreglar algunos trámites que tiene pendiente.

- Ah! que bien que se tome vacaciones, el trabajo es agotador aquí- Hablaba una enfermera con una señora que al parecer era la administradora.

La infraestructura de la clínica daba mucho de qué hablar.

No parecía estar en orden ni ser algo serio, al menos si se miraba bien la parte alta de la fachada.

 

En los últimos pisos se podía apreciar claramente que no era un buen centro de salud, habían algunas ventanas rotas en cuartos sin luz.

A lado de la puerta principal estaba la entrada a un callejón con una puerta de reja, sintió curiosidad, estaba abierta y entró.

Oscuro pero estaba despejado, no había nadie. Aquel callejón era corto, tenía el piso de losa rota, como aquellos baches en la calle, Oscar siguió caminando, y pronto llegó a un patio donde había algo de luz que venía de la luna y el resplandor que las nubes dejaban pasar. Vio ciertos cajones de jeringas, trapos, objetos metálicos arrinconados en esquinas y montones.



Vanessa Hastings

#3705 en Otros
#410 en No ficción
#1401 en Relatos cortos

En el texto hay: mascotas, perros, amigos incondicionales

Editado: 15.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar