Una bruja cautivadora ©

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Capítulo Cinco: Atractiva compañía.

 

El fuego recorrió su cuerpo; el humo la quemaba, ahogaba y asfixiaba. El horror embargaba su ser, no podía moverse, no podía gritar, definitivamente no podía utilizar sus poderes. Estaba en el desierto, lo identificó rápidamente. Nada ni nadie la podía ayudar, ¿Cómo rayos llegó hasta allí?

Que lenta era su tortura, ¿Por qué no incinerarse y ya?

—¿Creíste que iba a concederte un final tan fácil, puta? — Esa voz la lleno de miedo, incluso más que el fuego.— Vas a pagar por todo lo que me arrebataste.

—Yo no te he hecho nada, estás equivocado.

—A mi no me vas a engañar con tu teatro.

—Mátame entonces, acabemos con esta tontería.—Tenía tanto miedo... ¿Quién era ese hombre?

—Todavía no. —Rió. —Quiero el placer de verte suplicar como lo hice yo en su momento.

—No lo haré. —Lo único que le quedaba era la dignidad, sabía que aunque rogara, su muerte estaba próxima.

—¿Ah, no? —El fuego se calentó más como si fuese posible, ante ella apareció su madre, tan pálida y delgada que parecía muerta.

—¿Mamá? —Respirar le dolía.

—Mi niña, es nuestro fin. —Palideció más y Alexa gritó aterrada. Abandonó todo pensamiento orgulloso, ya que su madre es más importante.

—Te lo ruego, déjala en paz. Por favor, por favor.

Su risa macabra la herizó. —No. —Escuchó el grito de Gabrielle y se confundió con el propio.

Despertó asustada, tanto así que se había sentado en la cama. Se puso de pie rápidamente y algo mareada busco a su mamá. Estaba dormida.

—¿Mamá?

Gabrielle respondió somnolienta. —¿Qué ocurre, cariño?

—Nada.—No quiso preocuparla, ya lo estaba por las dos. —Es que tuve un mal sueño, pero no es nada. Volvió a su cama todavía temblando, esa pesadilla estaba grabada en su mente, ¿Quién era ese hombre que las odiaba tanto?

***

Una caricia en su mejilla la hizo despertar, trató de no gritar de frustración al ver a Dagger, su cabello corto rubio como el sol y sus ojos verdes mirándola con un deje de compasión.

—¿Un mal sueño?

—No es tu problema.

—Fue Raymond.

—¿Quién?

—La persona que te persigue; su nombre es Raymond.

—¿Sabes por qué lo hace?

—No lo sé, brujita.

—¿Cómo sabes que fue él, el del sueño?

—Tienes el signo. — Señaló una cicatriz en su brazo. —Esa es la muestra de que alguien se adentró en tu sueño, debemos irnos.—Hablaba bajo tratando de no asustarle. Tarde.

—¿Irnos? ¿Contigo?

—Sí.

Gabrielle entró en la habitación, estaba vestida con jeans y blusa azul. —Las maletas están listas, cariño. Ve a bañarte, nos vamos ahora. —Alexa aunque desconcertada obedeció a su madre entrando al cuarto de baño. —Ya saben donde estamos, ¿vedad?

—Tienen información, pero hay que verificarla. Tengo amigos, Gabrielle, unos cazadores, hablé con ellos la situación y nos van a ayudar para despistarlos, pero lo van a notar, por eso tenemos que irnos ya.

—Gracias.

—Estoy disculpándome con ustedes. No me lo agradezcas.

—Ella no lo va hacer.

—Lo sé.

—¿Adónde nos vamos? —Preguntó Alexa saliendo del baño rato después, con unos jeans oscuros rotos y una camiseta blanca.

—Nueva York. —Sacó de su bolsillo dos pasaportes, y se los tendió. —No debemos descuidarnos, estarán tratando de revisar cualquier vía para hallarte. Gabrielle, encargate de hechizar a los guardias para que hagan la vista gorda.

—¿Yo? —Preguntó inocente ella.

—Te he investigado, ¿recuerdas? Sé los poderes que tienes.

—¿Cómo pudiste investigarla si nosotras no estamos cerca de la comunidad de brujos? —Alexa era muy lista.

—No siempre fue así, hace años ella estaba muy cercana a la comunidad. Sé donde preguntar.—Dagger no permitió que Gabrielle le dijera otra mentira a Alexa.—Vámonos.

Cinco minutos después abandonaban la casa que fue como su hogar desde once meses, en definitiva, no era su mejor día.

Ya en el aeropuerto, Dagger hablaba con Gabrielle animadamente, y Alexa observaba todo a su alrededor gente por todos lados, tranquilos, y sintió un poco de envidia al ver unos chicos de su edad riendo, sentía que nunca podría tener eso.

—Algún día lo tendrás. —Dagger arremangó su camisa azul.

—¿Lees mentes acaso? —El veneno en el tono de voz de la chica era evidente.

—No. Pero contigo, no me hace falta. Eres muy transparente.

—¿Cuáles son tus poderes?

—¿Cuáles son los tuyos? — Alexa se sonrojó y Dagger sonrió pícaro a sabiendas.



Carolina_Silva212

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En el texto hay: amor, magia, lucha

Editado: 02.12.2019

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