Una conductista radical

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Capítulo II

- Las órdenes de captura que no se ejecutaron los últimos veinte años, están siendo investigadas desde que me incorporé, en todos los casos, las órdenes escritas por el juez presentaban todas las formalidades, se explicaba claramente los hechos; ningún tipo de falla literaria, de sellos o firma que pudiese anularla, también existían informes de la policía detallados, en algunas estaba anexadas las declaraciones de los testigos o las víctimas e inclusive fotos o reportes médicos con evidencias físicas.

-Con razón, toda la gente dice, que estamos mal en este país-concluía la mujer de mayor edad, mientras procedía a ubicar enfrente a su única hija, el plato de alimentos que, amorosamente había cocinado para ella, sabiendo de antemano, el esfuerzo que la menor había estado realizando en su trabajo, aprovecho su fascinación por las carnes, un vestigio característico de su vástago desde la temprana infancia. Cuando vio cumplido su cometido, acarició levemente las hebras castañas–¿Y porque puede darse ese tipo de situación, cielo?

-Puede haber varios motivos, lastimosamente casi siempre es que se haya retirado la denuncia, pero nunca se canceló la orden de captura, como las ordenes de captura tienen una presión de seis meses- reaccionó ante las seducciones del contenido en el plato de porcelana, era débil ante tal estímulo, no importaba el tipo, la cantidad o el número de veces que lo ingiriera, la rendición era inevitable -alguien conocido a la persona le avisa previamente sobre la orden, este abandona el país o cambia de departamento durante ese tiempo y habiendo más ordenes que ejecutar se deja a un lado y la tercera es que nunca se ejecutó, esta delicioso, lo hiciste tal como me gusta.

-Me alegra mucho -sonrió ante el cumplido, la expresión de su rostro siempre era la misma, solo traía recuerdos a su memoria, la persona de enfrente se le restaba dos décadas menos, una infante con su cabello en forma de dos eminencias saliendo a los extremos de su cabeza, atado con unas baratas ligas verdes, una cubayera blanca desgastada por el uso excesivo, una falda de paletones escolar que originalmente debió haber sido azul marino, comiendo sonrientemente, mientras poseía unos graciosos espacios, para los aún inexistentes dientes permanentes. Este era uno de sus placeres favoritos.

- ¿Mamá? ¿Te encuentras bien? – cuestionó la joven tocando su hombro, luego de estar hablándole en reiteradas ocasiones y viendo la nula reacción de su progenitora.

- Si, lo estoy.

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“Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía” esa frase le perseguía, esta penetrada en cada neurona de su sistema nervioso, y que no iba a olvidar ni, aunque se detuvieran todas las sinapsis de su cerebro.

Era increíble, muy a su parecer, todos los documentos atrasados que el Ministerio ignoraba y venía acumulando.

Como primera acción que tomó como jefa fue poner a disposición todos los archivos a su equipo de trabajo, para ello los ingenieros informativos debían actualizar con los respectivos avances de los casos; conclusiones, declaraciones, juicios, sentencias y testigos tanto de los pasados como de los que apenas interponían la denuncia.

El equipo constaba de 63 individuos; de los cuales el tiempo le hizo entender que realmente solo eran 44 integrantes que respondían eficientemente, del resto podría esperar labores mal hechas, a medias con algo de suerte o simplemente nada.

Muchas veces se lamentó de dos situaciones; del poco presupuesto con el que contaban y de la mal versación de este, con una duplicación y efectivo uso del capital podían fácilmente pasar de un equipo de decena a millares, tal como el contexto lo exigía.

Ahora con una parte de la mora, casi solventada, al fin tenía tiempo para dedicarse a la serie de casos que fue la que prácticamente, la cautivaron a entrar al lugar; con el escaso tiempo libre se dio a la tarea de recopilarlos, los que más le llamaron la atención, habitaban felizmente en una parte especial de su escritorio, dieciséis casos de carácter agravado y que nunca se les había dado solución “aparente”

Pero para tal hazaña, había que dar conclusión a la última tarea encomendado por su superior, aproximadamente hace doce meses; se trasladaron los miembros más peligrosos o con los crímenes más atroces, a la recién creada penitenciaria de máxima seguridad denominada “El Pozo III” ubicada en Támara, Tegucigalpa a escasas horas del Ministerio Público, lo único que ella conocía del lugar es que para llegar se cuenta con tres puestos de seguridad en el camino.

Tenía que apresurarse, si quería seguir con lo suyo, el encargado de asignar a los prisioneros para disfrutar de un nuevo y lujoso “hogar” fue su predecesor; la asignación consistía en revisar los 134 expedientes de los habitantes, para después visitar el centro junto el fotógrafo oficial de ministerio, un ingeniero u dos personas de su equipo; primero para verificar, a los individuos, segundo para actualizar los datos con fotos recientes, tercero, el ingeniero debía hacer la renovación del sistema de control de seguridad y cuarto comprobar que las instalaciones estaban cumpliendo las leyes internacionales para las penitenciarias.



AiKarim

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Editado: 06.05.2018

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