Una Caperuza De Fuego

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III

Antes de que el sol se ocultara fueron reunidas nuevamente las hermanas. La joven condesa vio como desfilaban por un gran salón mientras mostraba aquellos regalos dados por sus prometidos, al ver sus rostros alegres olvidó por unos segundos sus celos y prefirió contener cualquier recuerdo que le hiciera perder el decoro. Se acomodó luego en una de las sillas cerca de la ventana, bebió una taza de té de manzanilla y en silenció escuchó sus risas.

―Dicen que este collar de diamantes es traído de las codiciadas minas de Bruno ―dijo Dorothy mientras caminaba frente a todas aquellas chicas ―El emperador mismo ordenó que se me las trajeran hace unos días y hoy que llegó el vestido que hace juego, me lo puse.

―Mi prometido me dio este tocado de oro, escuché que es una tradición en Bruno, dicen que atrae la buena suerte en el matrimonio. Estoy feliz de compartir esto.

―El mío me dio este vestido, el ducado de Bianco se caracteriza por su sistema agropecuario y sobre todo por su manejo de recursos importados. Mandó a hacer este vestido en el otro continente y me lo trajeron hace una semana.

La muerte era lo único que rondaba en la cabeza de Daphne, pensó primeramente en los gestos de todas ellas si se enteraran de su destino, pero prefirió abandonar esa trágica fantasía y mostrar una sonrisa tenue y sincera frente a ellas.

―Estoy alegre de que estén felices. El matrimonio no es un juego, así que deben ser responsables, ¿Entendieron?

―Si señora ― respondieron todas.

Para ser la primera vez que se reunían todas desde hace cuatro meses, todo parecía como si fuera mentira. Las conversaciones fueron las mismas, aquellos chismes habituales se repitieron y ahora hubo uno que no pudieron darle la espalda.

―A la persona que escuchó lo que pasó y contó, el emperador ordenó su muerte ―comentó Denise.

―Los nobles ya saben lo que ocurrió y esperan la oportunidad de que Daphne salga de nuevo a la vida pública para burlarse de ella ―dijo Dorothy.

―Tendré que hacerlo tarde o temprano. Mi fallecido marido nunca tuvo buena fama de todas formas.

―Lo siento mucho, hermana. Siento no haber sido la mejor hermana para ti y fallarte.

―Ahora todas estamos felices, no necesitas arrepentirte de lo que hiciste o haces ahora. Estoy agradecida porque fuiste tú la que rogó por nuestra vida y gracias a ello estamos reunidas aquí.

―Yo vendería mi alma al diablo con tal de que todas estemos bien ― dijo Desiré ―Si estuviese en mis manos el destino de cada una, les daría un título y que buscaran su marido por amor.

―Eso no se escuchó bien ―rio Denise ― El amor en la nobleza de Romance no existe.

―Por supuesto que sí existe. Todas tenemos el derecho de amar y decidir a quién amar.

―Desiré, entiendo lo que dices, pero el honor está por encima del amor. Todas nacimos para un propósito, todas tenemos el mismo calibre para amar y las mismas restricciones. El amor si existe, hermana, solo hay que ser inteligentes ―Dice Dorothy.

― ¿Qué tiene que ver la inteligencia con el amor? Si nos enamoramos de nuestros maridos no tendríamos problemas.

―Hasta para tener un matrimonio hay que tener la mente fría ―dijo Dorothy ―Daphne, ¿Cómo es el trabajo de una condesa?

―No es nada del otro mundo ― dijo comiendo un pastel ―Nos enseñaron de niñas a hacer el trabajo de los nobles, cosas como la contabilidad y la administración de los palacios y territorios son lo mismo que vimos cuando éramos pequeñas. A diferencia de las otras mujeres, nosotras estamos preparadas para ser el jefe de una casa. Las damas aprenden todo esto meses después de su matrimonio, pero nosotras lo aprendimos cuando éramos pequeñas. Es fácil.

― ¿Qué quieres decir? ¿Las demás damas no saben hacer eso? ― se sorprendió Denise.

―Es correcto. Según escuché del mayordomo del conde, las damas no tienen mucha educación. Se les enseñan cosas como decoro y literatura luego de sus diez años hasta que ven matemáticas en su compromiso.

― ¡Eso es horrible! ― gritó Desiré ― ¿Cómo pueden hacerles eso sus padres?

―Yo creo saberlo ― interrumpió Dorothy ― En la preparación para ser la sucesora me lo dijeron. Creo que lo escuchaste también, ¿no? ―señaló con la mirada a Daphne― Los nobles de clase baja no acostumbran a tener mujeres, eso es debido a que muchas se enferman o en sus secuestros son asesinadas.

―Ellos no planean perder tiempo en educación si una niña es secuestrada años después. Todas nuestras amigas no tuvieron la suerte de nosotras. Todas aquellas jóvenes con las que solemos tomar el té e ir a bailes son sobrevivientes de aquel mal destino.

―Terminemos por hoy esta conversación ― Sonrió Dorothy

―Yo quería escuchar más― se molestó Denise

―Yo también quería saber― chilló Desiré

―Tenemos que lavarnos antes de la cena en unas horas, nos veremos a las cinco para cenar.

La joven se levantó y fue hacia la puerta. Tras de ella salieron luego cuatro mucamas y se perdió en la próxima esquina. Las demás le siguieron para desaparecer después junto con sus criadas, todo volvió a estar en silencio y calma, Daphne se había quedado sola.



Ram Shirley

Editado: 25.11.2019

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