Una bruja cautivadora ©

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Capítulo Ocho: Hablando del casi beso.

 

Pasó el resto de la noche, a las seis y media de la mañana la puerta del apartamento se abrió, dando entrada a un Dagger muy malherido; con moretones en el pómulo derecho, su labio estaba roto, su nariz partida, ojos hinchados, caminaba tomándose el costado y cojeando, se veía que no tenía mucha fuerza.

Alexa saltó del sofá en que estaba, hacía rato que se cambió, pantalones anchos azules y una camiseta blanca, cabello recogido, ojos hinchados y ojerosos por la noche en vela y preocupación que había pasado.

—Dagger, ¿Qué te ocurrió? —Nerviosa lo tomó de un brazo, la respuesta de él fue un quejido de dolor. —Lo siento.

Él caminó lentamente hasta el sofá, Gabrielle se paró sobre sus pies, dándole espacio, ella estuvo tratando de localizarlo usando magia, utilizó una de sus prendas, una chaqueta de cuero, pero nada. Fue imposible saber su ubicación o conocer su estado, eso era extraño, ese poder no le había fallado antes de ese día, había algo turbio allí. Pero prefirió concentrarse en el patético estado del hombre.

—Acuéstate. —Eso hizo él, boca arriba y con mucho dolor, lo golpearon con tanta saña que a las mujeres les robó el aliento lo mal que estaba.

— ¿Qué hago? ¿Qué necesitas? —Alexa con sus manos atrajo el botiquín para emergencias.

—Eso no es necesario. —Susurró él con dolor. —Tus manos... pasa tus manos por mí. Piensa en curarme.

Ella lo hizo rápidamente, concentró sus esfuerzos en el pensamiento de curación, de sus manos emanó un destello blanco, ella lo dirigió a su cara. Velozmente su pómulo cicatrizó, Alexa abrió los ojos sorprendida, pero no se detuvo a pensar en eso, lo importante era sanarlo, fue a sus ojos amoratados y los sanó. Bajó a sus labios, y con sus manos detuvo el sangrado de su cara.

Su madre le tendió unas tijeras, con ella, cortó la camisa en dos, quitársela sin eso, iba a estorbarle mucho. Ya con la camisa afuera, ella procedió a sanar su pecho que estaba sangrando, y su vientre estaba muy golpeado, lo sanó.

Dagger intentaba aguantar la curación sin quejarse, iba muy bien hasta que ella lo giró un poco, él apretó los dientes, tenía las costillas rotas.

— ¿En este caso qué hago? —Preguntó Alexa.

—Toca mi piel. Así llegará más para reponer las roturas. —Así hizo, tocó su tibia piel, haciendo que el suspirara de alivio, ya estaba casi sanado.

— ¿Tienes algo en las piernas? —Preguntó Gabrielle, había quedado de segundo plano, pero observando la interacción de los jóvenes que era asombrosa.

—Me partieron la derecha, me duele horrores.

— ¿Cómo la ponemos en su sitio? No quiero hacerlo mal. — Alexa miró a Dagger.

—Yo lo haré. —Dijo su madre. Hicieron lo posible por quitar el pantalón con las tijeras dejándolo en bóxer largos, la pierna estaba hinchada. Gabrielle tomó la pierna de él. —Cierra los ojos, principito. —Él la miró por lo que parecieron horas con los labios apretados, pero haciéndole caso los cerró. — Gabrielle, de un solo movimiento colocó el hueso en su sitio. El grito de él, les generó mucha compasión. Se le entendía al pobre hombre, el dolor que sentía era inmenso, estaba muy pálido no sabían cuanto tiempo había caminado... ¡Qué lástima que él no poseía el poder de la transportación! le hubiese evitado la tortura. Curó la pierna para evitar un yeso.

— ¿Estás mejor ahora? —Susurró Alexa tocando el rostro de Dagger, había transpirado por el esfuerzo, ahora estaba rojo respirando agitadamente.

—Sí, gracias brujita.

—Toma mi mano. —Dijo Gabrielle. —Te transportaré a tu habitación, necesitas dormir... Todos lo necesitamos.

Ya en su cama, Gabrielle susurró con los ojos llenos de lágrimas. —Oh, Robert. Nuestra hija parece una sacerdotisa... ¿Qué vamos a hacer? —Su curación le había perturbado. Ese nivel de magia era alarmante.

***

Horas más tarde, cerca de las doce del mediodía, Alexa esperaba impaciente que Dagger llegase a la sala, necesitaban hablar. Estaba ansiosa por conocer lo que había sucedido la noche anterior, cuando mucho había dormido dos horas. Se duchó rápidamente y vistió deportiva para ir a desayunar. Comiendo cereal miraba atentamente al corredor, esperando al hombre que no la decepcionó. Llegó a la cocina hablando por teléfono, estaba mejor, mucho mejor. Vestía una camisa gris y unos jeans negros.



Carolina_Silva212

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En el texto hay: amor, magia, lucha

Editado: 02.12.2019

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