Una Caperuza De Fuego

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V

Estuvo encerrada en su habitación hasta que sus hermanas fueron por ella, no comió por dos días, ellas le insistieron y cuando se descuidaron, ella huyó hacia el jardín. Buscaba un lugar para estar sola, no quería comer debido a su ansiedad que no la dejó dormir desde hace tiempo, sus uñas se estropearon a cada mordida que ella les daba, no llevó zapatos y su vestimenta fue la más ordinaria posible. A simple vista la condesa parecía una chica de bajos recursos, si lo quisiera podía hacerse pasar por una criada y aun así no la reconocerían. Ella al verse en el reflejo del lago fue lo único que pensó, servía al emperador directamente y su manera de hacerlo era muy común, darle su corazón a ese hombre le abriría las puertas a ser reemplazada en cualquier momento.

―Condesa, sus hermanas la esperan para el desayuno.

―Diles que no iré.

―El emperador ordena que vaya.

―Gianna, no sabes nada.

―La información que me dieron es lo suficiente como para pedirlo. No ha comido en días, por suerte su habitación está libre de ciertos objetos, ¿Qué la hizo distanciarse de todos?

―Me hirieron. Me sentí importante y fui arrogante. Iré solo si no preguntas más.

―Si usted me lo ordena, lo haré.

―Quiero que le digas a todos de que recordé a mi padre, quiero que lo sepan.

―Enseguida.

Apenas se levantó y fue a la entrada del castillo, se reunió con un grupo de criadas quienes la vistieron como la condesa que ha sido. Fue escoltada entonces por varias criadas, cada una de ellas traía el desayuno de las princesas preparado según sus gustos. Al final de una gran sala estaba el comedor y luego de este una pequeña azotea donde todas estaban presentes. Dorothy y Denise estaban aún en pijama mientras Desiré ya estaba arreglada según la costumbre. Cada una se acercó a la mesa de cristal y se preparó para hablar sobre el tema principal mientras esperaban el desayuno. Cuando Daphne llego, la sorpresa fue ella misma. Todas abrieron sus ojos al ver que la más puntual de todas se había tardado más de diez minutos en llegar luego de ellas. Tantos años alardeando sobre ese pequeño logro que la orgullecía lo único que causo fue que esos diez minutos fueran mal recibidos por las demás princesas. Daphne solo se fijó en algo más allá de ello. En el lugar donde se sentaba todas las mañanas su padre se encuentra la futura emperatriz del reino: Dorothy, en el lugar de la reina mayor se encuentra ahora la reina de Romance: Denise y junto a ellas dos en el puesto que le correspondía a Dorothy está Desiré, la futura duquesa de Bianco. Todas ellas sentadas en el lugar que ahora les corresponde, mientras que Daphne siguió en aquella silla que durante años se ha sentado. Por dentro ella se sentía lamentable, no quería conversar sobre lo ocurrido, siquiera quería escuchar las voces de sus hermanas, así que se limitó a sonreír mientras ellas comenzaban la conversación.

― ¿Daphne? Bienvenida, toma asiento.

―Gracias Dorothy.

―No. Por decreto imperial, desde ayer todas en esta mesa deben ser llamadas como tal. Ahora soy emperatriz.

―Entonces, muchas gracias mi señora.

No quería pensar en nada, estaba tan destruida por los celos que tuvo que comer en silencio su desayuno. La reina conversó sobre aquella novela que le encantaba, mientras la emperatriz continuaba la conversación llevándola hacia un punto más personal. Primero empezó con Desiré, a hablarle sobre cierto chico que no dejaba de mirarla cuando se escaparon el día anterior a la capital, y luego de ello soltó tal veneno hacia Denise, quien había conocido a su escritor favorito cuando fue a llevar unos documentos al palacio real el viernes. Todo estaba en calma hasta que fue el turno de la humilde Daphne, quien no supo cómo responder a cierta pregunta:

― ¿Es verdad de que fue rechazada por un hombre hace unos días? ―dice Dorothy mientras muerde su panqué.

―No se lo preguntes así ―regañó Desiré

― ¿Qué les contaron sobre mí?

―Nos comentaron que un hombre estuvo contigo todos estos días, que este aceptaría casarte contigo y que cuando dijo que huirían juntos lo abandonaste. ―rio Denise.

―Yo escuché de que sirves ahora al emperador, que te dijo que debías matar a alguien y decidiste declinar. ― comentó Dorothy.

―Ustedes tienen mucha imaginación. El futuro que me ha dado el emperador no es parecido al de ustedes, se decidió de que debía aceptar un trabajo con él en la capital. No sabría decir si volveré a verlas.

―Siempre tan correcta, te dicen que ese es tu futuro y siquiera planeas algo contrario, ¿Tanto te ha traumado la muerte de nuestro padre? ― pregunta Denise mientras juega con su cuchillo y tenedor ― A decir verdad, supe que él mató a nuestras madres, le tenía un poco de odio por eso.

―Yo también supe eso, la única que pudo salvarse del veneno fue mi madre ―comenta en risas Desiré ―Al menos mi madre tomó el tren hace unos días y pudo alejarse de esto.

―La muerte de nuestro padre no es graciosa. Ninguna muerte lo es. Yo también supe que él había asesinado a nuestras madres, pero aun así no encontré motivos para reírme de su muerte― dijo la condesa en furia.



Ram Shirley

Editado: 25.11.2019

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