Una conductista radical

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Capitulo III Parte 1

-Mamá, en la escuela, la profesora dijo que todos los niños en el mundo tienen un padre y una madre, y ya que te tengo aquí ¿A dónde está mi papá?-

-Es una pregunta que sabía que ibas a hacerme, tarde o temprano - dijo la mujer, terminó de planchar la camisa que tenía enfrente, aun a sabiendas que todavía tenía que despejar las 7 docenas de prendas restantes, dejando su trabajo a un lado, tomó a la infanta, se sentó en la silla proximal y cuando así lo hizo la colocó en sus piernas -creo que estas en la edad de saberlo, cuando tu padre y yo nos casamos, él se encargaba de cuidar un establecimiento de venta de autos en la noche-

-Así que es vigilante, ¡que genial!

-Lo era- sonrió la mujer ante la inocencia de su hija- en ese momento yo trabajaba en una maquila no muy lejos de allí, se llamaba Adrián Saavedra-

- ¿Papi tiene mí mismo nombre?

-De hecho, tú eres la que tienes el mismo nombre que él, poco después de saber que tu venías en camino, consiguió un nuevo trabajo con mejor sueldo, ahora era vigilante de un banco, estaba muy contento- no pudo evitar besar la frente de su hija, antes de continuar con su relato -una mañana luego que el tomase el autobús de regreso, se subieron unos delincuentes a asaltar, iban a bordo treinta personas de las cuales los delincuentes se llevaron siete, incluidos tu padre.

- ¿Y porque se llevaron a papá?

-No sé porque lo hicieron, pero desde ese día no he sabido nada de él ni de las demás personas.

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El viaje se había destinado para el viernes, justamente tres días después de que ella culminará los estudios de los casos; escasas tres horas los distanciaban del inicio de la actividad, el selecto equipo se afanaban con los preparativos, todo debía estar listo para el tiempo indicado, no debían atrasarse, porque si se conllevara a esa situación; les sería imposible terminar su labor antes de su hora de salida, demoras por negligencias, no traían consigo algún pago de horas extra y lo sabían de maravilla. 

Estaba levantándose del asiento de su oficina, precisaba explicarles las consignas, estas instrucciones ya habían sido dadas dos veces antes, sin embargo, un pequeño pero significativo recordatorio, nunca estaba de más, así mismo aprovecharía para verificar los recursos materiales; no obstante, su impulso quedo frenado por un sonido de apertura.

-Buenos días, con su permiso- canturreo una voz de tonalidad intermedia, el conocido importuno se hacía acompañar de una presencia femenina.

-Buenos días- la joven se dedicó a recibirles amenamente como era bastante común entre los suyos, un beso en la mejilla.

-Sé que esta ocupada con su trabajo, sin embargo, permítame presentarle a la ingeniera Andra Ariza, le guardo un aprecio especial, ella es una amiga de años.

-Adrián Saavedra para servirle, encantada de conocerle.

-El gusto es mío- respondió gentilmente mientras estrechaban sus manos, ella no podría asegurar que superará los 70, pero no descendía a menos de 60 años, era bastante extraño pero la cara de mujer poseía unas facciones tan puras, unos orbes grises, pero no tan profundos como su cabello, destellaban una enorme melancolía, su voz tenue y un poco apagada, reflejaban una potente personalidad templada. Definitivamente era el tipo de persona que ella no podía ignorar, la paz que irradiaba era increíble.

-Por favor, tomen asiento- incitó la joven mientras con su mano derecha hacia el ademan correspondiente a la invitación, cuya recepción fue de manera inmediata; al retomar el lugar que ella había decidió abandonar tomo la documentación que el hombre extendió.

-Seré directa, para no quitarle mucho su tiempo, he recorrido por dieciséis años estas instalaciones, precisamente esta misma oficina, con usted sería la quinta persona en este puesto- manifestaba la mujer, ella asintió para motivarle a seguir hablando.

-Mi hijo fue secuestrado, cuando él tenía dieciocho años, acababa de graduarse del bachillerato, he esperado durante todo este tiempo encontrar alguna pista o señal de él, he contratado muchos investigadores privados, aquí en el ministerio también han investigado, pero no se ha encontrado nada, muchas personas me dicho que es posible que este muerto, o en otro país, puede ser que inclusive usted también lo esté pensando…

-No lo pienso-interrumpió la joven, haciendo que la mujer cambiara su mirada antes fija en el movimiento de sus manos a encontrándose con los ojos color azabaches de la emisora. -Usted, tiene derecho como madre a saber lo que paso con su hijo, créame sus esfuerzos no han sido en vano, me atreveré a asegurar que posee una razón especial para que siga con su búsqueda ¿no es así?



AiKarim

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Editado: 06.05.2018

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