Una escritora en problemas©

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LUNES. PARTE 2

Me quedo con la boca abierta.

Echo un vistazo a Lucas disimuladamente y luego refreso la mirada a Josh.

—¡Qué cosas dices! —Suelto una carcajada disimuladamente.

—Ya me conoces, nena… —Me guiña un ojo.

Niego y reviso mi móvil, me han llegado algunos correos. Corroboro que no sean de importancia.

—¿Y bien? ¿Entonces, me cederás tu editorial? —bebo un sorbo del café humeante.

—Rotundamente creo que harás de esto un éxito, al igual que tus novelas. Ya llegó tu hora de tener tu propia editorial y producir tus propios libros; eso sería increíble —Hace gestos exagerados que me causan gracia.

Enarco una ceja, debido a su sagacidad. Tener una editorial y producir mis propios libros en físico sería cumplir un sueño que creía frustrado.

—Eso sería maravilloso… —Me quedo pensativa, imaginando muchas formas de hacerlo.

—¡Claro que sí! Comienzas de a poco, con una novela y luego con otra. También ofrece servicios de edición y corrección a otras personas. Ya verás cómo vas creciendo. Sé que serás astuta y encontrarás una buena estrategia para atraer a tus clientes. Ah, también necesitas ayuda en publicidad. Te recomendaría al que era el mío, pero ahora me odia. —Me mira con ojos brillantes, soñadores.

—Me tienes mucha fe… —Le regalo una sonrisa—. ¿Vas a abandonar la escritura?

Ladeo la cabeza, observándolo con atención. En realidad no parece tan feliz como siempre.

—No te voy a mentir… —suspira agotado. —Me cansé, simplemente descubrí que mi vocación es la música y por eso me iré a Nueva York, a tocar en una banda que está iniciando y quizá a finales de mes termine de mochilero en Argentina —sonríe levemente.

Le regalo una sonrisa ladeada.

—Es bueno que hayas descubierto lo que en realidad te apasiona, es lo mejor que nos puede pasar. Yo sé que lo mío son los libros, de eso estoy segura hasta la muerte —despeino su cabello rubio.

—Sabias palabras… Entonces, preciosura latina, ¿te quedas con la editorial y con mis clientes? —Enarca una ceja.

—Claro que sí, señor. Esto que estás haciendo es demasiado, no cualquiera lo hace. ¿Qué debemos hacer para el traspaso? —trato de disimular mi ansiedad.

Porque es que estoy que ya me voy corriendo allí y me pongo a trabajar.

—Debemos ir a una notaría. Yo aquí tengo los documentos de la editorial. ¿Trajiste lo que te pedí, verdad princesa?

—Sí, aquí tengo todo.

—Pues no se diga más…

Imito sus movimientos, me levanto del asiento mientras le doy una sugerente mirada a Lucas, quien charla animadamente con alguien en su teléfono. Me siento algo ansiosa, porque no sé si luego de hoy lo volveré a ver y los nervios se apoderan de mis manos, las cuales se han puesto heladas. No estoy segura si ir allí y dejarle mi tarjeta, ya que creo que pensará estoy loca o soy una coqueta. No lo sé… Son varios motivos los que me hacen dudar.

—Camila… ¿No vienes? —La voz de Josh me saca de mis pensamientos e intenciones dubitativas.

—S-Sí, disculpa…

Suspiro como tonta antes de dar la media vuelta y caminar a la par de él…

 

(***)

Casi al medio día y después de cumplir las tediosas exigencias de la ley, por fin puedo decir que soy la nueva propietaria de mi editorial, la cual ahora lleva por nombre “Vega ediciones”.

Josh se ha marchado hace poco y me ha dado las llaves del local el cual debo seguir pagando el alquiler. Tengo frente a mí un lugar escuálido, la fachada está pintada de color amarillo, pero solo eso. Nada aquí llama la atención… Por dentro tiene una bonita especie de recepción, al fondo una oficina y al lado de esta, otra más, que es donde se guardan los implementos y archivos; Hacia el lado derecho hay un baño bastante pulcro. Creo que tendré que invertir todos mis ahorros en esto.

—No me decepciones diosito…

Miro al techo y suspiro, junto las manos en señal de ruego y súplica.

Me voy del lugar y llego a casa para prepararme algo de comer y así continuar con mis planes de hoy. Aprovecharé este día de fuga laboral para volver de mi editorial, una hermosura.

Mientras como un buen plato de pasta a la bolognesa, marco el numero de mi alocada Aly. Después de algunos pitidos contesta.

—¿Qué tal, amiga? —Se escucha tranquila.

—Tengo algo muy loco que contarte y también necesito un favor. ¿Puedes ayudarme a hacer algunas compras y decorar un lugar? Te necesito toda la tarde —Me muerdo el labio, es una manía mía.

—¿Ahora en qué lío te metiste? —suspira y ríe.

—Créeme que yo misma me lo pregunto. Por favor, dime que sí —Me llevo el último espagueti a la boca.

—Está bien. Apenas acabe de almorzar iré a tu departamento —Se escucha como sorbe líquido desde un pitillo.

—Te amo, ¿lo sabes?



Brenda Balzac

Editado: 24.04.2019

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