Una Fea Empedernida *serie La Hermandad De Las Feas 02*

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CAPITULO 4

Dicen que en un suspiro se esconden multitud de sentimientos,
que en una mirada habitan incontables palabras y en cada alma existen infinidad de historias;

 

algunas trágicas, otras dichosas y mas de una solitaria, sombría, atormentada.

 

Dicen que somos mas de lo que enseñamos,

 

somos sueños, esperanza, desolación y quebranto.

 

Somos materia, piel, voz, memoria y corazón.

 

Somos el reflejo de lo que callamos y

 

la consecuencia de lo que aparentamos...

 

Extracto del diario"Memorias del poeta atormentado"

 

La noche siguiente al episodio donde su hermana recibió la visita de Romeo, es decir Lord Lancaster, se encontraban junto a la hermandad, en la mascarada de Lady Malloren. Clara le había prometido que esta noche, seria la que les confesaría que estaba sucediendo entre ella y el conde, pero como resultaba obvio que ella quería evadir el tema, no tuvo mas opción que informar a sus amigas de la visita del libertino y su petición de matrimonio; decir que Briana y Mary Anne quedaron catatónicas con las novedades, es poco.

-Pero Clara, ¿porqué has rechazado la propuesta del Conde?-interrogó con incredulidad Briana.

-Yo tampoco lo comprendo, acaso ¿no es el sueño de cualquier dama?. Casarse con un caballero apuesto, de buena posición y joven. ¡Es el hombre perfecto!-agrego soñadora Mary Anne.

-Olvidaste, libertino, inmaduro, con pérfida reputación y mujeriego-acotó con mueca despectiva Abby.

-Amigas... -intervino Clara, cuando Mary la miro con horror y ella frunció mas su ceño, como siempre hacían cuando sus opiniones tan opuestas en lo que a caballeros y romance se refería se ponían en evidencia.

-Nada de eso me interesa. Yo no quiero casarme con nadie. Ya saben por que y para ser sincera, no me da confianza el repentino interés de Lord Lancaster en mi-

La mirada de Clara se desvió hacia las parejas que en ese momento bailaban un vals y su gesto se torno decaído.
Abby podía adivinar lo que cruzaba por su mente. Aquellas damas eran, lo que ellas nunca serian. Y en esta sociedad no había lugar para otra cosa, era la realidad, una certeza que llevaban años padeciendo. Cada cual tenia su sitio; y el de la hermandad era aquel rincón, apartadas, excluidas, rechazadas. Nada había cambiado y nada cambiaría. Soñar con algo diferente, era un acto condenado al fracaso. Ella lo tenia mas que asumido, claro y cristalino. Lo que le preocupaba, era que Clara, parecía haberlo olvidado y esto era ahora su principal temor. No quería que su hermana sufriese.

-Entonces, ¿porqué correspondiste a los besos del Conde?-pregunto confundida Briana.

-Clara te conocemos, tú debes sentir algo por ese caballero, de lo contrario no le hubieses permitido esas libertades- agregó Mary Ann inquisitiva.
Mientras Abby arqueaba una ceja, aguardando su respuesta.

-Yo...no...es decir...-tartamudeo nerviosa Clara.

-Buenas noches, lindas damas- interrumpió una voz conocida.

Las cuatro saltaron en sus sillas sobresaltadas y elevaron sus ojos para mirar al hombre que les había saludado.

Era Lord Vander, Colin Benett, quien les sonreía abiertamente y a pesar de que llevaba un antifaz, este era muy pequeño como para ocultar sus rasgos. Abby maldijo en voz baja, había sido mucho pedir al cielo no encontrarse con este petimetre, ya que ahora que su mellizo estaba asediando a Clara, se lo encontraba en todas partes. Después de dedicarle una ínfima mirada, y comprobar que se veía como siempre asquerosamente apuesto, aparto los ojos y se cruzo de brazos, decidida a ignorar al hombre hasta que se viese librada de su detestable presencia.

Lord Vander no estaba solo, a su lado estaban El duque de Fisherton, Alexánder Mcfire que también les sonreía y el Conde de Luxe, Maxwel Grayson con su expresión agria de siempre. Pero...¿que hacían allí? Como osaban acercarse a ellas tan impunemente. Este era su lugar, su refugio, el rincón de floreros, donde nunca jamas ningún caballero se arriesgaba a poner un pie. ¿Y ahora estos tres libertinos rompían las reglas como si nada? Algo no estaba bien, esto no podía estar pasando, a ella no la engañarían con sus sonrisas de dandy, aquí había gato encerrado...

Las jóvenes anonadadas por su inaudita presencia, sólo se quedaron mirándoles con las bocas abiertas y los ojos saltando de sus órbitas tras sus máscaras.

-Eh...espero estén pasando una magnífica velada -siguio con tono vacilante Vander, pegando con el codo al escocés parado a su derecha.

- Buenas noches señoritas- les saludo el gigante rubio. Ellas asintieron en repuesta al unisono como muñequitas- Quisiera solicitarle está pieza señorita Colleman- continuo con su fuerte acento él, deteniendo sus ojos azules sobre Briana, que se ruborizó hasta el escote.

La joven pelirroja se quedó paralizada como una estatua y no tuvo reacción cuando el duque extendió su mano enguantada hacia ella.



EvaBenavidez

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En el texto hay: caballeros, baile, amor de epoca

Editado: 01.09.2018

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