Una Caperuza De Fuego

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II

No hubo más preguntas desde aquel día, todo continuó con tal tranquilidad que parecía un sueño aquella charla. Daphne continuaba encerrada en su habitación, aunque ya tuviera permiso para salir a pasear, no iba a menos de que la acompañara Lord Greco. Se negó muchas veces a salir con sus hermanas y cuando aquel hombre mayor tocó su puerta para invitarla a salir no lo dudó dos veces y le siguió. De los tres días que habían pasado, su pequeña rutina iba cambiando poco a poco, salía a tomar el té y a comer pasteles junto con aquel hombre en alguno de los jardines del castillo. Pensó muchas veces en escaparse, pero al pensar en el destino si la atrapaban después, prefirió echarse hacia atrás.

―Entonces esa vez, ella tomó una de mis botas y la aventó contra una de las reinas menores, yo tenía apenas diez años y mientras la madre de Dorothy auxiliaba a la reina Marín, nosotras cuatro estábamos escondidas riéndonos.

―ja, ja, ja. ¿Mi hermosa Gloria siempre fue así de problemática? No me sorprendería que le hablaras así al emperador.

― Bueno, es diferente. Mi madre tenía un carácter muy explosivo, todos dicen que heredé el mío de mi padre.

― El rey Demetrio era siempre sereno, no me sorprende que muriera de forma tan legendaria.

― ¿Él ya está aquí? ― Dice Daphne cambiando de tema.

―Llegó esta mañana.

―Lo de matarme, ¿Él lo dice de broma?

―Por supuesto que no. Nunca lo he visto bromear sobre ese asunto. Creo que fue gracias a Dorothy que ustedes sobrevivieron, tanto la casa de Vitali como la de Rizzo perdieron a todos los herederos de la corona. Yo aún tengo esperanza que perdone su vida y si así lo desea él, no me opondría si la convierte en una amante imperial.

― ¿Que es una amante imperial?

―Cada año son escogidas por la Rosa para que el emperador Adam pueda tener herederos. Aunque tengo fe en que su hermana le dé uno antes del año, me daría honor si mi nieta fuese seleccionada para que tenga un hijo de él.

―En realidad no quisiera tener hijos de él, me sentiría extraña si mi hermana y yo compartiéramos un hombre.

―Sus madres compartieron un hombre también.

― Es diferente. No sé cómo explicarlo. Digamos que siempre he tenido celos de mi hermana Dorothy, no sé cómo ella se sienta, pero lo que yo siento por ella es eso. Me alegré cuando me dijo que podía vivir, pero cuando no me dijo que sería de mí, me dio coraje.

―Ya veo, lo siento mucho Daphne. Pero no tienes más opciones. Mueres o dejas tu orgullo y celos.

Tras de ella sintió algo extraño, todo comenzaba a ponerse frio y difícil de describir, la brisa por poco se llevaba lo que sostenía en sus manos y con enojo lo dejó sobre su plato.

―Tendrás que matar tus celos entonces, tu orgullo es atractivo.

Lo único que podía mirar tras de ella fue aquella sonrisa, la mirada ámbar del emperador se asomaba sobre los arbustos y caminaba lentamente hacia ellos. El aura amenazadora comenzaba a adueñarse del lugar, se podía decir que les quitó las ganas de comer de ambos e incluso hizo que su té perdiera su delicioso aroma. A diferencia de aquel día no llevaba su caperuza negra, esta vez llevaba una gris oscura, de la cual emanaba cenizas a medida en que caminaba.

―Lord Greco, por favor retírese y vaya a descansar. Tengo que hablar a solas con la condesa.

El sacerdote hizo una reverencia y se marchó. Daphne le siguió con la mirada hasta que no se vio más por el laberinto cerca de ellos. Viendo todo este lugar, a las criadas que iban de un lugar a otro, a los soldados dando su ronda a lo lejos e incluso ciertos carruajes llegando a la entrada del castillo, ella lo comprendió, lo único que cambió fue el gobernante. Aquellas tradiciones con las que creció, las mentalidades de los hombres con los que compartió alguna vez una taza de té, no se perdieron, continuaban siendo aquella cadena que le imploraba vivir, aunque no le gustara.

―Tropecé con su hermana al venir, ahora veo porque la dejaron.

―Lo sé, ella es hermosa, ¿Desea té?

―Esa noche la vi y pensé en volverla mi emperatriz de inmediato. Por favor sírvame.

―He tenido la duda desde hace días, ¿Es verdad que puede leer las mentes?

―Por supuesto que sí. Me críe con vampiros e incluso bebí su sangre, es común que haya gente como yo que no son inmortales y tengan esos dones.

― ¿Entonces puede saber si alguien miente en este instante? ― dice señalando hacia los caballeros marchantes.

―Por supuesto ―Dice tomando un sorbo de su té ― Solo dime si sé que pensaban su difunto esposo y su hermana esa noche.

― ¿Me lo diría?

―Por supuesto, pero tendré que recibir algo a cambio primero.

―Pídalo, si está en mis manos se lo daré.

―Quiero ese collar ― señaló hacia la torre más alta del castillo.

―Ir ahí no sería problema, todo esto le pertenece. Si usted me da el permiso iré de inmediato a traérselo.

―Será un buen regalo para Dorothy, es la joya que llevan las reinas mayores en este país según me informé.



Ram Shirley

Editado: 25.11.2019

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