Una Fea Esplendorosa *serie La Hermandad De Las Feas 03*

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CAPITULO 2

"Ante todo, una dama perfecta
es: decorosa, pudorosa y recatada"

Extracto de: "Requisitos para ser una
dama perfecta" 

Tres años más tarde...

La vida en sociedad podía definirse para Briana de diversas maneras, pero siendo desde pequeña una señorita instruida en la austeridad y sobriedad, bien podía resumirlo en pocas palabras: Una auténtica tortura. Y eso no era mucho decir o exagerar, ser dramática no era una de sus cualidades. Y estar transitando su tercera temporada, sin haber bailado más que con su hermano mayor y un par de amigos de éste, y no haber tenido ni un pretendiente y mucho menos alguna propuesta matrimonial; era clara prueba de su aseveración.
Y allí estaba, una vez más sentada en la hilera de sillas ubicadas junto a la pared del fondo de aquella estancia, a la cual solían llamar "rincón de floreros", viendo a la masa de bailarines girar y girar por la pista de baile.
Aunque, como en todo cuento, no todo eran brujas, dragones y monstruos malvados, también había hadas madrinas, doncellas afables y compañeras de aventuras; ah y también príncipes encantadores. Sus amigas, el grupo que habían fundado simbólicamente como "La hermandad de las feas" eran sus aliadas y quienes hacían más llevadero su estancia en la aristocracia, tres jóvenes tan desafortunadas y solteronas como ella, a quienes habían apodado, las Demasiado feas. Y el príncipe, bueno él aún brillaba por su ausencia. O no.

Un revuelo de murmullos, gritos contenidos y expresiones escandalizadas, le hicieron levantar la cabeza y seguir con la vista la dirección en la que cada alma de aquel salón miraba anonadado. Entonces lo vio, el príncipe de ésta sátira hacia acto de presencia, o más bien el villano... no sabría decirlo. Pues el hombre que tenía frente a sí más que un príncipe, parecía un gigante: salvaje, indomable, y fiero highlander.
Y hasta vestía como uno. Y las conversaciones entre los presentes lo denotaban.

Por Cristo, quién es ese salvaje..

Que desvergüenza, lleva el cabello demasiado largo, y barba muy crecida, es un escocés incivilizado...

Oh Dios santo...él lleva un vestido puesto...

Que indecencia, ese hombre está prácticamente desnudo..

Misericordia..No lo mires demasiado, ese gigante nos masacrará uno a uno...

Su corazón se paralizó, cuando el rubio gigante quien iba acompañado de un caballero mayor delgado, elegante y de rostro rígido; comenzó a avanzar ignorando deliberadamente la multitud escandalizada, y esbozando una amplia sonrisa, al tiempo que guiñaba un ojo hacia un grupo de matronas que jadearon horrorizadas y procedieron a abanicarse con brío, y luego de lanzar un beso hacia una fila debutantes, que empalidecieron y sostuvieron a una delicada rubia que bizqueo y cayó despatarrada y desvalida; él gigante escocés se dirigió hacia un extremo y procedió a beber varias copas.

Briana se echó hacia atrás en su silla, volviendo a quedar oculta por las plantas, y cerró los ojos mortificada. Agradecía que ninguna de sus tres amigas, habían asistido esta noche, o de lo contrario no sabría explicar su monumental sonrojo y el temblor que se había apoderado de todo su cuerpo.
Y es que quien acababa de cruzar esas puertas, era más que un hombre peculiarmente atractivo, él era la persona preferida de sus pensamientos prohibidos, la cara y el cuerpo de sus desvelos nocturnos y la materialización de la palabra "Destino"
Alguien a quien a pesar de haber visto sola una vez, no había podido desprender de su mente aquel intenso encuentro.
Tres años habían pasado, y ella después de pasar su primera temporada esperando encontrarlo en algún evento, había terminado convenciendose de que jamás lo volvería a ver.
Sin embargo lo tenía frente a sí, y ni el más nítido de sus recuerdos le hacían justicia. El era demasiado perfecto y devastador.
Cuando su pulso acelerado, comenzó a recobrar su ritmo natural, y sus mejillas y cuello volvieron a su asidua palidez, hizo lo único que una persona inadaptada, tímida, y cobarde cómo ella podía hacer: huyó.

Público imaginario, láncenme verduras podridas si quieren. Pero soy el tipo de protagonista asustadiza, que lastimosamente no esta preparada para enfrentar esos devastadores ojos claros, y menos está dispuesta a que él, mire en su poco agraciado rostro el fracaso y la vergüenza de ser una fea florero.

Lástima que en su atropellada huida, no se percatara de que unos ojos azules, seguían con intensidad la silueta encorvada y el llamativo cabello rojo, sin perder detalle y con un marcado gesto de reconocimiento y curiosidad.

- ¿Quién es esa muchacha tío? - inquirió Alexander, odiando el hecho de no poder mandar al diablo aquello de las reglas de etiqueta que demoró más de tres años en asimilar mínimamente, y abandonar ese sofocante salón, para comprobar que ella era quien imaginaba.

- No la reconozco. Pero de todas formas no es quien vinimos a encontrar esta noche sobrino, así que ya deja esa actitud impropia de un Duque inglés y concentrate en lo que hemos venido a hacer- espetó con un ademán rígido el conde de Pemberton.



EvaBenavidez

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En el texto hay: caballeros, bailes, amor de epoca

Editado: 02.09.2018

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