Una Caperuza De Fuego

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IX

La mañana de aquel miércoles estuvo llena de celebraciones, durante estas semanas que el reino de Romance cambió sus sistemas administrativos, muchos nobles fueron condenados a muerte por traición al anterior rey.

En medio de la plaza, desde hace dos días, se condenaron varias familias, los más jóvenes fueron puestos de esclavos mientras los más ancianos y responsables de sus casas, tuvieron que pagar una compensación a cambio de aplazar su muerte. Todos aquellos que se opusieron, murieron. Los que dudaban de aquel nuevo rey encargado fueron enviados a los campos a servir como siervos así fuesen de altas cunas. Uno de los ejemplos de esta nueva era fue la casa del Maques de Costa, mientras él fue fusilado por traición, sus descendientes fueron llevados a servir a los nuevos nobles. Las jóvenes ejercieron como damas de compañía y criadas, mientras los caballeros se les dio dos opciones: ser peones en las futuras guerras sin oportunidades de ascender o servir en los campos bajo la tutela de un barón. Muchos escogieron la segunda, pero lo que no se imaginaron es que ambos llevarían al mismo destino: La muerte.

El sonido de la muchedumbre se podía oír desde aquella álgida celda, los ojos castaños de la joven no hacían más que encontrar el cielo en aquella pequeña ventana elevada a varias cabezas sobre ella. Aunque no se encontraba del todo bien, podía verlo todo claramente. Se arrodillo entonces frente a su cama, cerró los ojos y empezó a pedir por aquellas almas en pena que rondaban el lugar. Cuando era pequeña le habían aterrado entrar a aquel lugar, solo en pensar que a la joven Denise le encantaban las historias de terror le hizo pensar en ella. Al igual que a Dorothy, la condesa tenía sus restricciones.

Nacida de una mujer de linaje desconocido, su herencia era vacilante e incluso nadie estaría dispuesto a luchar por su futuro. Entre las dudas y preguntas en su cabeza no encontró respuesta ante aquella afirmación que la hizo tan hambrienta de un poder que no le correspondía. Su padre, el fallecido rey, siempre tuvo en consideración a su hermana Dorothy, por esa razón, cuando ella cumplía sus diez años, optó por hacer su color favorito como exclusivo para la heredera. Denise amaba los caballos y a ella se le dio varios establos cerca de su castillo al norte del país, donde iba a visitarlos cada seis meses. Desiré era aficionada a los arreglos florales, así que el rey Demetrio ordenó que todas las mañanas ella despertara con una flor diferente y así esa tradición murió cuando el emperador tomo el control del país. Lo único que rondaba en la cabeza de Daphne era su padre, ella no tenía ningún color favorito por el cual él lucharía por hacerlo exclusivo, aunque a ella le gustaban los perros, sería imposible que en el castillo hubieran más de media docena de estos y sobretodo, sería extraño si cada mañana ella despertara con una misión monótona. Analizó su crianza, recordó el trato que le dieron las reinas y sobretodo pensó en su madre, quien, de aquellas memorias, una sonrisa le dejó.

Se levantó, faltaría aproximadamente una hora para despedirse de este mundo, intentó cantar cierta canción y no funcionó. Cada vez le quedaba menos tiempo y todos aquellos temas que le hacían feliz fueron acabándose. Estuvo en blanco por unos instantes, miró hacia la nada, hasta que la nada comenzó a moverse.

―Condesa, es la hora.

Los hombres de capucha la tomaron de sus brazos, pronto uno sacó una navaja y cortó aquel cabello castaño que le caracterizaba. Le hicieron quitarse su costoso vestido y le entregaron uno de lino blanco. Descalza y en silencio fue llevada hacia el palacio real en donde algunos nobles pudieron ver como esta mujer tendría su última reunión con el emperador.

―Bienvenida Condesa, revisé cada anotación que hizo. Me temo que no será suficiente para pagar sus pecados.

―Ese era el trato― dijo con su voz seca ―Su Majestad, le imploro que ponga un precio y trataré de pagarlo así me tome cien años.

― ¿Qué está diciendo? ¿Cree que puede venir a negociar algo innegociable? Lo que su marido hizo en vida fue algo peor de lo que imaginamos.

― ¿Qué?

― Hizo tratados con nuestros enemigos e incluso ensucio algunos condados y ducados de mi imperio― Dijo lanzando la columna de documentos a su derecha ―Esto no se puede negociar, siquiera teniendo el reino de Romance en mi control puedo hacer que se solucione.

―Debe haber una forma, siempre la hay.

―Condesa, no necesito sus opiniones. Si llegase a haber una solución, la condesa de Amato debe estar muerta para entonces.

 

 ***

 

Aquel mañana fue sobria, las nubes invadieron el cielo y una pequeña llovizna inundó la capital de Romance. Dorothy tomó asiento junto a un trono vacío, pues aquel hombre del más grande estatus en el continente, escoltó a la que sería su hermana menor hacia su lugar de ejecución. Tapó su rostro al verla, el cabello tan largo y radiante que siempre llevaba fue cortado, el vestido que llevó el día anterior fue sustituido por un atuendo de lino que le lastimaba a cada paso que daba y los ojos pardos llamativos que radiaban orgullo fueron apagados. Quiso levantarse y usar su poder como futura emperatriz para pedir su perdón, aquel momento lo veía necesario, la parte que conocía de su prometido que era benevolente podía favorecerle si se lo pedía. Se levantó y al tratar de bajar del podio fue detenida por dos encapuchados quienes la rodearon y le pidieron que se quedase ahí.



Ram Shirley

Editado: 25.11.2019

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