Una boda inolvidable

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Capítulo II

Daisy POV:

«Oh, lalala» murmuro para mi misma después de ver la alargada estatua conocida mundialmente como la torre Eiffel. 

Estoy en París —la cuidad del amor—, visitando a mi ex novio. ¿Ironías de la gran vida? Seguramente.

Lo primero que hago al salir del aeropuerto es ponerme contacto con mi hermana pequeña Samantha —quién estará muerta de preocupación—, mediante por mi celular. Un iPhone 6s. Aunque pronto lo cambiaré por LG V30. ¡Una pasada de móvil! Soy y seré siempre del team LG de corazón. ¡Viva Corea del Sur por crear esa maravilla de marca!

—Dígame —contesta mi hermana con la voz adormida.

¡Mierda! Exclamo al ver la hora. Es de madrugada en New York. ¿Acaso no puedo ser menos torpe? ¡No, claro que no! Dios para crearme, tuvo que tirar medio bote —todo el bote corrige mi conciencia haciendo su aparición a lo show televiso dentro de mi mente—, de torpeza. 

—Perdón por despertarte —me disculpo por incordiarla a estas horas. Tenía que haber comprobado la hora antes de llamarla—, Es que quería comunicarte que ya estoy en París. Me encuentro bastante bien, así que, no hay la necesidad de que te preocuparas por mi, cariño.

Desde el otro lado, se escucha un suspiro de alivio.

—Tranquila —dice sonriente—, Igual no estaba durmiendo. Estoy ocupada escribiendo la novela que debo entregar este mes. Y cuando iba a dormir, me vino la inspiración de repente, así que, no me quedó más remedio que levantarme y ponerme en ello —bosteza soñolienta—. Cuando vi el artículo, me puse a rezar para que no lo vieras. Sé que eres una persona inquieta y cuando ves alguna injusticia o que alguien no te trata como debido, no paras ni un segundo hasta que le enseñes una lección. Y luego te sientes orgullosa de ello.

Asiento, encogiéndome de hombros. ¿Qué voy a hacer? Tengo una vena justiciera.

—Y sé que Lorian es un capullo en letras grandes pero creo que no merece la pena que gastes tu apreciado tiempo con ese cerdo que solo te había utilizado para luego tirarte como si fueras una basura —sigue diciendo Samantha.

—¿Crees que a mi me apetece estar aquí? —gruño, sin poder evitarlo—, Lo último que deseo es ver a su maldita cara pero joder se ha metido con mi trabajo. Que él quisiera burlarse de mi me importa una mierda pero no voy a consentir que lo hiciera con mi trabajo. He trabajado duro para crecer y por ello no voy dejar que un soplapollas me arruine todo mi trabajo arduo.

—Entonces no me queda más remedio que decir “Ve a por ello, cariño” —susurre—. Ten cuidado, ¿sí? No quiero volver a verte sufrir por su culpa. Pero antes, ¿aún...?

La interrumpo impaciente. Sé que mi hermana pequeña me irá a preguntar si aún tengo sentimientos hacia Lorian. Han pasado casi diez años. Claro que lo he olvidado. Bueno, a veces me cuesta abrirme cuando un hombre tiene otras intenciones. Sin evitarlo, empiezo a recordarlo con todo lujo de detalles mi pasaso, ¡mi mente es mi enemiga! Un día de estos, le pediré un combate por ser una bruja maruja.

—¡No! ¡No! ¡No! —niego al instante elevando mi tono de voz—, ¿Cómo puedes preguntarme eso? Después de su abandono, lo pasé horrible. Parecía un fantasma, perdí el sentido de mi vida y solo quería encerrarme en mi cuarto y nunca más salir de allí —me callo por unos segundos cerrando mis ojos.

Siento como mis lágrimas poco a poco luchan por caer como si éstas fuesen una maldita lluvia. Pensar de nuevo en esos infieles recuerdos no me hacen ningún bien. Debo borrarlos para siempre. Tal vez, al final de todo, reencontrarse con él sería una buena idea. Le daría una memorable lección y al acto seguido seguiré con su vida, sin que el pasado tocase mi puerta de nuevo. Seré libre y probamente tendré una magnífica suerte —tampoco te pases de optimista replicó mi conciencia—, de encontrar finalmente el amor de su vida.

Ya no voy a dejar que el fantasma de mi padre y el de Lorian me amargasen más la existencia. Ya no más. ¿Enserio he pensado en eso? ¿Enserio le daré una oportunidad al amor? Al final, el aire romántico francés me ha venido bastante bien.

Ha sido como una posible cura para mi rota alma.

—Es que —empieza diciendo Sam nerviosa. Puedo percibir con solo el timbre de su voz que el cuerpo de ella está temblando. Puedo adivinar perfectamente que ella no quería que me pusiera nerviosa con lo que va a decir próximamente—, Como sueles salir con hombres sosos, aburridos que en vez de producirte deseo, te producen sueño. ¿Recuerdas a Michael? Ese ejecutivo con quién saliste —Asiento con un mm—, Pues gracias a él, he roncado como nunca. ¡Por dios, nunca he conocido un hombre como él! ¿Dónde lo encontraste? ¿En una feria de «Novios monótonos y aburridos»? En fin, ¿dónde estábamos? Que me he perdido.

Suelto una fuerte carcajada. Samantha es como mi pastilla de la felicidad. La quiero tanto. Es mi orgullo, mi bienestar y mi galaxia.



danavelvet

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En el texto hay: boda, paris, romance adulto

Editado: 05.06.2019

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